lunes, 9 de septiembre de 2019

Vos bien?


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Tengo amigos, gente que quiero de verdad, que no sabe escuchar, que suele apurarme a tomar algo cuando tiene algo que contar. Total, mi turno es siempre, soy uno que habla por la radio, soy uno que postea hasta de sus gatos y sus sueños; mi problema no debe ser ajeno al que ande por acá. La cosa pública, la res publica. Así que contame vos en qué andás, qué sabés, qué te parece, qué se vendrá.

Una buena manera de estar solo, tomando con otro un café.
Por eso tantas veces prefiero el silencio, ahí donde me esparzo en preguntas que no tienen por qué tener sus respuestas. Sabe más de mí una nube que contemplo en una tarde que un par de amigos que me hablan del Alberto.

y a veces creo que soy yo, que me creo especial, que la voy de listo y soy un gil. Pero sin que eso sea mentira, no me parece que deje de ser cierto que vivimos en un mundo con menguantes capacidades de salirse del propio ombligo. Monólogos alternados a interrumpidos a los que llamamos erróneamente diálogos.


El tiempo es un recurso escaso y nuestras necesidades ilimitadas.
Y una buena parte se lo lleva la supervivencia.
De lo que queda,
no discutas boludeces,
no discutas asuntos importantes con gente boluda,
no hables si no te escuchan,
no te quedes si no vas a escuchar.
Escapale a lo aburrido y al que resta.
No haría falta economizar agua viviendo al lado de una cascada, a menos que esta se congele en alguna parte del año. Entonces sí la economía, los tanques y las cisternas.
Cuidemos el tiempo, que no hay más.

martes, 2 de julio de 2019

El querido invierno en el infierno


Soy de los que reivindican el frío, uno más del tan vapuleado winter team. En verdad no es tanto eso, es que sufro demasiado el calor. Me angustian de verdad los pronósticos que en verano auguran temperaturas que superan los 30 grados. Porque nunca fui amante del sol (mi piel es de un blanco teta-de monja-sueca; el astro rey me odia), y en consecuencia detesto la playa (y el sistema humano que allí se vuelca), y – sobre todas las cosas- porque mi departamento es como un horno pizzero, junta calor durante el todo el día que me hace la vida imposible. En cambio al frío te lo sobrellevo. Me parece que empuja a la introspección, lo contrario a la banalidad del verano. Me gusta la ropa para frío, me gusta el viento, me gusta la comida de olla, me gusta envolverme en frazadas…

Y... un hombre en situación de calle se murió de frío. 

Se murió de abandono, de exclusión, de neoliberalismo al estilo Macri.

Entonces queda mal decir que el frío es lindo.

Porque las redes convierten a las personas en seres unidimensionales que nunca descansan de su conciencia social. 

Cómo vas a reivindicar el frío, cómo te va a gustar, si la garrafa aumentó 124% en el último año, si hay gente que se congela por las calles, si el hambre, si las tarifas, cómo vas a desear que nieve.

No está bien sentirse a gusto con una faquin estación del año, porque eso es renunciar al bienestar general, y eso es hacerle el juego a la derecha.

 De hecho empezaste a leer esta nota masticando un comentario que vas (o ibas) a dejarme respecto de Sergio Zacarías. Pero a mí también me llora el corazón, gracias por pensar en catequizarme respecto de pensar en los demás, te juro que sacando ésto no pienso en otra cosa.

 En los 90’s, y desde abril de 1991 para ser exacto, había que decir al aire que la Convertibilidad, que la Reforma del Estado y sus privatizaciones iban a traer el desastre que les estalló en la cara a todes una década después. A eso me dediqué.  A la gente le gustaba que se ganara en eficiencia, que las góndolas se llenen de coloridos productos importados, que por fin llegara el McDonalds. Las consecuencias fueron elocuentes; pero había que comerse las puteadas de los modernistas, así como el desprecio de una enorme mayoría del periodismo marplatense que bailaba al son for ever oficialista de La Capital.

No obstante, quien suscribe, gozaba (entre programa y programa) de un riquísimo aderezo para ensaladas de la marca Paul Newman. Perdón por aquéllo, no sé a cuántos desempleé.

 Lo que quiero decir es que no hay militancia sin descanso, muchaches.

 Cierta vez organizamos una charla con una excelente pluma de Página 12, José María Pasquini Durán. El tipo contó una historia de Chile. Había un penal adonde el régimen pinochetista alojaba a las presas políticas, a las militantes que no asesinó o exilió. Allí había muchas guerrilleras del Frente Manuel Rodríguez. Tan orgánicas como organizadas, las chicas dirimían sus asuntos de convivencia carcelaria en metódicas asambleas de participación obligatoria. Una vez surgió el tema de lo mucho que se tardaban algunas compañeras al usar el baño. Después de indagar un poco, una militante levantó tímida la mano. Presa de una gran vergüenza, la chica, ese cuadro inquebrantable,  confesó que se encerraba en el baño (un encierro al cuadrado) para leer… unas revistas Cosmopolitan que andaban por allí. Eran sus momentos para la evasión. 

En palabras de Libertad, el personaje trosko de Mafalda, un escapismo de vainilla.

 Así que pido perdón por mi propia fuga, por este somero refugio hedonista, esta idiota preferencia por el frío y sus paliativos.

El modelo me duele parejo, por momentos no puedo más. Veo gente llorando en televisión, veo legiones crecientes de desemplados, veo miles de hijos de la mierda celebrando y prefiriendo esta debacle generalizada antes que gobiernen los peronistas. Bruxo despierto, fumo por demás, tomo café y me clavo un clona cuando ya no aguanto, trago puteadas, se me encrespan las manos.
Vivo con el corazón estrujado.

 Así que no me rompas las pelotas si disfruto que al menos no es verano, si me ilusiono con ver caer la nieve prometida. 
Tampoco me consueles, ya lo hago por mí, 
caminando entre el viento, con las manos en los bolsillos, 
soñando con hogueras que prendan fuego todo.

lunes, 10 de junio de 2019

Mensaje (extraoficial y supernumerario) de la runfla


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Sí, eso somos y seremos, un aguantadero, un redil de almas turbias, el barco de los malditos, un rejunte de blancos cevés y negros prontuarios. 
 Vendrán a minarnos de contradicciones, llegarán secándose la pera de fluidos ajenos con el dorso de una mano, se arrimarán a decir lo contrario de lo que dijeron hace diez minutos, derrotados una y otra vez por los archivos, que no, no resisten. Serán -y vas a inventariarlo hasta el cansancio- los que bancaron lo definitivamente imbancable, la claque cesante de estos ladrones, los reidores del ajuste, los Judas que vendieron a tus hijos por menos de 30 denarios y dos sánguches de miga medio secos.

 Pero ¿sabés qué?, ¿sabés qué? (imito a Cristina reiterándose por encima de los cánticos), ¿sabés qué? Nos vamos a juntar para derrocar a Macri, para sepultarlo debajo de una parva de votos; a él, a Vidal, a todo lo que representan cada une de estes soretes que gobiernan, más los maraños que flotan en sus medios afines, más los círculos rojos del orto, más los fondos buitres y les economistes hijes de una estación espacial llena de caca de chihuahua que se empoderaron de la patria como una garrapata gigante que te seca la sangre y te lleva colgando como un trapo convertido en objeto transicional. 

  La que se viene es una poronga descomunal que nadie desea, es la poronga más siniestra que a ningún gobierno le habrá tocado nunca domar. El default estará en el horizonte; nos correremos dos pasos, el cobrador se nos vendrá en moto, tranqui a 150, con una cimitarra. ¿Para qué servirá el fantasma del default? Pues para correr, para esquivar, para hacer de todo menos volver a ajustar sobre los que menos tienen, sino al revés, para que paguen ellos, los que la fugaron grosa, los que la levantaron en pala y los que desde el fmi tiraban dólares a este incendio del que sólo querían salvar a este inepto que nos enchufaron de presidente 4 años. Y en el mientras tanto intentar, al menos, que el corazón económico del mercado interno vuelva a latir, que es decir levantar persianas de fábricas, que es recuperar la capacidad de consumo, estimular las economías regionales. Esas cosas.
Lo que se dice una locura,
lo que se dice una locura de raigambre peronista,
peronistoide, neoperoniste permacultural, panperonismo, panparapapá

Vos no.
Vos mantenete así impecable, cuidá los zapatos que no se enchastren, alejate de los chorizos que explotan, atenete a la letra del ya rancio libreto gorila, quedate gritando que el cuervo larroque una vez te empujó, seguí ahorrando en carne lo que se lleva la boleta de la luz, buscando pebeíses robados, que a lo mejor están en tu patio; hacé un pozo, que te ayude el pitbull.

Sos la reserva moral de la patria, 
aunque te haya chupado un huevo la mala murga de Comodoro Py. 

Sos todo lo que está bien, excepto ganar.

 Ganar, en este suelo sembrado por el aguacero de la derecha, formateado por el goteo pertinaz del desprecio y el odio hacia los pobres, implica arremangarse para predicar en medio del barro podrido, convencer de la conveniencia de otro rumbo (de uno donde sí quepa el otro) a los cegados por el odio, a los que prefieren -como acaso vos- apostar a gobiernos decididamente macabros que los hambrean, antes que dar el brazo a torcer de su lectura adrede contaminada de la historia.

 De este lado ya nadie sostiene que el pasado fue perfecto. Pero algo de muy bueno debía tener para que en tantas heladeras hubiera queso, para que se hayan vendido tantas heladeras, para que se hayan puesto satélites en órbita.

 No nos une el amor, amigue, nos une el espanto. Es una unión tan olorosa que -lo sabemos- vamos a respirar por la nariz. Pero el fin justifica estos medios (qué otra cosa justifica los medios sino los fines). El fin es que no tengamos a la mitad de les niñes por debajo de la línea de pobreza, jubilados disimulando que no toman la pastilla, muriendo, para que coma su familia, discapacitados abandonados en colchones, deudores de créditos uva ahorcados por la deuda, autos definitivamente abandonados, personas cagándose de frío, yendo a vivir a la puta calle.

 Qué vas a hacer, impoluto, te pregunto con impostado respeto, ¿meternos la pata para que no seamos nosotros los que ganemos, porque acaso tenemos una parte de los blasones manchados? 
Dejate de joder. El Perro del Hortelano, que no come ni deja comer, que no gana nunca, porque ganar es perder, ganar es perder ese himen de la pureza política, que sólo se mantiene intacta porque no coge ni pretende hacerlo, porque nadie es merecedor de semejante regalo, que de tan guardado se convierte en reliquia.

 Política es barro, porque la gente lo es, al menos en Argentina. Tal vez los nórdicos, ahítos de hidrocarburos y estabilidad estatal, puedan librarse de estas mugres, cerrando a veinte candados la suciedad manifiesta de los inmigrantes que les tocan timbre. Blancos, puros, radiantes, en su barrio privado de escuelas sin materias y con excelentes resultados. Acá motochorros, banquerochorros, pseudoperiodistas que arman operetas en la casa, fiscales que no van a declarar, provincias feudales. Y, también, el discurso de la anti política, que en aras de librarse de los imperfectos en los cargos electivos, entronizan a los mercaderes del templo, a esos a los que no vota nunca nadie. De dónde salen los Hitler´s o los Bolsonaro´s, sino de los que abjuran de la política por imperfecta.

Dejá de hacer papelones con tu bandera solitaria. 
Si de este lado, del lado de este rejunte de sátrapas y probos, se consiguiera el triunfo sobre esta gavilla de ceos cambiemitas, que no te encuentre festejando por dentro por la derrota del macrismo, que no te encuentre en tu casa o en el club de los puros que no hicieron una mierda.

Después vemos, después depuramos y enderezamos, después pasamos lavandina, después decapitamos a Robespierre. 

Dale, que lo urgente se nos juntó con lo importante.



domingo, 9 de junio de 2019

Apología del gato



  Yo era como usted, también miraba con cierta apenada extrañeza a los amantes de los gatos. Locos, locas, enfermos de soledad, rendidores de pleitesía a esos bichos peludos, alergénicos y apáticos; me reía de esos patéticos inventores de atributos para estos -a fin de cuentas- meros animales que se reproducen como plaga y asoman por paredones.   






 Ahora pertenezco a los otros. 

Adopciones

  Un día nos trajimos a Chaplín (por un rato se llamó Silvestre, pero lo rebautizamos Chaplín, así con acento en la í, porque parecía llevar traje con chaleco negro y pechera blanca, y porque justo estábamos viendo películas del genio), lo trajimos en una caja de zapatos, en el viaje en remis más tortuoso que yo recuerde. Lo acepté porque antes lo había aceptado de manera teórica, en un tren de hipótesis que no iba a salirse nunca de la estación. Pero los gatos nacen, y este bicho negro bellísimo necesitaba un hogar, porque "Valen ya tiene muchos y ahora está viviendo en la casa de sus abuelos" y entonces mi aceptación previa se la dio contra el hecho-gato-concreto, contra su materialidad maullante, de adónde carajo me llevan.

   Otro día, ya en este gobierno de mierda, Natalia hizo una colecta en la oficina. Alguien había rescatado una gatita medio muerta, porque otro alguien le había dado una patada y la había dejado tirada con las tripas para fuera. La chica rescatista no tenía plata para pagar la veterinaria, y entonces la ofrecía por las redes a quien pudiera hacerse cargo. Y mi chica no pudo con su genio progatuno y se la trajo, primero a la ofi y después a mi casa, porque así convaleciente no convenía una convivencia con sus otros hijos bigotudos, apoderados de su respectiva vivienda. La llamamos Zamba, en homenaje a una Zamba suya anterior que alguien, también, molió a palos. Como Lisa y sus Bola de Nieve, ésta sería Zamba II.  Al final se quedó a vivir acá (siempre sospeché que era la idea desde el principio), algo que agradezco tanto.

  Chaplín estudió a Zamba por dos días, de lejos, desde las antípodas del departamento, tratando de entender de qué iba ese pequeño ser que empezaba a salir del post operatorio para comer de su plato y mear en sus piedras. Hoy se lamen, se corren, pelean y duermen juntos. Y nada más. Porque Chaplín fue castrado después de haberse tirado del tercer piso dos veces en busca de ponerla; ahora es un Inmaculado.

Apología del gato

 Nada de lo que pueda decir será original o nuevo, pero lo voy a decir igual, aunque el amor se explica solo.

  Es su independencia, su singularidad, su honestidad afectiva, su búsqueda pertinaz del placer, su indiferencia, la falta de etiqueta, su egoísmo devenido en mutualismo, su culto incompartido al sol, una perfecta fotogenia que me es ajena, esa mirada pretendidamente profunda, la suavidad de sus pelos, su instinto cazador, instinto resistente a milenios de comida asegurada; el imperio de sí mismos, su amor por las cajas y por divertirse, mientras trato de hacer la cama sin que me rompan las pelotas.

 Con amor o con familia, pienso que en el fondo todos estamos solos y contemplando nuestra profundidad. Los perros no lo entienden tan bien como los gatos, los perros se empeñan en que seamos sus compañeros de equipo, como si una maestra por sobre nuestras especies nos encargara un trabajo de a dos. Con vos, con vos, vos y yo, parecen decir los perros a los saltos. Los gatos no, ellos proponen que cada uno haga su parte y que después las juntemos, a la hora de dormir o a la hora de ver la tele, más que nada porque tengo frío. 

Y uno sospecha que siempre llevan ventaja, pero se rinde, se rinde y comparte el calor y los acaricia, 
porque los gatos son los seres que a los humanos no nos dejan ser desde que nos meten a una escuela.


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El rinoceronte, de Eugene Ionesco (fragmento del monólogo de Berenguer)

"Berenguer: (…) No hay otra solución que convencerlos… ¿Convencerlos de qué? Y las mutaciones, ¿son reversibles? Sería un trabajo de Hércules, por encima de mis fuerzas. En primer lugar, para convencerlos, es menester hablarles. Para hablarles, tengo que aprender su lengua… O que ellos aprendan la mía. Pero, ¿qué lengua hablo yo? ¿Qué lengua es la mía? ¿Es español esto? ¡Sí, debe de ser español! Pero, ¿qué es el español? Puede llamarse a esto español, si se quiere, nadie puede negarlo, yo soy el único que lo habla. ¿Qué estoy diciendo? ¿Me comprendo, es que me comprendo? Y, como decía Daisy, ¿serán ellos los que tienen razón? (…) ¡Estuve en un error! ¡Ay, quisiera ser como ellos! ¡No tengo cuerno, ay de mí! ¡Qué fea es una frente lisa! Me haría falta uno… o dos para realzar estas facciones fofas. Puede que me broten, y entonces no me sentiré avergonzado, podré ir a reunirme con todos ellos. (...) Me remuerde la conciencia, hubiera debido seguirlos a tiempo. ¡Ahora ya es demasiado tarde! ¡Ay de mí, soy un monstruo, soy un monstruo! ¡Ay, nunca llegaré a ser rinoceronte, nunca! Ya no puedo cambiar. (…) ¡Pobre del que quiere conservar su originalidad!"

martes, 4 de junio de 2019

 Adquirí un hartazgo y tengo que alimentarlo. Porque sé cómo funcionan: aparecen como el justo complemento que precisa mi depresión para emerger y después se van, dejándome funcional a la misma farsa de la vida que vino a enfatizar el hartazgo. Son fugaces e intensos, una epifanía acerca del sinsentido de la vida, una proclama sobre la tragicomedia del vivir, un masivo derrumbe de las máscaras con las que interactúo. Todos se ven tan reales. Algunos son huecos, algunos son jodidamente falsos, con lo que las máscaras caídas revelan otras mascaras. Yo mismo soy un farsante, contenido de decir lo que pienso, tragando toneladas de ingeniosos insultos que mi cabeza harta va urdiendo. Me porto bien, me comporto como si la estupidez no fuera ese gran elefante que está en la habitación y nadie nombra. Huele la bosta del paquidermo, barrita la bestia, se baña con chorros de diplomacia que escupe por su flexible nariz.
¿Sabemos los importantes que vamos a morir? ¿Lo saben ustedes, llenando el espacio con pantomimas de inmortalidad?
Los veo enfermos de importancia, los veo adueñados de la tierra como si la tierra no fuera a tragarlos, los veo danzando a mi alrededor como muñequitos con los que jugara el hijo caprichoso e idiota del supuesto creador.
Me pesa, me pesa el papel autoasignado en la tragicomedia. Me pesan los años trabajados. Me pesa la comprensión de una existencia que cada día noto más fugaz. Me pesan conocimientos coleccionados, errores cometidos, amores mal amados. Me pesa el devenir, el cansancio vital de la consciencia, me pesan la multiplicidad de vidas no vividas, la estrechez de la vida presuntamente elegida (uno elige la vida tan mentirosamente como es dueño de su destino en el espejismo capitalista), me pesa la vida (voto a Heidegger) inconsciente, me pesan las personitas burguesas que pasan por delante de mis ojos, que son toda potencialidad hasta que estacionan el auto con su pareja y con su perro.
El hartazgo llega y lo relaciono con la náusea, libro que nunca leí pero sospecho. La náusea por nuestra impericia al tallar el futuro. Debí ser más fuerte, debí ser más vehemente y enfático. Debí haberme aprovechado de la docencia para armar huestes de conquistadores de utopías. Debí haber escupido fuego, debí haber encendido fogatas, debí haber comandado un ejército de ángeles que se roben el cielo.
En cambio he sido funcional, me fui constituyendo en otro más de los simuladores, de los actores de la trama de lo que se espera. Nacer, ir a la escuela, elegir un camino, aprender a coger, aprender a amar, aprender a que te rompan el corazón y a también romperlo. Tomar el trabajo que se cruce, cumplir el horario, ser dócil, esperar el viernes, esperar el sueldo, esperar las vacaciones, esperar las llaves de la casa, esperar los hijos, esperar su llamado, esperar el amor que poder arrastrar a la propia vejez, ese que no te dejará sólo o sí lo hará, esperar la revolución, esperar el hombre nuevo, esperar los mundiales, esperar que siga la serie, esperar los turnos electorales.
Y yo en la espera imagino pinceles, y yo en la espera fantaseo con estar a la vera de un arroyo comiendo criollitas con paté.
Nada llega, nada se completa, nada se detiene, nada se queda como es.
Esperaba ser más bueno, esperaba más bondad, esperaba haberle ganado a este mundo hijo de puta, aunque sea un poco, tomar mi cuartel de La Moncada, cruzar mi cordillera, sobrevivir como náufrago en una isla, conducir a las masas a la panadería, abrir la boca y revelar el revés de la trama.
Pero soy tan solo un tipito que atardece en el sencillo caminito de la vida que cree haber elegido.
Ese es el hartazgo y a la vez la depresión, un perro que se sacude el barro pegajoso del destino. Soy un hombre en la búsqueda vana del sentido, amontonando palabras en una noche de viento (tal vez no lo sea, cualquier viento se oye huracanado por las ventanas de mi casa), en una noche de whisky y una seca, en la noche que cierra un par de días con la cara desencajada e incomprensible, inescrutable incluso para mí. Cómo es, cuando llegan esos hartazgos y se me adueñan. El mundo manda emisarios para sonsacarme información que será compartida entre los que me vieron pasar y se preguntaron qué carajos me pasa. Sonsacarme a mí, que no quiero decirme las cosas ni siquiera a mí.
No me sonsaquen, contemplen, también ustedes, por un instante, la vida, como si no fuesen eternos. O sólo hacen balances los 31 de diciembre.
Lo más extraño de todo es que, así como lo veo tan trágico, lo veo también chistoso y divertido, veo el arte general, sus formas y colores de esta comparsa que llamamos la vida.

lunes, 27 de mayo de 2019

Al fondo que hay lugal

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  Como a japoneses en un subte, en los tiempos por venir nos van a empujar hacia el centro del espectro político. Oriundos tanto de las estaciones de la izquierda como de la derecha, este embutido en vagones variopintos, ajenos a nuestras respectivas tribus, estará signado por el asqueroso tufo de lo alterno, del olor a caca disimulado a fósforo de los que suban con un pasado repudiable.

  Entiendo que este apretuje será más incómodo cuanto menor sea el tiempo que llevamos  cada une comprendiendo las lógicas peronistas. Y ni hablar si el bagaje peronchoide que se lleva se limita a la figura de Cristina, ahí se puede complicar. Del acto del sábado, del spot que se armó con imágenes de ahí y de cierta actitud de la propia CFK, me voy haciendo la idea que van a "nestorizar" y a un tiempo "descristinizar" la campaña. Y no sólo desde el discurso, lo que hará más difícil el tenedor libre de batracios que lleguen en consecuencia.

  Es como que han puesto un deck por encima de la subgrieta panjusticialista, a ver quién cruza antes de que se cierre el portal. Lo fascinante de la política es que varias hipótesis (totalmente contrarias entre sí) podrían caber por igual. Lo loco es que me hallo cruzando los dedos para que se avenga a ser candidato a gobernador de este lado la rata rafañosa de Sergio Massa, bazofia de la Embajada al que me juré cortarme el brazo y la chota antes que votarle.

  Un poco se llama Realpolitik, otro poco pragmatismo y tiene mucho de desesperación. Esto no se trata de los colores más bonitos o que los candidatos sean representativos. Se trata de romperle el ojete a votos a Macri en Octubre, de ganarle en primera vuelta con los muñecos que se puedan juntar.

  El tema es después. Se dirá, con Pichuco, qué importa del después. Pero a cada rato perdemos de vista que lo que está en juego no es, exclusivamente, un resultado electoral. Lo que está en juego es qué medidas se van a tomar para salir de este incendio mezclado con terremoto e inundación. Ahí, recién ahí, en diciembre, es donde pueden empezar a aparecer las piñas dentro del vagón. Porque quiero creer que este rejunte es un truco para que piquen los indecisos, no una resignación previa de los objetivos de máxima que llevamos en el pecho. Ejemplo: la DEUDA la tienen que pagar ELLOS, los que la juntaron en pala en estos tiempos. Patada al Fondo (racional, a la otra sólo la puede conjurar el FIT, porque sabe que no va a ganar y como siempre se da el lujo de boquear que son bravísimes), soberanía económica y política para salir de este desastre al que nos empujó el organismo sosteniendo al idiota.
  Porque no quisiera creer que estamos edulcorando una pastilla que termine siendo un placebo. Como aquella anécdota atribuida a Einstein. Dicen que daba una charla en la que explicaba su Teoría de la Relatividad General y que al final preguntó si la entendían. No la entendían. Empezó a explicarla de otra manera, más simple. Seguían no cazando un palo. Volvió a explicarla a prueba de pelotudos. ¿Ahora la entienden? - Siiiii. Bueno, ya no es más la Teoría de la Relatividad General.

Que no nos pase. Sinceramente ahí nos bajaremos muchos.

lunes, 29 de abril de 2019

Tanito

 Hay un señor de mi barrio que me da lástima. Qué sentimiento ambiguo ese, aunque más bien se tiene a la lástima como una de las formas del desprecio. Te tengo lástima, me das lástima, sólo siento lástima por vos. Pero yo no desprecio a ese señor, no lo menoscabo, no le quito ninguna dignidad. Sólo me embarga cierta tristeza al verlo, me da lástima.
  Hoy es otoño y a las cuatro de la tarde esperaba yo el 591, que según la app iba a llegar en cinco minutos. Y venía el hombre, bajando la cuesta, proyectando por delante una sombra larga.
 No sé nada de él, y a la vez algo sé, es un petiso de la baja italia. Hay un caoba tapando las canas de su pelo corto y débil, de un pelo apenas encrespado, coquetería que me resulta extraña para un tanito siciliano de más de 60. Ropa enorme, campera amplia, pantalones anchos. Lentes marronáceos también, a lo Nicola Di Bari (¿será di Bari?); lo vi de frente cuando giró para esperar, más allá, el mismo colectivo.
  Pasó delante de mí, bajó la loma tirando de una mochila con rueditas, haciendo el ruido de las ruedas gastadas, pensadas para un uso menos intensivo, hecha para escolares. Pasó y me dio esa lástima inexplicable de un desarraigo fuera de tiempo. Porque ya no quedan inmigrantes que lloran por el terruño, creo que ahora tarjetean; aunque no sé, como está el dolar. Como sea, ahí iba bajando con su andar cansino y sus hermanos allá lejos, su tía moribunda a la que jamás volvería a ver, el pueblo que lo vio nacer arruinado por la picota del progreso mercantilista, Mussolini muerto.
   A veces van en yunta con su hijo, una especie de clon de unos 20 años. Es un clon renegado, que se afana por ser cool e intelectual. Tiene otro corte de pelo, uno que le hace la cabeza más geométrica y altiva. Lleva siempre un morral en bandolera....sobre sus ropas también holgadas. El mismo caminar, la misma forma a la distancia, el mismo andar que le dará el tiempo, dos versiones de un mismo arquetipo. Los veo juntos y veo un profundo amor de padre e hijo que no necesita ampulosidades, pero ahí está, y veo la piccola vergogna de lo antiguo y lo moderno, esa vergüenza soterrada y a la vez culposa que dan, damos, los padres.

Entrada destacada

La chica que leía en la parada del 91

     Fui descartando cosas que podría decirle. Cuando subí al 591 me fui con la frase definitiva sonando en mi cabeza: Hay un fusilado que...