Lo malo de creerse un rey sin corona es que la vida se empeña en decirte que ningún reino te pertenece.
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Anónimo ha dicho que…
A veces el la constancia convence a la vida que el reino se merece. no es facil ,pero llega la recompensa. ánimo y como decía el che :hasta la victoria,siempre. ¿que pasó en la reunión del puente, por que no está la entrada al blog? besos. Nélida
Anónimo ha dicho que…
Lo malo está en creerse rey. Si además se le suma el consciente conocimiento de la carencia de los pertinentes atributos, en la matinal exposición diaria, el espejo vomitará el reflejo de un patético fantoche, que provocaría la execración de cualquiera que se anoticiara de la petulante aspiración. Entonces no es la vida la empecinada en indicarnos que estamos ayunos por completo de posesiones y súbditos. Es la propia conciencia, que como divina condena, nos acomete y arrostra, inclemente, tal mediocridad. Ni aún del leve mantillo de tierra que finalmente lo cobije, es digno el pedante.
Aún si uno tuviera corona, aún si realmente fuera Rey y dominara un pedazo de territorio en forma omnímoda... debe ser duro para esa gente saber que un viejito rotoso llamado Tiempo los espera sentado plácidamente, sabiendo que sin lugar a ninguna duda el día llegará en que se los lleve, y no puedan llevar con ellos ni medio metro cuadrado de esos dominios que creyeron poseer...
Querida Seño Eugenia: Te agradecimos personalmente. Pero decido escribirlo, acaso para poder expresar mejor la dimensión de este “gracias”. Todos hacemos lo nuestro. Cada quien con su ocupación, con su trabajo, hace lo mejor que puede. A veces ponemos más ganas, otras menos. Y por cierto los agradecimientos no abundan, no es más ni menos –entendemos- que la responsabilidad que nos toca. Pero a vos sí queremos decirte gracias. Porque de todos los trabajos que existen, el tuyo tiene que ver con nuestra mayor riqueza: nuestros hijos. Y cada día del año dijimos gracias. Hoy, ya en la despedida, juntamos esas gratitudes para que te las lleves, para que tengas constancia de vos misma, de lo que pudiste generar en cada una de nuestras familias. Son pequeños gestos, tal vez. Contarnos que “hoy le dolió la panza”, que “hoy no quiso hablar”, que “se siente triste”, que está contento. Pequeño reporte cotidiano de nuestros pequeños, desde alguien...
Me gusta el idioma. Para mí, que nunca salí del país, que ni pasaporte tengo, el idioma es un universo que me propuse conocer en todos sus rincones. Cada palabra incorporada es y fue un sello de visita en esa recorrida por los confines de la lengua. Desde ahí, y al querer también explorar las infinitas combinaciones en que juegan las palabras y se estructura el pensamiento, la llegada a la lectura era un sólo paso inevitable. En mi casa había una biblioteca. Como todas, tenía libros propios de mis viejos y otros libros heredados. Las bibliotecas son países aluvionales, abiertas a la inmigración extranjera, donde todos los libros conviven en armonía, lidiando por darse un color de identidad, muchas veces sin encontrarlo. Me levantaba en patas, después de haber terminado alguno de la colección Robin Hood o la Billiken, viendo qué otro mundo podía conocer. En esa biblioteca tenía varios montes Everest que me gritaban desde prosas impenetrables que todavía no est...
Últimamente tomo con los gatos pequeñas lecciones para ser. Y no es otro panegírico gatuno, si tuviera un perro o una paloma, supongo que me enseñarían igual. Tal vez ellos, los gatos, campeones del hedonismo y del estar o no estar ahí, sean más enfáticos. La gata, ahora que el año empieza a frenar, me encuentra acá, se me sube, me pone las manitos en el pecho y echa su cuerpo encima de ellas con los ojos cerrados, con gesto de infinito. No tenemos que hacer nada, no hagas nada, no te levantes, no te estires a buscar el teléfono, enfocate en este instante que no va a repetirse. Y finjo entender aunque sepa que me levanto pidiendo perdón por estropear la clase de zen gatuno, que me levanto, que tomo café, que me pongo las zapatillas, que me voy y vaya a saberse cuándo vuelvo. Ellos (Chaplin y Zamba) lo van a volver a intentar, es su vocación docente. -Los gatos tienen la intención de enseñarnos que no todo en la naturaleza tiene un propósito.-Garrison Keillor. E...
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no es facil ,pero llega la recompensa. ánimo y como decía el che :hasta la victoria,siempre.
¿que pasó en la reunión del puente, por que no está la entrada al blog?
besos. Nélida
Entonces no es la vida la empecinada en indicarnos que estamos ayunos por completo de posesiones y súbditos. Es la propia conciencia, que como divina condena, nos acomete y arrostra, inclemente, tal mediocridad.
Ni aún del leve mantillo de tierra que finalmente lo cobije, es digno el pedante.