KÖSTINGER, DIBUJOS Y COSAS
post que cambian una vez publicados, ideas, pavadas y dibujos, una mesa de saldos y retazos moderadamente comunicables.
domingo 15 de enero de 2012
miércoles 26 de octubre de 2011
sonidos sin ton ni son

Percusión: polilla vestida de telaraña que empuja su cuerpo contra el empapelado
Viento: silbido fantasmal producido a 5 metros sobre el piso. Es el viento que pasa por un agujero en forma de pancho (que acaso nosotros mismos produjimos) en el vidrio de un tinglado abandonado donde jugábamos a la guerra con cascotes. Música para escuchar cansados, lastimados, cuando ya era tarde y debíamos volver.
Cuerdas: las rejas del patio de casa, de donde me sostenía para aprender equilibrio sobre la bicicleta de mi hermano. Las tocaba con la punta de los dedos cuando creía haberlo aprendido. Sonaban a victoria.
Chasquidos: todos ellos. Chasquido de fusta golpeando sobre el anca de un caballo. Chasquido alucinante y ensordecido de un corpiño que libera. Chasquido de lengua por la noche, al recordar un error o un olvido.
Percusión otra vez: el postigo mal cerrado a la noche con tormenta.
Cuerdas: el corazón que galopa por un chasquido.
Percusión: Las gotas de la lluvia sobre la chapa. Jazz, dixieland.
Viento: un aliento cercano, la boca apenas abierta. Percusión: El sonido de labios que se despegan. Sonido de chapoteo, lombriz en su túnel ciego. Música de que duermes: Bruxismo, murmullo, leves ronquidos.
Las llaves que llaman desde el fondo de un bolso o de una campera.
Las monedas de diez.
Música de carcajada de hija.
Las voces del coro de mi insomnio que entonan en canon "tengo que".
Mi voz que se apaga mientras yo enciendo un cigarrillo.
Mi propio corazón en el agua de la bañera. Corazón y una gota fría.
martes 15 de marzo de 2011
lunes 7 de marzo de 2011

me pasé años buscando el sueño mientras reproducía en carne propia las peripecias de Robinson Crusoe. Los restos del barco, los recursos de la isla, la elaboración de herramientas, el conteo del tiempo. Nada de Viernes, soledad.
Por un tiempo aggiorné con el Náufrago Tom Hanks. Nada de Wilson, soledad.
Lo del naufragio, sacar el quini y escenas porno, ocupan preferencialmente esos espacios entre la disposición para dormir y el sueño.
Me ha pasado pensar demasiado fuerte y quedar en vela. O que tengan que convivir conciente, preconciente e inconciente haciendo pogo toda la noche.
Será que involuciono? Últimamente me pienso como un mono con un coco que no puedo romper. Hay algo de asuntos intrincados dentro de esa bola dura y peluda. Creo saber que las respuestas son mas instintivas, primarias.
No deja de ser arduo romper el coco.
viernes 21 de enero de 2011
Al calor del verano

No gusta el verano, no. Nunca gustó verano a mí. Puede ser trauma de mi niñez de gordo. A los gordos no nos gusta la playa, sobre todo con nosotros expuestos en ella. Nuestra piel es blanca y codiciada por los rayos UV; nuestras dermis se escaldan en modo camarón.
Y después mi categoría Cadete de Conserjería, haciendo horario cortado y esos trámites bancarios de última hora en plena temporada de los '80 con la peatonal hasta las tetas y el banco que ni te digo. De andar por allí, San Martín entre Santiago y Santa Fe, viene seguro mi fobia a la asociación ilícita de olores que sale de los turistas. Olor a basura que exhalan las cocheras y los rincones oscuros de pizzerías y restaurantes. Olor a bronceador rayito de sol. Olor a perfumes de señora. Hedor a mierda de la mucha mierda que se escurre por debajo de la peatonal y golpea gaseosamente la nariz en las esquinas. Y Olor a Nivea y a café con leche derramado de a 200 tazas por vez para el contingente que sale. Olor a milanesa con una capa así de pan rayado. A rabas fritas en un aceite milenario. A Jorge Corona borracho, tirado en el piso y moviendo la manito en un último estertor.
"No nos podemos quejar, vivimos del turismo" gritan los oyentes de La mañana de María Delia. Esta. Los dueños de los medios de producción vivirán del turismo, los proletarios vivimos de las migajas que se derraman de las mesas donde devoran los amigos de Barrionuevo, un banquete donde se sirven piernas de camarera en lonjas. Me acuerdo si de las propinas con las que pagaba mi taxi en las madrugada, harto ya de esperar el 553, después de mucho otear el horizonte, la corbata volando por la brisa del mar tragado por la noche, en medio de los gritos de borracho de la calle Bolivar.
Los días son más largos, en verano, los dìas son eternos. Y los días largos eternos son bellos para el que descansa, para el que se fuma la luna sentadito al borde del agua. Pero mientras unos fuman luna otros fuman la prepotencia, la cara de orto del que tiene derecho porque paga, un derecho ilimitado y sin miramientos, porteño. Exijo ver al dueño, esto es un escándalo, de aquí me voy a Derechos del Consumidor, del consumidor, del consumidor.
Creo que no quiero ir a ninguna parte en verano. Pero a veces se junta tanta gente que uno camina y va siendo parte de distintas colas. Para comer, para ver Vedetísima, para la promoción de champú. Aunque bajes a la calle y te muevas sos parte de una cola, te desplazás tan lento, tan mortuoria y sardinescamente quieto.
Hasta los culos me hartan. Me fastidia esa sobreoferta visual que devalúa el placer de ver un culo.
Hay bichos: aguaciles, estúpidas polillas difíciles de aplastar y que cuando las aplastás dejan una mancha aterciopelada y con patitas en las paredes, escarabajos voladores, moscas. Odio en especial a los mosquitos volando en la oscuridad, deteniendo su pequeña alarma incorporada en un sitio indeterminado de la pieza. Doy manotazos aleatorios que no me dejan la tranquilidad de haber matado, sino la certeza de estar siendo bebido en un lugar inalcanzable para mi mano, que también quiere dormir.
Me canso de comer fiambre, pero no quiero cocinar. Quiero sánguche, Ser citrus (no serlo yo, la marca "Ser") y alejarme del sol. Intento dormir y me despierto flotrando en mi propio caldo.
En el interior de mi auto hacen 50º. No tiene refrigeración y las ventanillas andan mal.
Me baño más veces de las que quiero.
Odio el verano. Me enloquece. Lo abomino.
Felices vacaciones a todos los veraneantes. A disfrutar.
lunes 22 de noviembre de 2010
sábado 30 de octubre de 2010

Qué horrible debe ser andar buscando alguna pista que te permita volver a ser el que fuiste, al que la gente creyó que eras.
Te miraba el otro día con un yanqui que te contaba que subieron las acciones, Yaski que adornaba la mesa con el cupo filo-oficialista, María O' Donnel, la chica lista del stablishment, y el definitivamente inefable Martín Caparrós. Era muy gracioso escucharte atender al gobierno porque no lo dejaba ir a Cobos al velorio. O trazar comparaciones con el protocolo norteamericano, que impone que si se muere un presidente van los anteriores.
Te explico, gordo, por qué es diferente la situación de allá con la situación de acá. A vos que siempre parece que le estás hablando a una estudiante de la UBA a la que te querés voltear haciéndote el sabio, te la voy a hacer sencillita. A vos que no parás de caer rodando hacia el valle de la pelotudez, a vos te digo. Los ex-presidentes gringos concurren al velorio de sus pares porque son exactamente eso, pares. Demócratas y republicanos han sido siempre y por igual muñecos del poder real, la mascarada de formalidad institucional detrás de la cual venden armas los fabricantes, destruyen paises las empresas reconstructoras, aplasta el pensamiento crítico la industria del entretenimiento.
Acá pasa otra cosa, sabés. Acá pasa que de un tiempo a esta parte (algunos nos dimos cuenta más tarde, otros más temprano, otros esta semana) la política le arrebató a la economía el manejo de la cosa. Dicho de otra manera, los cargos electivos reemplazaron a los poderes de facto en la toma de decisiones. Y eso, Lanata, genera rispideces. Porque además de cambiar (o intentar cambiar) de mano la conducción de este país, se lo hace en nombre de un paradigma diferente: se está tratando de que la tortilla se vuelva, como dice la canción española. A mi gusto es demasiado poco lo que se ha avanzado sobre el poder omnímodo de los ricos, pero si este mismo gringuito que tenías ahí sentado te cuenta que se elevó el Dow Jones por la muerte de Kirchner, algo debe significar, que vos obviamente no llegás a comprender.
En un idioma que guardo muy adentro porque tampoco la pavada, esto que te cuento se llama lucha de clases. Los pobres un día se avivan y tiran de la manta para taparse. Y hay crispación, hay tensión, hay puteadas, Lanata. Llevalo de nuevo a De Narvaez y preguntale por ésto, con tus palabras. Vas a ver que se crispa.
En fin, que feo ser vos. Porque eras un referente para muchos periodistas, gordo. Y ahora sos esto. Sabés de qué me acordaba cuando ponías esa sonrisa socarrona hablando del velorio? Del bicentenario me acordaba. Que te chupaba un huevo decías, que no significaba nada. Parecés un nene tratando de llamar la atención con un berrinche en medio de la fiesta. No tendrás sueño?
jueves 28 de octubre de 2010
Murió Nestor.
domingo 12 de septiembre de 2010
Cómo se hace para comer un durazno, si uno quiere comer uno.

Para comer un durazno maduro acaso primero deba proveerse de un babero grande o tener una toalla a mano o desnudarse el torso. Porque es una fruta destinada a manchar la ropa y a llenar la cara, barba, dedos con su generoso y abundante jugo.
Coloque el durazno sobre una superficie despejada y dedíquese a observarlo sin tocar. Perciba primero su perfume, deje que penetre en sus fosas nasales para acondicionar el ambiente de los sentidos con su dulzura etérea. Después observe la fina armonía de su forma. Desintegre el todo llamado durazno en una multiplicidad de partes y atiéndalas en particular. Primero el color. Estamos hablando de los duraznos amarillos, de piel aterciopelada y hueso no adherido a la carne. Fragantes. Blandos pero turgentes, con el color justo que la naturaleza pinta para llamar a los comensales, sean estos hombres o bestias. Es indefinible este color, tanto que en sí mismo es referencia dentro de la paleta de la naturaleza. Puede variar en sus partes más voluminosas, adquiriendo un femenino rubor, como si la fruta se avergonzara de su propia belleza, como si poseyera la virtud impostada de una doncella a la que se corteja con poemas de amor.
Note a continuación su vellosidad sutil. Tiene pelitos sí, pero tratan de pasar inadvertidos; sólo están allí para captar la humedad necesaria. Puede uno notarlos claramente cuando una gota de agua decide acampar en el abismo de su redondez. Ahora sí tóquelos. Pero que sea a una escala atómica. Que el durazno llegue a creer que sólo imagina una caricia. Apoye la yema de un dedo en uno de esos extremos pilosos. Apenas combe un poco más el pequeñísimo sable vegetal. Y después sí, peine delicadamente y trace la superficie. Que el durazno sepa que está siendo acariciado. Convendría que con una mano fije el fruto a la mesa y con la otra recorra la geografía duraznera. Tendrá el efecto de una carta documento: se le notifica a ud. que la caricia que ahora lo complace, prontamente será reemplazada por una dentellada profunda y final.
Notará que el durazno empieza a clamar que le desgarre la piel. Puede ser que esta aseveración se trate de lo que en psicología se llama transferencia, y sea uno el que se desespere por llegar a la pulpa. Da igual. El durazno no podrá contradecirlo, es un vegetal casi inerme.
Cómaselo de una vez. Primero una mordida en la parte más saliente. Tomando como referencia al durazno parado, con la zona del cabo hacia arriba, la zona más saliente coincidirá con el diámetro mayor de este bello producto del reino vegetal. Una mordida que desnuda al durazno de un trozo pequeño de su piel. Deténgase un momento a contemplar esa carne cercenada que ya desvestida empieza a inundarse de almíbar. Brilla y fulgura su humedad, como aceptando la nueva condición de objeto pronto a ser devorado.
En este punto, ya usted con esa dulzura deshaciéndose en la boca, no podrá esperar mucho más para ir a por todo y arrancar un pedazo mayor de durazno. Adelante. Este segundo bocado hará que sus dientes rocen el hueso y probablemente empiece, como se advierte al comienzo, a llenársele la barba de jugo. Séquese si le molesta, pero no pierda el ritmo de masticación. Vale aclarar que una vez introducido el pedacito de durazno en las fauces, no será ya tarea de los dientes su desintegración, sino de un trabajo mancomunado del paladar y la lengua. Notará que la materia sólida pasa rápidamente a líquida, produciendo un desmesurado placer a sus sentidos. Es este acto de comer duraznos, un verdadero paseo sensorial. Porque oirá, si presta debida atención, el sonido de las gotas cayendo sobre usted o sobre la mesa y el chasquido continuo de su boca trabajando sobre el fruto. Olerá el integrado aroma a sol de una fruta a medio desnudar.
El durazno ha quedado abierto de par en par. Desguazado por su hambre, carecerá de la mitad de su relativa esfera, como esas representaciones gráficas del interior del planeta. Aquí el magma se llama carozo. Ha llegado usted al corazón del durazno. Esa joya arrugada ha sido descubierta por fin, como la tumba de un faraón. Todos los pasos previos no tenían otro objeto, para el durazno y para el duraznero, que liberar este hueso de su cárcel de pulpa. Justamente por eso, las zonas adyacentes al carozo lucen más oscuras, mucho más intensas en su color, como si dijera al explorador que ya está llegando a su meta. Del mismo modo, el sabor se intensifica hasta la locura de todas las papilas.
Debe aquí tomar una decisión. O rodea el núcleo del durazno, comiendo la otra semiesfera, trazando un vuelta de calesita en derredor de este centro y evitando que el mismo se desprenda, o procede de la siguiente forma: tome al durazno con los extremos de ambas manos. Ojalá no tenga una prenda de marca cubriendo su torso. Con un dedo retire el carozo de su cuna. Ahora, mientras sostiene al fruto por la espalda, sumerja su cara enteramente en el hueco. Goce de las paredes de esta habitación recién barnizada, libe cuanta gota se desprenda de su entorno y empiece a redecorar este interior con el cincel que le venga en gana (pueden ser los dientes, la lengua, la nariz, una cucharita de té). Es interesante observar la presencia de estalactitas y estalagmitas en esta cueva. Son las arterias que se incrustaban en el corazón y ahora quedan como manos colgando del techo, emergiendo del piso, protestando por el vacío.
Déjese atrapar por el durazno. Caiga dentro de este abismo dulce, conviértase por un instante en el centro mismo de este pequeño universo frutal. Viva allí por unos meses, pague las expensas, tenga reuniones de consorcio imaginarias, discuta con el encargado, grite ascensor.
Más tarde o más temprano el durazno habrá desaparecido de la faz de la tierra. Pero tendrá usted la boca pintada de dulzura y una honda satisfacción en su paladar.
Haga con el carozo lo que le venga en gana. A fin de cuentas se trataba sólo de un durazno.
jueves 2 de septiembre de 2010
Reflexión Papel Prensa
Tlön, Uqbar, Orbis Tertius
Coleccionamos palabras muertas, también palabras que se aletargan y que un día resucitan cuando son necesarias. Tlön, Uqbar….sonidos que no significan para quien no haya visitado o sido visitado por Borges. Y a la vez nombres que reviven para los que leyeron el cuento, aunque no atinen a recordar de qué iba.
Ludibrio y Eutrapelia son figuras penales que acaso tengan aprendidas los abogados. Yo las archivé un día que una jueza determinó que eran delitos en los que incurrió el Actor Cómico de
En estos días reflexioné que pareciera haberse dado un cierto abandono de tres términos muy utilizados en otros tiempos para analizar la política: statu quo, establishment y realpolitik. El primero es una locución latina que se traduce como “estado del momento actual”. Es el orden en que están las cosas, una foto de los elementos del sistema que sólo describe la ubicación de cada uno sin cuestionarla, como podría hacerse a la luz de cierto criterio o de algún sentido de justicia.
El segundo es una voz inglesa. Alude al “conjunto de políticos e intelectuales que operan en favor del poder económico y social establecido”.
El último viene del alemán y es fácilmente deducible: es la política de la realidad, lo opuesto de una política fantasiosa, exagerada, principista o utópica.
Posiblemente originado en años de hegemonía neoliberal, en los que el capitalismo machacó planetaria y denodadamente para instaurar la certeza de un modelo único, el abandono de estos tres términos podría querer reverse de la mano de una incipiente recuperación del sentido de lo público que, en su mera enunciación, crispa al hasta ahora angurriento e ilimitado sector privado.
Por supuesto, el embrollo informativo en torno de Papel Prensa, es un ejemplo de la reacción de una parte del poder real (nadie puede creer realmente que el único poder real de nuestro país esté constituido por Clarín) cuando es puesto en cuestión. La afrenta presidencial es al statu quo, lo novedoso del gesto es que alguien se atreva a romper el equilibrio conquistado a través de tantos años. Curiosamente, la frase latina completa es “statu quo ante bellum”, es decir la situación de poder y liderazgo con que contábamos antes de la guerra. Las guerras alteran el orden, sacan a los generales de sus quicios, cuestan dinero sostenerlas, mueren personas y privilegios y se corren las fronteras. Magneto define a su puja con el gobierno como una guerra, la oposición lo vive como una invasión y Kirchner como una cruzada. Como sea, el sonido de los sables ha venido a perturbar el orden. Un orden que ha echado mano a dictaduras que lo impongan, a democracias que se dejen comprar y a políticos y empleados que guarden silencio sobre los mecanismos de la conquista.
Contra el cuestionamiento del estado de las cosas, sale a dar batalla el Establishment. Y ya que no puede sostener desde la idea central, opta por las secundarias, todas ellas ciertamente atendibles.
Por qué no lo hicieron antes? Es verdad, por qué no lo hicieron. Si la respuesta depende de Lidia Papaleo, ya la dio en la entrevista televisada. Varios abogados y varios estudios jurídicos le desaconsejaron meterse con Clarín y la declararon perdedora antes de empezar.
Y por qué no lo manifestó en los juicios a las Juntas? Aquí, si la pregunta es formulada con el mismo rigor con el que se dijo que el fiscal Molinas nunca encontró nada turbio en la adquisición, ni merecería una respuesta. O habría que revisar los legajos de los ’80 si no fuera que cualquier persona tiene derecho a reclamar haber sido víctima de crímenes de lesa humanidad en el momento en que lo crea pertinente, teniendo en cuenta la ventaja de tratarse de delitos imprescriptibles.
Qué quiere Kirchner? Por qué ahora está enojado con Clarín si antes estaba contento con el grupo y se reunía con Magneto? Posiblemente Kirchner tenga la mezquindad de promover desde las sombras una medida que favorezca a los diarios de Spolski y de Rudy Ullúa. Posiblemente Kirchner Néstor y Cristina no hayan cuestionado antes a un grupo con el que podía dialogar y con el que hacía negocios. Contrapregunta que atiende a lo central (con perdón del Establishment): en qué medida el cambio de postura del gobierno vuelve más justa la adquisición con aprietes de Papel Prensa? Y es un tema, por otra parte, que tiene demasiada historia en nuestro país. Sin demasiados detalles, ya en mis épocas de estudiante de la carrera de Periodismo a fines de los ‘80, se manejaba el tema de la distribución arbitraria del papel para diarios en
Pero más allá de las preguntas que sobre los temas aleatorios hace el establishment para ensayar una defensa del statu quo, la otra gran estrategia es reinstaurar
Es la parte bella de la historia Papel Prensa. Acabe como acabe, se ha fisurado la barrera que se prometió infranqueable. Es hasta divertido ver a los súbditos buscar y rebuscar excusas para que todo siga siendo como era.
La acusación de fondo a la presidenta es haber incurrido en una política fantasiosa, irreal, utópica, definitivamente desterrada. Haber puesto a la política a revisar los negocios en vez de garantizarlos. Todo lo contrario de la realpolitik. Aunque alguien haya definido a la política como el arte de lo imposible.
