Buscar este blog

lunes, 22 de noviembre de 2010

13 comentarios:

Anónimo dijo...

Perdón que altere el orden aquí establecido, pero es de esperarse que un elefante no sea muy cuidadoso en una exposición de cristalería, pero el pobre bicho no puede evitar ser atraído por las maravillas mostradas.
Yo estoy en esa situación.

Anónimo dijo...

Este es un ámbito de expresión y lucimiento, tanto para su anfitrión como para sus ilustrados concurrentes, excepción hecha sobre los paquidérmicos curiosos que atinamos tan solo a chusmear eventualmente (¡que solo me encuentro!). Pero desde un tiempo a esta parte he podido comprobar con cierto desasosiego, que la concurrencia ha mermado en una forma tal, que las más de las veces, al ingresar, me inunda la sensación de disponer de todas las butacas en una gran carpa de circo abandonada, de donde se ausentaron los actores, y tal vez en piadosa alianza, el público.

Anónimo dijo...

A veces encuentro, como en esta ocasión, algún cuadro colgado de estrafalaria belleza, de inexplicable atractivo, pero tan solo un cuadro. Que es como ir al circo y hallar en el centro de la arena una gran obra para mirar, quieto, callado, solo.

Anónimo dijo...

Lo esperable es que en este punto pregunte ¿a dónde se han retirado el anfitrión y sus contertulios, que tan gustosas jornadas supieron provocar?
Más no lo haré en atención al buen gusto ( bueno, no tanto. Si así fuera ni siquiera hubiera dado origen a este desatino epistolar-virtual), tratando de evitar, al menos, ser tan previsible.

Anónimo dijo...

Si en cambio puedo exponer un parecer íntimo, que creo explica el motivo de la desertificación de este otrora fresco y perfumado vergel de encuentro.
No es muy largo ni complejo lo que tengo para exponer.

Anónimo dijo...

Colijo que se trata simplemente, lamentablemente, de la competencia desleal que le opone ese gran cartelón callejero que, con ínfulas de vehículo de comunicación social, atrapa frases y personas, con la misma delicadeza con que una pala mecánica alza ingentes volúmenes de tierra, cascotes, plantas y animalillos; impávidos por la repentina levitación de sus escondidos hogares; creyéndose vehículo de transporte y construcción urbana.

Anónimo dijo...

Ese gran pizarrón callejero por donde cualquiera pasa y prende con una chinche su comentario, frase o rebuzno, ofició de nefasta aspiradora para que este sitio se encaminara hacia la categoría de páramo.

Anónimo dijo...

¡Qué lástima! Por aquí uno podía observar y aprender, conocer alguna nervadura sensible, que el anfitrión o algún convidado asistente, expondrían con pudor, pero sin temor a la vergüenza. Cualquiera, hasta los que exhiben una ilustración inversamente proporcional a su paquidérmica naturaleza podían animarse a ensayar alguna frase. Y eso también habría sido un desnudar pudoroso de la intimidad, con el riesgo a equivocarse, si, pero sin el temor a la mofa, ya que no asisten los truhanes a tales foros.

Anónimo dijo...

En cambio hoy, todos aglomerados frente a ese cartel callejero, asistiendo a un cotorrerío multitudinario donde solo se permiten cortas frases, se embarullan. Tal vez se vierte alguna que otra reflexión. La que si aparece colgada en este sitio, se podría sostener que no tuvo buena fortuna, no es el lugar adecuado para el desarrollo de pensamiento. Pasa mucho pelagato que vilipendiará cualquier elaboración mental que no sea afín con sus gustos por bailes denigrantes, o picanas para la policía. Con prestar algo de atención a los que concurren a esta romería se pueden descubrir a impresentables ensalzando no sé a que damas ataviadas de blanco, en tanto denostan agriamente a valientes madres huérfanas.

Anónimo dijo...

No, yo paso. Prefiero asistir en soledad a la contemplación de estos cuadros que no puedo explicar, pero que dialogan y se entienden muy bien con el espíritu. Además aún resuenan algunos ecos amistosos de voces amigas por aquí.

Anónimo dijo...

¡Ah! Faltaba la firma. No hace falta, el cuadro igual me sonríe.

JorgeK dijo...

Sergio, no estás solo. Así que haceme el favor de vestirte y guardar el decoro. Después de eso sigamos hablando de cómo nos absorbió, ciertamente el facebook, al que más temprano que tarde has de concurrir.

Anónimo dijo...

Primero y principal: quién dijo que me llamo Sergio, y segundo y pricipal no me mande a vestir pues no estoy desnudo. Tengo calzas un tanto ajustadas.
¿Se da cuenta que sin nombrarlo usted atina con el nombre del réprobo escenario al que me refiero? Deduzco que usted lo tiene en la misma estima.
Y no, no nos encontraremos por allí. Yo no iría a ver danzar a Maximiliano Guerra en Kongo Bongo, como tampoco iría a escuchar a Galeano leer sus relatos en el Comunitario de la 39 y Friuli, por dar solo dos ejemplos.