miércoles, 25 de abril de 2018

¿El arte cambia al mundo?



     

En estos días me devano los sesos con esa pregunta. Que en realidad puede ser reformulada así: ¿hubo artistas que por su vida u obra cambiaron el curso de la Historia?

Pensemos en Miguel Ángel, Leonardo, Rafael y el resto de las Tortugas Ninjas. ¿El cambio lo hicieron ellos, o apenas fueron un reflejo genial de una deriva histórica que les abrió las puertas al Renacimiento?

  Porque la pregunta excluye a una subsidiaria de la Historia Universal, que es la Historia del Arte. Ahí, si en ese campo se la formulara, la respuesta sería obvia. Claro que hubo revolucionarios en cada una de las disciplinas, pero no necesariamente empujaron revoluciones de las posta, con toma de la Bastilla, sangre y fuego.

  El Don Quijote de la Mancha funda la novela moderna, pero hacia adentro, al interior de la obra, el mundo que cambia lo hace por otros motivos. Cervantes pasa a figurar en la Historia, pero no para cambiarla sino para reflejar el cambio. En cambio Juan Gutemberg... Es esa nueva máquina en la que caen sobre papeles las planchas de tipos móviles entintadas la que va a torcer el rumbo, para ir hacia un contexto en que el otro chabón se sube a un andamio y pinta la Capilla Sixtina. Es la imprenta y es el libro, sea su título el Quijote, la canción de Rolando, el Cantar del Mío Cid o Sin reservas, de Martín Redrado.

¿A cuántos absolvió "Los condenados de la tierra" de Frantz Fanon? (Bueno, es ensayo, no cuenta. Pero me pareció divertido jugar con la absolución de los condenados)

   Transcurrido este punto aclaratorio, reitero la pregunta. 
¿Los artistas y/o sus obras, cambian el mundo?

 Traté de responderme, e invito a los presentes a repetir el esfuerzo. Me respondí e hice un ranking en absoluto y caprichoso borrador.

1.  La Biblia. Es una obra de ficción de autores varios que refiere a las andanzas de un ser casi siempre invisible. Libro que no sólo influyó en la Historia Universal, prácticamente la parió.
2. The Beatles. Esos 4 tipos produjeron, creo, el fenómeno artístico más fuerte, multitudinario e influyente de todos los tiempos. Sin ellos no se explica, por ejemplo, el mismísimo concepto de juventud, que hace irrupción a mediados de los 60's.
3. El Guernica. Muy por encima en importancia de Pablo Diego José Francisco de Paula Juan Nepomuceno María de los Remedios Cipriano de la Santísima Trinidad Ruiz y Picasso, su autor, ese cuadro de 1937 es la carta de presentación del horror que traería el fascismo en Europa. Me parece más trascendente El Guernica que el Cubismo.
4. Miles de arquitectos, maestros y oficiales que llevaron el arte islámico a la cuenca del Mediterráneo. Una legión de creadores anónimos que cambió la fisonomía del arte occidental, dejando un legado que Occidente se empeña en subestimar.
5. El archipiélago Gulag.  El libro donde Aleksandr Solzhenitsyn cuenta el lado oscurísimo del sistema estalinista soviético, cárceles, campos de concentración y un frío del orto.

   En fin, dejo esto por acá, en este blog que cambia totalmente la perspectiva de quien ingresa a leer. Respondé mi pregunta, rata.

Y cierro con una genialidad de este genio







lunes, 23 de abril de 2018

Todos los geniales deberían poder ser así de simples


El alma de las fiestas



   Estuve en muchas empresas. Sea en la acepción entidad que hace plata o en la acepción emprendimiento o actividad, estuve en muchas, sobre todo en la época en que a todo respondía que Si.

 Me entusiasma parir proyectos, diseñar sistemas de trabajo, escribir fundamentos. Por el contrario, me la baja una vez que la cosa se pone a andar y entonces podría ser yo o un simio quien le de continuidad, me entro a aburrir con cara de Calamardo.


    También me aburre -creo que como a todos- hacer cosas al pedo. He leído por ahí acerca de Angola, la cárcel estatal de Luisiana. Entre otros martirios, leí que es común que obliguen a los reclusos a cargar unos pesados adoquines, desde una pila en una esquina del patio, hacia otra que se va formando en el otro extremo. ¿ Por qué?, no hay por qué, diría la china del video que se hizo viral. El motivo es la ausencia de motivo, la tortura es hacer las cosas porque sí. Un hombre puede soportar increíbles desafios físicos, pero necesita una razón; cuando no la hay, el resultado psicológico es devastador (pienso mucho en esto cuando algunos pibes no soportan la escuela).

  ¿Para qué nos comunicamos? me lo pregunto hace días, después de desactivar mi cuenta de facebook, (después de llegar a una conclusión a la que ya llegamos todos, tras sentirme estafado por lo que estuvo en el contrato desde el principio). ¿Para qué comunicamos?, ¿para qué decimos cosas? La respuesta es: narcisismo, egolatría, necesidad de reconocimiento y de aceptación. Likes, comentarios, compartidas, nuestro patológico hambre de empatía. Decimos para no sentirnos tan solos en la pavura de este sistema horrible y vencedor.

   Pero yo no quería decir para decir, yo quiero decir para cambiar, es ahí donde me da el angustiazo; ya no me causa gracia meterme en la cueva para escuchar mi eco, se nota que es una estrategia de la cueva para que no salgamos de ahí. Horas y horas gritando o escuchando gritos ajenos o ecos de los propios.

  El enemigo, el binomio conformado por el poder de siempre y el poder mediático, esas dos caras de Jano en que se ha convertido el enemigo, nos gana en todos los frentes, empezando por el más crucial, el sentido común. Bajan las hordas, bajan columnas, bajan twits, vienen armados hasta los dientes, vociferando que si sucede conviene, alegando que los padecimientos son merecidos, cagándose de risa de lo que a nosotros nos parece. Nosotros. Quiénes somos nosotros. Como diría San Agustín de Hipona acerca del tiempo, si no me preguntan lo sé, si tengo que explicarlo se me complica.
 -“¿Qué es, pues, el tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo sé; pero si quiero explicárselo al que me lo pregunta, no lo sé. Lo que sí digo sin vacilación es que sé que si nada pasase no habría tiempo pasado; y si nada sucediese, no habría tiempo futuro; y si nada existiese, no habría tiempo presente. Pero aquellos dos tiempos, pretérito y futuro, ¿cómo pueden ser, si el pretérito ya no es y el futuro todavía no es? Y en cuanto al presente, si fuese siempre presente y no pasase a ser pretérito, ya no sería tiempo, sino eternidad. Si, pues, el presente, para ser tiempo es necesario que pase a ser pretérito, ¿cómo deciros que existe éste, cuya causa o razón de ser está en dejar de ser, de tal modo que no podemos decir con verdad que existe el tiempo sino en cuanto tiende a no ser?”. (Confesiones, XI, XIV, 17).


    Se complica sacar la foto del presente. Sé dónde estuvimos, qué repudiamos, con qué cosas lloramos o estuvimos a punto, conozco las caras de las marchas, nos escuché putear. ¿Pero adónde vamos? ¿Quién vendrá a rescatarnos del pantano en el que ese nosotros se define por lo que no somos? 
 Nos falta carnadura ó (ya que estamos a lo Merlí trayendo filósofos, ahora lo meto a Bauman) nos falta solidez, naufragamos en la permanente liquidez de la modernidad. Nos quitan espesura llevándonos a leer corto, a fotografiar lo que comemos, a carcajearnos con la milimétrica precisión de un meme, en una carcajada onanista y falsamente libertaria.

   Hora por hora, minuto por minuto, entramos a los sitios donde la información circula, autoconvencidos de que la información es poder. Yo diré que es muy difícil respirar sacando la cabeza por la ventanilla, diré que es muy difícil beber del chorro más potente que cae del alero. Te airea, te moja, te asfixia, te ahoga. Si esa información fuera poder no estaría disponible, tanto como si los votos cambiaran las cosas estaría prohibido votar. 
O nos creemos que el poder es tan estúpido de autoinmolarse en la pira de la libertad de expresión que él mismo nos otorga.

  Así que es eso, me aburrí de vernos perder, empezando por la pérdida del tiempo. Me dan igual el video del gatito en la caja que el mensaje importantísimo por privado que me conmina a compartirlo  urgente con los compañeros, que el remitente ya supondrá que sé quiénes son.

  En estos días habría compartido la grabación del músico detenido en la peatonal. Habría puesto esmero en poner en palabras fuertes y bonitas lo que ya es obvio para todos, habría redundado en la contundencia del signo, en la guitarra del pibe, en su brazo retorcido. Y vos y vos y vos se habrían amargado por un rato, con responsabilidad del sistema, incluyendo a la policía y a mí mismo.

  "Hasta dónde van a llegar", podría ser mi frase. Y alguien respondería "hasta donde los dejemos", como si desde el fondo de esta marea de náufragos viniera nadando uno que tiene la llave para abrir el cofre de la felicidad del que se saldrá el "basta ya" definitorio y definitivo que nos suba a fuerza de estallido a los botes, a los botecitos munidos de cañones con que hundiremos las corbetas del comandante enemigo que, esta vez sí, se excedió. 

  Hasta donde llegaron hace varias millas que es demasiado, y esa demasía es, casi, la única constante. La otra es nuestra espera haciendo la plancha.

  Oiga don, qué panorama más de mierda, por qué no tira una idea de qué hacemos entonces.
No sé, no sé, no sé, no sé, diría Prat Gay. Yo ni siquiera sé si estoy poniendo bien los acentos. No me importa, no se molesten.

  En fin, cumple este posteo la paradoja ya clásica de despotricar contra las redes en las redes y caer nuevamente en ellas. Pero es que el mundo está tan feo, entendeme, no quiero verlo. Con la cuenta de facebook desactivada, andar en bondi se me hizo el doble de suplicio. Cuando se me terminan las vidas del candy crush, guardo el celular y miro a la gente que viaja, gente que no me conoce, que se estará empobreciendo con los tarifazos y repetirá las pelotudeces que le hace repetir Mariana Fabiani, gente que no me gusta ni le gusta lo que pienso, que ni siquiera saben qué es.

Al menos diré cosas, comunicaré, para terminar de entenderme.
Aburridamente al pedo.








lunes, 16 de abril de 2018

Lunar


  Me he quedado mirando la luna, esas veces en que está llena, me he colgado de ese brillo ajeno. Porque si la luna brilla es porque de otra parte la ilumina el idiota sol. La luna es la vida trascendente, el sol es la vida obvia y pedestre, la luna hace nacer y el sol me hace transpirar. Me he colgado de la luz de la luna, y pensé si en ese mismo momento un jabalí en medio del monte no estaría también mirando la luna a punto de descubrir alguna verdad como yo estaba por descubrir y al final no. Y también más de una vez me pregunté si un niño ucraniano habrá mirado la misma luna cuando en ucrania era de noche, si se habrá preguntado si una serpiente miraba la luna en ese momento, olvidándose de los ratones, asomada su cabeza fuera de la cueva, llenos sus ofídicos ojos de esa luz que ahora estoy mirando y se mete por la ventana y me enfoca como en un teatro. Porque eso tiene la luna, es un satélite de uso individual. Claro que además sirve para decir románticamente mirá que luna, amor. Pero es para una persona o para una pareja. Por supuesto se da el caso de grupos de campistas que hacen un fogón y cantan canciones de sui generis y canciones de manu chao y fuman  cigarrillos de marihuana y alguno hace mención a la luna, faaaa pero miren la luna. Pero es un grupo, un barco, un taxi, una celda, un machu pichu, individual, eso digo. En cambio el sol es una de esas mierdas colectivas para todo el mundo. Hay sol, hay sol, corramos al parque, lleven heladeritas, matecitos, facturitas, bronceador, paletas, hagamos deportes que hay sol. El sol me causa lo mismo que Punta Mogotes, una asquerosidad que me arruga los ojos.
En cambio la luna, la oscuridad, la noche, la luz tenue, el humo, la niebla, la misma lluvia, me vuelven a mí, me revuelven, me retraen, me llevan dentro, me cae una inspección de mi, pantallas donde proyectar no mi basto universo sino mi bastedad de preguntas acerca del ser y la nada.

Decepticons

 Sentimiento pelotudo la Decepción.

A veces me decepciono de personas, instituciones o series de televisión, pero no les digo nada porque la culpa de estar decepcionado es pura y totalmente del decepcionado, no del decepcionador.
Yo mismo soy una persona basta decepcionante, pero no puedo hacerme cargo del lugar en el que me quieran poner. Y muchas veces lo hago a propósito. Jodansé.
Así que nunca diré "me decepcionaste", porque sería reconocer un error de cálculo, una sobrevaloración, una burbuja bursátil, la percepción corregida y aumentada de personas y de cosas, distorsión que un día nos explota en la cara.

  Ya Séneca en su trabajo Sobre la Ira descubrió que uno de los motivos principales de la misma es el optimismo. Uno conoce la realidad de las personas y de la sociedad, lo sabe empíricamente, tiene pruebas, documentos, pero va y se hace ilusión de que todo sea diferente, va y se enoja por el camino que los sueños prometieron a sus ansias, proyecta sobre el coso o la cosa una utopía que se desvanece en el aire y va puteando en el proceso de caer a tierra
 Es como si uno no pudiera hacer foco, y en lugar de arreglarlo en la propia cámara, tocando los comandos para mejorar la captura, fuera a trompear al perro por salir borroso. No es el perro, es nuestra distorsión en la idea de distancia.
 Así que resisto la tentación de agarrar un par de estudiantes y decirles que me siento decepcionado. Tendrían igual derecho de alzar los hombros con cara de me chupa un huevo como el que puede tener alguien a quien le diga que lo soñé. Ah, mirá, te decepcioné, ah, mirá, soñaste conmigo, qué loco.

Cuando escribo estas cosas alguna gente cree que soy un triste,
lamento decepcionarles, soy un cago de risa, pero atento a la realidad.

Suena Pastoral







domingo, 8 de abril de 2018

Meritocracia


  M lloraba. Lloró en la primera hora, en la segunda materia y en la tercera. Alguien le preguntó por qué lloraba y M contó. M contó que estaba a prueba en un call center, que no le gustaba pero que necesitaba trabajar, contó cómo era que la escuchaba el supervisor mientras la gente la puteaba, M contó que colgaron billetes de un piolín para que los trabajadores del call recordaran la meta.
Billetes colgados, como zanahorias para burros.

Sí, M, dan ganas de llorar

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