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Lunar


  Me he quedado mirando la luna, esas veces en que está llena, me he colgado de ese brillo ajeno. Porque si la luna brilla es porque de otra parte la ilumina el idiota sol. La luna es la vida trascendente, el sol es la vida obvia y pedestre, la luna hace nacer y el sol me hace transpirar. Me he colgado de la luz de la luna, y pensé si en ese mismo momento un jabalí en medio del monte no estaría también mirando la luna a punto de descubrir alguna verdad como yo estaba por descubrir y al final no. Y también más de una vez me pregunté si un niño ucraniano habrá mirado la misma luna cuando en ucrania era de noche, si se habrá preguntado si una serpiente miraba la luna en ese momento, olvidándose de los ratones, asomada su cabeza fuera de la cueva, llenos sus ofídicos ojos de esa luz que ahora estoy mirando y se mete por la ventana y me enfoca como en un teatro. Porque eso tiene la luna, es un satélite de uso individual. Claro que además sirve para decir románticamente mirá que luna, amor. Pero es para una persona o para una pareja. Por supuesto se da el caso de grupos de campistas que hacen un fogón y cantan canciones de sui generis y canciones de manu chao y fuman  cigarrillos de marihuana y alguno hace mención a la luna, faaaa pero miren la luna. Pero es un grupo, un barco, un taxi, una celda, un machu pichu, individual, eso digo. En cambio el sol es una de esas mierdas colectivas para todo el mundo. Hay sol, hay sol, corramos al parque, lleven heladeritas, matecitos, facturitas, bronceador, paletas, hagamos deportes que hay sol. El sol me causa lo mismo que Punta Mogotes, una asquerosidad que me arruga los ojos.
En cambio la luna, la oscuridad, la noche, la luz tenue, el humo, la niebla, la misma lluvia, me vuelven a mí, me revuelven, me retraen, me llevan dentro, me cae una inspección de mi, pantallas donde proyectar no mi basto universo sino mi bastedad de preguntas acerca del ser y la nada.

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