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martes, 26 de febrero de 2013

Are you ready?



Alguna vez estamos preparados?
Ni de modo individual ni de modo colectivo parecemos estar preparados para las circunstancias que se nos presentan. Cada cambio en nuestras constantes vitales, nos muestra ensayando nuevas respuestas. Como dice el dicho “cuando teníamos todas las respuestas, nos cambiaron las preguntas”.


 En el ámbito personal, nadie está suficientemente preparado para: casarse, ser padre, asumir fallecimientos cercanos, separarse, quedarse sin trabajo, enfermar. Las variables son traumáticas siempre, aunque a priori se puedan suponer como “buenas noticias”:  quedar desempleado puede ser una catástrofe y pasar de la noche a la mañana a ser millonario, también.
  Pero me interesa verlo en el plano de la sociedad. De las mil cosas que podrían mencionarse, me quedo con unas pocas.
 La educación de nuestros chicos, el andamiaje burocrático y pedagógico que llamamos Educación y que tuvo en el país su lanzamiento con la Ley 1420 (hace 130 años), no está del todo preparada para integrar a su diseño curricular la revolución tecnológica de las comunicaciones. Hay intentos, hay esfuerzos…pero el noventa por ciento de los docentes somos analógicos, con alumnos digitales. Temprano para decir si mejores o peores, pero no para afirmar rotundamente que pertenecemos a culturas diferentes.
 Otro ejemplo. Las casas se siguen diseñando para las familias de hace tres décadas. Casi todas tienen un comedor separado de la cocina. Allí se intenta poner la mejor mesa y la mejor decoración para ambientar comidas que se sirven cuatro veces al año como mucho. Es en su hermano bastardo, el comedor diario, donde pasamos todo el tiempo, donde se desarrollan las vidas familiares de verdad, siempre con horarios ajustados, siempre yendo y viniendo a los pedos.
 Y me acerco a lo que me motiva a escribir esto. Las ciudades. Las ciudades no están preparadas para tantos autos, por ejemplo. El día que se diseñaron (si es que hubo un día, sacando a la ciudad de La Plata, en que alguien se las puso a diseñar) teníamos tranvías, caballos por todas partes, mucho olor a bosta y algunos pocos autos. Los sistemas de transporte público tenderán a ser cada vez más deficitarios, cada día habrá menos espacio para estacionar y cada día más choques porque no estamos preparados para ser las ciudades DE los autos. No CON, DE los autos.
 Por último, los intendentes no están preparados para que llueva. O sea, sí, están preparados para que llueva, pero con la lluvia de cuando yo era chico. Pero como a la lluvia se le da por caer como se le canta, los alcaldes de todo el país (y por qué no del mundo todo) conforman un coro con uniforme de pilotín amarillo en donde entonan su himno intitulado “Nadie esperaba que lloviera así”. Después del chubasco que barrió medio distrito, se sacan el impermeable y van a firmar un acuerdo de cualquier cosa, munidos de sonrisas y corbatas. Hasta que se viene la maroma de nuevo.
  Algo me dice que las conclusiones que nos repetimos bajo los aleros son verdades. El clima cambió. Pero no es que cambió como puede cambiar un amigo en un mal día y al siguiente empieza a ser el mismo. No! Es otro! Como si al pelado le hubiera crecido pelo, como si hubiera cambiado de sexo a nivel cromosómico. Pero lo que tiene la lluvia es que en algún momento para, el agua se escurre y vemos qué foto colgamos en Factbook para cubrir nuestra egocéntrica demanda de Me gusta. Los caños siguen siendo los mismos, los árboles siguen conviviendo con los cables, etc.
  También creo que los meteorólogos saben mucho menos de lo que necesitaríamos que sepan. “Puede que haya vientos fuertes”, dicen, y se nos vuela la catedral. “Con alguna presencia de granizo”, dicen, y la estatua de bronce de San Martín se nos abolla hasta quedar como Toulouse Lautrec. Y los vidrieros y los chapistas y los vendedores de lunetas para coches y los de seguros estaban poco preparados.
Jorge Köstinger

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