La fiesta, la contrafiesta

Cuando
estalle la última burbuja del hombre hecho de burbujas con el
corazón podrido de carbón, cuando se disipe la nube de polvo que
deja a su paso demoledor, cuando nos lavemos la cara con el agua de
empezar de nuevo, cuando la noche no sea una travesía, conciliemos
el sueño, equilibremos nuestra caja de ritmos toráxicos, no nos
mate una factura de la luz, no nos duela este dolor sin remedio.
Te
espero con crayones, acrílicos y cartulinas, te espero con
guitarras, con bajos y flautas traversas, te espero a danzar entre
los escombros, te espero a desenvolver ilusiones que parecían
muertas, para celebrar la sorpresa de haber sobrevivido.
Quiero
que nos odien como nunca, los quiero como caracoles con sal, manando espuma,
indignados arrancándose la piel, mascullando, maldiciendo, agitando
sus paraguas, quiero a Mirtha enojada aunque sea en forma de
marioneta inerte.
Que
digan arriba que reabrimos la grieta, que digan lo que quieran, que se inventen escenarios apocalípticos, aluviones zoológicos, con negros cruzando a nado el riachuelo. Para mí no hay fiesta si no
se quejan del ruido, si no llaman a la policía porque los cosos de
al lado tiran la casa por la ventana.
Habrá que agitar, que romper, que rasgar, aunque sea en secreto. La clase mierda se asusta.
El
hombre de pañales le grita a su impotencia que sí funciona, le
grita a sus impotentes que sí, nos la seguirán poniendo y será considerado un éxito.
Hay
que aguarles su fiesta, fumigarla con excremento desde una avioneta piloteada por Ulises Dumont; secuestrarle a los mozos, hacer que la casa se les caiga en un pozo.
Nuestra fiesta no puede no ser (debe ser) una fiesta antinómica, la otra cara
de la moneda, que incluye hasta sus presos de crimen y castigo.
Allí
donde haya una necesidad habrá un derecho, allí donde haya un
derecho habrá otra cara de orto de su lado, otro espumarajo de caracol salado. Nos dirán Cuba, Venezuela, Norcorea y la Camboya de Pol Pot.
Allí donde querían la
concordancia hipócrita de La Moncloa, ni vencedores ni vencidos (volverán a eso, nos azotan como sicarios, se defenderán con gritos de huérfanos),
tengamos la cena en paz y hablemos de maratonear series y de guirnaldas de jueces.
No
es magia no, no será magia. Podrá ser un truco, pero no magia,
Miren aquí, miren allá, que por detrás de la tela todo un
mecanismo se activará. Una máquina bien aceitada con poleas e
imanes, un artificio que saque chispas y huela a grasa, que nos
devuelva una felicidad más grande que la que teníamos. Se busca
mago, maga, hechicero que reactive la pasión, en esta época de pijas blandas y conchas secas, que nos recate de este pozo personal, culpógeno, endeudado al que nos empuja el sentido común capitalista,
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