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martes, 24 de febrero de 2015


 Por qué la lluvia me hace creer que algo más se puede decir. Será la lluvia o yo viendo llover. Yo ver llover, cae esta lluvia desde un cielo asambleario, multipartidario, contrapuesto. Hay pedazos que atardecen como si no lloviera, hay nubes que prometen agua después, en tanto un gris derramado desde el cénit hasta el horizonte es la pizarra adonde se dibujan los rayos. Y visto desde la ventana, el mosaico de luces de la tarde recompone los verdes del barrio. Todo es lloviendo un poco más intenso, enfático, delineado. De ser insecto, iría ahora mismo a libar las flores blancas del árbol de abajo. Esa foto de perfil las favorece, se ven frescas, abiertas, húmedas. La lluvia es el lubricante de la naturaleza mujer, la lluvia la acuesta sobre sí misma, exalta los colores, las protuberancias, convoca a untarse en el barro, a comerlo. Volaría de ser pájaro, hasta que mis plumas se atrofien y me precipiten, o me queme el cielo. No se por qué no bajo, ahora mismo cuando puedo ser parte. Y en cambio vengo hasta acá, a regar este espacio adonde guardo bellezas que atrapo por el universo.

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