Cuando estalle la última burbuja del hombre hecho de burbujas con el corazón podrido de carbón, cuando se disipe la nube de polvo que deja a su paso demoledor, cuando nos lavemos la cara con el agua de empezar de nuevo, cuando la noche no sea una travesía, conciliemos el sueño, equilibremos nuestra caja de ritmos toráxicos, no nos mate una factura de la luz, no nos duela este dolor sin remedio. Te espero con crayones, acrílicos y cartulinas, te espero con guitarras, con bajos y flautas traversas, te espero a danzar entre los escombros, te espero a desenvolver ilusiones que parecían muertas, para celebrar la sorpresa de haber sobrevivido. Quiero que nos odien como nunca, los quiero como caracoles con sal, manando espuma, indignados arrancándose la piel, mascullando, maldiciendo, agitando sus paraguas, quiero a Mirtha enojada aunque sea en forma de marioneta inerte. Que digan arriba que reabrimos la grieta, que digan lo que quieran, que se inventen escenarios apocalípticos, a...
Comentarios
Yo estoy en esa situación.
Más no lo haré en atención al buen gusto ( bueno, no tanto. Si así fuera ni siquiera hubiera dado origen a este desatino epistolar-virtual), tratando de evitar, al menos, ser tan previsible.
No es muy largo ni complejo lo que tengo para exponer.
¿Se da cuenta que sin nombrarlo usted atina con el nombre del réprobo escenario al que me refiero? Deduzco que usted lo tiene en la misma estima.
Y no, no nos encontraremos por allí. Yo no iría a ver danzar a Maximiliano Guerra en Kongo Bongo, como tampoco iría a escuchar a Galeano leer sus relatos en el Comunitario de la 39 y Friuli, por dar solo dos ejemplos.