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Paradojas 1. Hacer Nada

Cierta y curiosamente es mucho mas difícil hacer nada que hacer algo, cosa que he comprobado en estas vacaciones dedicadas a la meditación y la filosofía.
Pareciera que estamos programados para hacer todo el tiempo. Nuestro homo faber mata con un pequeño cuchillito o a garrotazos a nuestro homo ludens, acusándolo de improductivo.
Lo que resulta paradójico es que, como dice la publicidad de zapatillas, hacer nada cueste tanto, mucho más de lo que cuesta hacer algo o hacerlo todo.
Para hacer nada, algo debe estar hecho previamente. Teniendo en cuenta que necesitamos comer, dormir, defecar, respirar, el hacer nada necesita de trabajos previos que faciliten la holganza. Si uno vive solo, deberá prever todas las necesidades fisiológicas antes de entregarse a la nada. Una máquina que alimente con bocados sin necesidad de moverse, un inodoro autosuficiente que prescinda de nuestro culo para cumplir su misión, etc. Si se vive acompañado, ninguna de las compañías deberá requerir de nuestra atenci…
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Nuestra degenerada lengua

Somos argentinos. Todos somos sociólogos, filósofos, técnicos de fútbol, antropólogos, cineastas. Ningún campo del saber se nos escapa, no hay tema del que no podamos opinar sobradamente, diciendo a los demás cuantos pares son tres botas; somos el pueblo elegido, el wikihow, un tanque del pensamiento, la suma de todos los conocimientos, el Big Data hecho 40 millones de seres esclarecidos y sabios.  Si no fuera por los golpes arteros de la fortuna, los argentinos seríamos campeones del mundo en todos los deportes y en todas las disciplinas.  Es con este plácet, en mi condición de filólogo autodidacta, que he de referirme brevemente al remanido tema del lenguaje inclusivo.  Pero no, no soy filólogo, ni Todorov, ni Saussure, ni de Derrida.   Creo que lo más valioso de lo que ocurre con el tema, es haber re-descubierto que el lenguaje está cargado de ideología.  Digo re-descubierto porque se supo siempre.  Hay una película de 1994 que se llama Sueño de Libertad (ó Sueños de fuga, ó The S…

Meter el perro

Me obsesiona la suerte del bóxer de enfrente. Me entristece tanto verlo, que bajo las persianas que dan a él de modo consciente, no las bajo en automático, porque el automatismo de bajar la persiana incluye mirar el escenario que va a cerrándose. Bajo la vista mientras bajo la persiana, porque si miro enfrente veo al pobrecito perro y su malvivir, su aburrimiento perpetuo, su desesperación helada, su vana esperanza cuando oye a alguien moverse adentro, creyendo que le van a dar bola. A veces recorre la cárcel de su balcón, pero la mayoría del tiempo se enrosca en una silla plástica apilada sobre otras sillas. Entre la lluvia lo veo enroscado en la silla, con frío, con viento, a través de la neblina, el perro una rueda marrón sobre las sillas.   Odio a los dueños del bóxer, les grito, aunque sepa que media entre ambos edificios una distancia de 30 metros, les grito entrenló hijos de puta, que se congela, para qué tienen perro si lo van a tener así. Les grito en la lluvia.
 Pero lo má…

Vómitos de perro

Anoche un vecino hizo un escándalo por whatsapp porque encontró un vómito de perro en el pasillo del edificio. El chabón, que en todo el 2017 no pagó una sola expensa, cargó contra todos, contra la dueña del perro y contra los que nos quedamos callados ante la ignominia, porque así lo educaron a él y bla bla qué barbaridad la vecindad. Cuestión que no limpió la porquería, avisó que le estaba echando lavandina para facilitarle la tarea a quien debía ocuparse, que era la dueña del perro y de lo que éste lanzó desde adentro. Claro que ese punto específico era cierto, aisladamente, pero justo venía de quién no tenía la más mínima autoridad. Y creo que no cabría en ello una calificación de falacia ad hominem, porque el sujeto y la afirmación se cagan a patadas, como cuando Macri se queja de la corrupción. Dale.
 Cuestión que el tipo se fue a dormir con la satisfacción de estar moralmente por encima de los demás. Yo no le contesté, porque el caudal de mi respuesta excedía en mucho los lími…

Ellos y nosotros

Era diciembre de 1988. Cuando en La Plata hace calor, hace calor. Nos encontramos con El Pollo en la puerta del café que teníamos que abrir, limpiar y atender. Ambos teníamos la beca de trabajo que nos otorgara el centro Universitario Marplatense. Los dos habíamos estado escuchando la radio toda la mañana y llegamos llenos de adrenalina a las puertas del caserón del Centro sobre la calle 5. Otra vez, milicos de mierda. Qué hacemos, no abrimos. No abrimos, hay que estar en la plaza, cuando vengan Elbio y Armandito que se crucen. La plaza estaba a la vista, justo enfrente, y una multitud ya se iba juntando. Abrimos, fuimos hasta el fondo a buscar los trapos , volvimos a cerrar y cruzamos. Desplegamos la bandera del CUM y nos fuimos sumando a los coros "el pueblo unido jamás será vencido". Corrían épocas en que los que -por edad- habíamos quedado a salvo de la dictadura, sentíamos que era nuestra responsabilidad histórica evitar que los milicos no vuelvan, dando la vida si fue…

Nuestra casa

Ser argentino es sentir que uno vive -todo el fucking tiempo, toda su jodida vida- en el segundo piso de un castillo de naipes. Hay un techo (un siete de espadas, un caballo de bastos), hay un piso con una trama de azules y de blancos, pero en cualquier momento llega una brisa y nos tirará a la mismísima mierda.   Es triste, y lo es más porque durante unos años se habían empezado a solidificar estas paredes

  Soy el chanchito violinista, mi casa es de paja. Vengo tardando una vida en descubrir que no soy como el chancho sensato, que lo mío no son los ladrillos, la solidez, la capitalización, la ropa de marca, el auto, el viaje por Europa. Mi violín es ésto, el tiempo de ponerme a escribir, el tiempo de ponerme a leer, tragarme el conocimiento a cucharadas de artículos, libros, videos educativos y cuanto dato sistematizado me ofrezca el mundo. Mi felicidad no es material sino todo lo contrario. ¿Y para qué? Para mí, tardé una vida en aprender que el saber no garpa tanto para los o…

Metáfora #602 Boludo que sos

Por qué será que buscamos metáforas si ya se entendió, para qué urdimos figuras retóricas si queremos decir te lo dije.
Para regodearnos en haber tenido razón.

Resulta que no te gustaba la niñera, estabas harta, ya no la soportabas. Fundamentalmente porque se comía el fiambre de la heladera y hablaba mucho por teléfono y estaba tiqui tiqui mandando mensajes todo el rato, y nada te importaba que tus hijos la pasaran bien con ella. Mientras la despedías y todavía te estabas quejando, vimos que le abriste a un reemplazante siniestro. Vos repetías lo de los 200 gramos de salame y veíamos que el nuevo se acomodaba e iba dejando sugestivas pertenencias sobre la mesa: un chupetín, un pedazo de gasa, un frasco de cloroformo, una cuerda, un bisturí con dos hojas de repuesto y una heladera de playa con un sticker pegado que decía Tráfico de Órganos infantiles. Y vos dale con el celular de la otra niñera y nosotros fijate si es normal que tu nuevo niñero se ponga la máscara de Jason.
Ahora te s…

Lenguaje

Quiero decir algo nuevo, a sabiendas de que mentes acaso más brillantes ya han dicho casi todo lo posible sobre el tema, parte de lo que andará dentro de mí para presentárseme como ideas novedosas.

Qué carajo me importa, si además mucho no se me lee. Justo tiene que darse la coincidencia de que quien entre haya leído a lingüistas y semiólogos y se acuerde y levante un dedo y me diga, ah, pero esto no es nada novedoso, ya lo dijo Todorov mientras se quitaba un pedazo de chorizo con un mondadientes en una playa de Mar de Ajó.

 Me impresiona la inconmensurable potencialidad de nuestro lenguaje, ese superpuzzle desarmado, esa descomunal sopa de letras que humea en nuestras mentes, formando palabras aleatorias, creando infinitas combinaciones que darán pensamientos, poesías, teorías, insultos, declaraciones de amor y de guerra.
Somos palabras, somos las palabras que nos han dicho, somos las palabras que dijimos y también las que callamos. Somos la palabras que se paran frente a las puer…