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lunes, 11 de enero de 2016

Hoy como ayer


Mirá que me llevó tiempo encontrar la respuesta. Ahora calculo que son más de 20 años. 
Yo preguntaba, les preguntaba a periodistas mayores que compartían conmigo el aire, cómo pudieron atravesar la dictadura siendo periodistas, cómo fue que no se enteraron, cómo fue que si acaso se enteraron, no lo decían.
Antes de que me respondan, a mí me sonaba de fondo la Carta Abierta de Walsh, a sólo un año del golpe.

 El señor T, medio molesto ante mi indignación preguntona, me decía (fuera del aire) que no se podía hacer nada, y dejaba entrever que la transmisión de boxeo no tiene nada que ver con la política.

 El señor C respondía en cambio que no se enteró de nada. Y me contó una anécdota para que me de cuenta: "Cuando fuimos a cubrir el Mundial de España '82, veíamos carteles que hablaban de los desaparecidos. Y nosotros todavía pensábamos que era la campaña antiargentina!". En 1982, en 1982 después de la guerra de Malvinas, en 1982 la campaña antiargentina, publicándose la revista Humor.

  Pero ahora me cierra todo, el presente me explica el pasado con mucha claridad.

  En principio, se puede ser un periodista consagrado y al mismo tiempo ser un perfecto ignorante. Eso porque buena parte de la sociedad tiene bajas expectativas en lo que a información se refiere. No quiere noticias, quiere a sus ideas, desea mantener sus prejuicios así como están  Sin ese requisito, al televidente le  alcanza con el show, con estar frente a ese show montado para que pueda creerse informado.
 En segundo lugar, los periodistas, con énfasis en los que se desempeñan ante los micrófonos, alcanzan una cierta forma de prestigio social, aunque ese prestigio no sea validado por sus colegas, digamos, más serios. Les basta con el reconocimiento "de la calle", con los saludos, con su nombre mencionado a su paso. En las ligas mayores escriben libros, aunque siempre les suponga un riesgo presentarlos. Esa posición en la cadena alimenticia, lo que primero les genera es identificación con una clase social a la que no pertenecen. Son el poder, se sienten el poder porque el poder les paga el whisky y los conoce por el nombre de pila. Más tarde o más temprano se hace cierto, se convierten en el poder, son el poder, ni el cuarto ni el tercero, el poder a secas. Y como se sabe, los conversos son los peores, Los periodistas conversos ya no son periodistas ni quieren volver a serlo. Pasan a  formar parte del show pseudo informativo que conviene, ahora sí, a su casta. Entonces distorsionan, falsean, inventan redondamente, ocultan, censuran, ya ganados por intereses (para ellos)  muy superiores a los de esta profesión.

  Llegados allí, qué les pudo haber costado decir que unos muertos con orificios de bala en la espalda fueron abatidos en el marco de un enfrentamiento entre las fuerzas armadas y una célula terrorista.
 Qué les costó enmascarar el exilio de un artista, remitido a un simple "radicado desde hace algunos años en el exterior".
 En cuánta amoralidad sentían incurrir al mentirle al pueblo, al decir que íbamos ganando una guerra que se sabía perdida.

La respuesta siempre es Nada.

Como nada es lo que pagan por seguir mintiendo en democracia, diciendo que está mal lo que está bien o diciendo que está bien lo que está para el orto, llenando hojas en blanco con eufemismos, medias verdades y gacetillas de prensa que emanan de las siempre renovadas usinas de la falsedad.

 Y si fueron capaces de seguir ante cámaras después de disimular 30 mil desaparecidos, cómo no van a poder (las mismas personas o sus sucesores, sus hijos, sus nietos) esconder la ola de despidos y la represión policial. Una papa.

Y por supuesto no serán ellos los que aborden el asunto del descomunal andamiaje de monopolización de la palabra que construye el nuevo gobierno.

No dirán nada del despido Víctor Hugo Morales, como no dicen nada de los despidos masivos de colegas,
como no dijeron (o no hubieran dicho) nada de los asesinatos de Walsh o de Paco Urondo.

 En tanto el poder no pase de mano y vaya a parar a esa abstracción que llamamos "gente", los canallas seguirán empoderados, y mentirán para no decir la verdad.

 Quiero creer que en 40 años, ya somos más los ciudadanos que conocemos nuestros derechos, que los imbéciles que disfrutan cuando nos hacen callar.




1 comentario:

gustavo galluzzo dijo...

Excelente Jorge, muy buen analisis, como agregas al final, en 40 años la masa de gente que salio de la trampa, es mayuscula, de manera que hemos avanzado mucho, salvo que maten a un par de millones lo cual veo poco probable.
Hemos acumulado, estamos mas cerca de la victoria final, mientras tanto retrocedemos unos pasos en varios niveles, economia, soberania, justicia social, pero a la larga vamos a ganar, el proceso de liberacion iniciado en el 45 es imparable.
Abrazo.