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jueves, 1 de agosto de 2013

Requiescat in pace, Ley de Medios. Ojalá vuelvas como zombi.

Avant la lettre: cualquier consideración que se haga sobre cualquier tema de coyuntura, es pasible de ser interpretada como un velado pronunciamiento a favor o en contra de la totalidad de las acciones de gobierno. Un mal de época. Y no es un mal que se relacione con la ridícula campaña electoral que presenta un supuesto país dicotómico e irreconciliable que hay que re-unir entre Argen y Tina. Nos hemos habituado a polarizar el pensamiento, a empujarlo a uno u otro extremo. Si uno se inclina por cualquiera de ellos, pero encuentra falencias y quiere señalarlas, es acusado de ejercer una tibieza funcional con el enemigo. 
Más o menos lo que dije en otro post. 
Como mucho, puede que se coincida con todo o parte del planteo, pero se dirá que no es el momento más oportuno. Porque siempre estamos en La Madre de las Batallas.
 Alguno me acusa de "libre pensador". Parece que es un defecto. Parece que es la más cómoda de las posturas. Parece que es no jugarse. 
Yo opino otra cosa. Opino que los "no libres pensadores" tienen más oportunidades de conseguir un lugar en los medios, una pauta oficial y apoyo militante profuso. 
Las pelotas por el piso me tienen con la comodidad de ser un "no alineado".

Plus avant la lettre: Nos relajamos y dejamos seguir su curso a los acontecimientos. Si el Papa tiene un pasado negro, pero tirios y troyanos se sirven de su popularidad, hemos de sepultar lo que teníamos para decir sobre Jorge Bergoglio. Quemaremos en un hoguera el libro de Verbitsky, cualquier artículo donde Francisco pedía censura para León Ferrari y sus consideraciones acerca del matrimonio igualitario.

La Lettre: Lo mismo ocurre con la Ley de Medios. La fallecida Ley 26.522*. Se reclamó, se militó, se instaló, con esfuerzo se sancionó. Hemos repetido hasta el cansancio que no era el Grupo Clarín el objetivo, o que no era el único objetivo. Yo pensaba que eso era cierto. Buena parte de la Coalición por una Radiodifusión Democrática creía que eso era cierto. Porque habían demasiados puntos en cuestión: derogar una ley de la dictadura, democratizar el acceso a la palabra, incorporar nuevos actores a la comunicación, adecuarse a los cambios tecnológicos... 
La realidad muestra algo muy distinto. Para el gobierno era y es solamente Clarín. Y no está mal que trate de desarmar al oligopolio que parió en neoliberalismo corrupto de Menem. Está bien que se intente barajar, cortar y dar de nuevo ese mazo de cartas tan poco repartidas. Pero según lo que parecíamos sostener todos, era una cuestión necesaria pero no suficiente. Hay más grupos que concentran. En Mar del Plata estoy señalando a uno (apunte para donde apunte encontraré un medio de don Aldrey Iglesias). Dicen que presentó su plan de adecuación. Supongo que esperarán a que la Corte, el último recurso, se pronuncie por el carácter democrático del artículo que impone desinvertir. Será. Mientras tanto, el dueño de este grupo es el padrino y el mejor amigo de Scioli... Y así debe pasar en buena parte del país.

*Se nota que estaba muy enferma. O que los médicos se enfocaron en un órgano, y los remedios aplicados dañaron fatalmente a los otros.

Tengo sensación de batalla perdida.
Fibertel sigue en pie. La grilla sigue idéntica. Acaso llegue la Corte a último momento como el Chapulín Colorado. Ojalá. La orilla del 2015 está cada vez más cerca del Clarín que se ahogaba.

FIN DEL ESPACIO PUBLICITARIO.

2 comentarios:

Silvia Spertino dijo...

Verdaderas y conmovedoras palabras Jorge

Alfredo Torre dijo...

Chapeau, KÖSTINGER.