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CARTA ABIERTA A LA SEÑO DE JARDÍN

Querida Seño Eugenia: Te agradecimos personalmente. Pero decido escribirlo, acaso para poder expresar mejor la dimensión de este “gracias”. Todos hacemos lo nuestro. Cada quien con su ocupación, con su trabajo, hace lo mejor que puede. A veces ponemos más ganas, otras menos. Y por cierto los agradecimientos no abundan, no es más ni menos –entendemos- que la responsabilidad que nos toca. Pero a vos sí queremos decirte gracias. Porque de todos los trabajos que existen, el tuyo tiene que ver con nuestra mayor riqueza: nuestros hijos. Y cada día del año dijimos gracias. Hoy, ya en la despedida, juntamos esas gratitudes para que te las lleves, para que tengas constancia de vos misma, de lo que pudiste generar en cada una de nuestras familias. Son pequeños gestos, tal vez. Contarnos que “hoy le dolió la panza”, que “hoy no quiso hablar”, que “se siente triste”, que está contento. Pequeño reporte cotidiano de nuestros pequeños, desde alguien que pasa con ellos 4 horas de sus días. Podría minimiza…
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Escenas de la vida jacobina

Desde la primera decapitación de la mañana, que fue la del Dr. Manes, en todas las canastas estamos dejando diarios o revistas. Porque el neurolingüista, ya puesto en el cepo, le dijo al verdugo que la cabeza sigue funcionando unos segundos después de cercenada, y si podían dejarle a él una revista Viva abierta en una entrevista que le hicieron. Después de consultarlo con el comité médico se le concedió, aunque desafortunadamente los ojos le quedaron mirando al cielo hasta el final, no pretendería que también lo acomodemos y le pongamos la gafas. Ahora un Página12 de los 90's está esperando a la cabeza de chancho de Lanata. Como algo se trabó del montante y además había que hacer otra limpieza del patíbulo, el gordo está hace como una hora acostado entre las patas de los técnicos. El ayudante del verdugo le pone en la boca un cigarrillo tras otro y Lanata usa los intervalos ora para hacer comentarios sarcásticos soltando el humo, ora para lloriquear y alegar ulteriormente una ino…

Te digo algo

El sentido de la vida se revela en un instante.  No en uno en particular, en uno cualquiera, lo que es decir en todos. Todos los instantes son pasibles de ser escogidos como el instante clave que devela el sentido de la vida. La vida no tiene otro sentido que la búsqueda de uno, la búsqueda constante, humana y tortuosa de un por qué para nuestra existencia. Cualquier camino te lleva, cuando no hay adónde ir, o cuando el único final, la única meta posible es la nada, la vuelta a la nada de la que arrancamos. Somos una nada devenida en pregunta, una pregunta que al ser respondida explota. Y sin embargo, ahí vamos, creyendo que hay un adelante y un atrás, que hay futuro, que hay pasado, que hay una respuesta que va explicarlo todo, una forma de vivir que es la correcta, un sistema hecho de bondad, un comportamiento adecuado, un sabor insuperable, un amor perfecto, un sueño eterno, un camino acertado. La felicidad está ahí, a nuestro lado, en cualquier segundo de cualquier día. No la busques eno…

No me arrepiento de este amor

Amo a Cristina. Amo a Cristina y la amo más cuanto más la odian, la amo en exacta proporción a lo incomprensible que les resulta mi amor, y el de tantos otros. Pero no pasa nada si hago otro intento por explicarlo.  Cristina encarna una manera de ver el país y su contexto, aunque no sea la única inventora de esas visiones. Encarna, dije. Resulta la encarnación de viejos anhelos, expresados -por ejemplo- en aquéllas asambleas populares de 2002, el año después del que se fue todo a la mierda. Quien haya estado en alguna plaza recordará alguna de las ideas que se nos ocurrían cuando creímos que se habían ido todos: revisar la deuda, asignación universal por hijo (derecho que reclamaba en 2001 el Frente Nacional contra la Pobreza), estímulo del consumo y de la producción nacional, juicio y castigo a los responsables de la dictadura cívico militar. Una brainstorm de necesidades obvias, toda vez que las ideas contrarias nos habían llevado al default, al trueque y a la miseria.
 Néstor pri…

Cometas en el cielo

Me tienen estalladas las pelotas con el sonsonete de la corrupción. No diré que es inevitable, ni que está bien, ni nada por el estilo, la corrupción es una cosa mala por definición, pero no debería ser el centro de la cuestión política, ni acá ni en el resto del mundo.
 Hasta Macri, el presidente más corrupto de todos fue Menem. Sus fechorías se dieron al menudeo y al por mayor. Uno recuerda casos como Los guardapolvos de Bauzá, La leche adulterada de Vicco, El caso Swift, entre las minucias, y el regalo que le hicieran de una Ferrari Testa Rossa por la privatización del gas. En las privatizaciones, con cientos de miles de millones de dólares, el Turco tuvo su récord de mordidas.
  Pero más allá de los campeones, ningún gobierno queda exento de un grado de corruptela,  gobiernos kirchneristas incluídos. Llegados a esa triste conclusión, quedan dos opciones. O la que más conviene al sistema, que es el discurso antipolítica, el de "todos roban", o bien evaluar si el conjunto …

Una chica se pone de pie

Una chica se pone de pie en el fondo del salón: "profesor, me parece una injusticia que no pienso permitir". Algunos pocos se emocionan para bien, alguien lo tenía que decir. Un sector es asaltado por una fuerte y súbita envidia, en efecto es una injusticia, pero quién se cree ésta para ponerse de pie y decirlo. Otra parte del curso directamente se indigna por la mera existencia de un elemento emergente que se para y dice lo que piensa. Desea mucho que sobre la díscola truene el escarmiento, unas buenas amonestaciones para que se calle.

En el fondo de muchas antinomias argentinas subyace el odio a quienes no se resignan, tan simple como eso. Se odia al pobre que reclama por sus derechos, que en ocasiones consigue. Se odia a las muchedumbres de los que salen de sus casas para exigir justicia. Se odian las expresiones políticas que ponen voz a los silenciados, a los pauperizados, a los excluidos, a los desconectados. Porque del otro lado admiran a los que se representan a sí …

Monster Coop

Sobre todo de chico, al cerrar los ojos para dormir, me asaltaba la fantasía que un ser horripilante me observaba desde un rincón del cuarto. Podía ser un muñeco o un vampiro lo que se quedara inmóvil allí, mientras intentaba conciliar el sueño. Quien fuere lograba que no sólo me costara hacerlo, también me daba pánico abrir los ojos.  Pero encontré una forma de neutralizar al ente del insomnio, lo racionalicé. Entendí que no importaba lo que fuera, cualquier cosa extraña a mi habitación me daba el mismo terror. Un pingüino, una momia, un perchero que antes no estaba ahí, un cuadro apoyado en la pared, todo lo que no haya estado con la luz prendida, tendría el mismo efecto terrorífico. Entonces, por qué presentir un sólo y único agente parado frente a la cama, por qué no traerlos a todos. Fue así que convoqué a cuanto monstruo urdía mi imaginación. La lista podía estar compuesta por: una momia, el payaso de It, la chica de La llamada, Fredy Krueger, el hombre lobo, una muñeca gigante, …

La vuelta del malón

Lo pude ver en persona, al igual que a Sin pan y sin trabajo, de De la Cárcova, que está en la pared perpendicular, en la sala 24.
 Ya se ha dicho todo, no voy a ser original, pero necesito contar lo qué sentí al tenerlo enfrente.

 Es el regreso triunfal de una batalla, hay heridos, hay adrenalina hasta en los ojos del caballo del cacique. Pero el botín dice que ganamos, que le ganamos a la soldadera de Alsina y a sus curas, porque venimos blandiendo sus cachivaches litúrgicos. Ironía de la historia, los despojadores han sido despojados y alzamos la cruz como una hinchada blande los trapos del rival. Por allá un compañero convierte en boleadora un inciensario. Venimos por el barro a los gritos, felices bajo la tormenta.
  No sabría acomodar a la cautiva, a la nueva india blanca de la que se hizo la tribu. Es el siglo XXI y ahora suena a trata, aunque allá era el XIX y las personas se traficaban de ida y vuelta, y no parece más víctima la mujer desnuda que todos los indios que se ven…