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martes, 21 de abril de 2015

Hay que refundar la juventud



   Que no decaiga la militancia. Se andan necesitando más chicos que militen. En cualquier cosa, en la iglesia, en los scouts, en partidos políticos, movimientos sociales, en colectivos de arte. Pibes que muevan.
 O se involucran y participan, o tendremos que idear una forma de refundar la juventud.



Porque el sistema* nos la está quitando; esta vez no los desaparece sino que desaparece la batería de valores de los que supieron armarse los jóvenes a partir de los '60: rebeldía, incorformismo ante lo establecido, ganas de quemar el viejo orden, exigencia de lo imposible.

*El sistema que es un Hidra de mil cabezas, y que no se puede decapitar porque es acéfalo.
El sistema que no tiene una oficina central llena de villanos en una mesa, planeando la destrucción del espíritu humano.
El sistema al que las cosas parecen salirle de ojete, al que las cosas le salen bien porque cada vez encuentra menos oposición y se puede dedicar una y otra vez a rectificarse por la vía del ensayo y el error.
Ha pasado de moda hablar del sistema, es otro triunfo del sistema. Cuando digo sistema digo capitalismo, digo el orden establecido, el orden mundial, el orden nacional, el orden en sí.

  Tenemos pastillas, celulares, dispositivos electrónicos, reiki, ayurvedismo, marihuana, fernet, fútbol, redes sociales, onanismo y otras formas de evasión.  
Todo para SOPORTAR el orden establecido.
Todo para SOPORTAR un sistema insoportable.

   Bien pensado, de haber una cuartel general del sistema, podrían reducirlo todo a un simple supositorio, cuestión de adicionarle una carga simbólica a eso de meterse en el ojete las ansias de elegir otro camino, entre los muchos posibles, que hoy se nos hacen invisibles.

 Digo que sería lindo que haya más militantes, no menos. Porque vengo observando que los pibes y pibas con alguna militancia son los únicos que demuestran que puede saltarse el cerco con el que los rodeamos, más o menos sin querer.

  Tenemos una escuela que enseña a los niños a adaptarse. A ADAPTARSE, entendés. No a entender y cambiar, no a estudiar la manera de contrariar la supuesta naturaleza que deja a los pobres y a los ricos en compartimentos estancos, no a empujar la movilidad social, atropellarla si se queda quieta, no a prender la chispa de la revolución planetaria por la vía del conocimiento. A lo que más enseña la escuela, es a adaptarse. 
Pero es un tema largo. 
Al que habrá que sumarle a los padres que no dejan crecer a sus hijos para no perderlos como amigos.

  En la era de las comunicaciones, la comunicación habla de si misma, la comunicación es puro entretenimiento, en lugar de la herramienta para la emancipación, un gigantesco par de latas unidas por un piolín, mediante el cual decirnos que es divertido escucharnos la voz. 
En la era de las comunicaciones nos hemos quedado sin mensaje, 
o como dijo Mc Luhan EL MEDIO ES EL MENSAJE. El mensaje es que tenemos medios a patadas, aunque nuestra cabeza se vaya vaciando de quedarnos mirando.

  En este marco cultural ansiolítico, vivo viendo pendej@s que se rinden antes de empezar, vivo viendo cierta juventud descafeinada que me quiere vender abulia por rebeldía.

 Cuando hay un excepción, esa excepción es militante. Me da lo mismo si es K, anti K, groupie de Bergoglio, observador de aves o troskovegano, cuando veo un militante, veo alguien con quien se puede discutir, que en cualquier momento va a hacerlo, que tal vez esté tratando de formarse para servir mejor a su causa. En suma, que se va a interesar por saber en qué mundo vive, porque algo en sus preferencias ideológicas le susurra que hay cambios necesarios por hacerse.


1 comentario:

eduardo wolfson dijo...

Creo que fue Sartre el que dijo "La corrupción es el sistema" La juventud parisina del 68 exigía "La imaginación al poder" Allí lo abstracto, en cambio en el 69, nuestro Cordobazo fue concreto. Hubo una primavera camporista, y al fin la joven militancia vio a Perón en el balcón imponer la democracia de López Rega. Llegaron los milicos, y sin haber hecho nuevos cementerios, se dieron cuenta que el río y el mar servían para sacarse el lastre de los jóvenes militantes. En el 82, se dieron cuenta que en sus mismos cuarteles tenían colimbas de 18. Decidieron convertirlos en héroes peleando una guerra anticolonial, mandándolos a matar antes que se conviertan en militantes, y a los sobrevivientes, dejándoles el horror para los tiempos, para que el suicidio los convierta en osamenta.