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viernes, 30 de abril de 2010


Escuchame una cosa vida. No puedo decir que nunca te reclamé nada, porque no he hecho otra cosa que reclamarte el camino que los sueños prometieron. Pero una vez de vez en tanto estaría bueno que salga mi número. Y fijate que en el fondo ni siquiera estoy seguro de quererlo, porque entiendo que la felicidad que proveés no es para llorones ni mendicantes, que a vos se te conquista con el mucho luchar, con el mucho honrarte. Pero es que levanto la cabeza de esta noria en la que me hallo metido y empujando y siento profundamente que algo me estás debiendo. Tenés que tener un premio para mí que se me olvidó reclamar. Es lo que hago ahora.
Ojo que también soy conciente de todo lo que me has dado o - quiero creer- he conseguido. Mis hijas, mi mujer, mi intelecto, mis manos y mis piernas.
Pero fijate si en un bolsillo no te quedó un trofeo, una torta de jamón una caricia un reposo inesperado un paseo por los caminos que deseché una ovación un lugar en tu cuadro de honor.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

No pierda energías mi amigo, la vida no lo escuchará. No se ilusione ella no lo escuchará.
¿Sabe porqué?
Pues creo que cuando nos aventuramos por un sendero y no por otro, nos hacemos la vida. La hacemos a ella.
En esas relaciones con otros, con otras, que devienen en maridajes y florecen en hijos, vamos haciendo la vida.
Nuestras desiciones, ocurrencias, dislates, audacias, cualquiera de las acciones que la cabeza dicta y brazos y piernas realizan, van tramando la vida, como si se tratara de una alfombra mágica tendida sobre la nada. Y ahí arriba nosotros con nuestros particulares bagajes. No continuar la trama es hundirse en la nada.
Fíjese que es indispensable haber contado con cabeza, intelecto, brazos, piernas para caminar senderos, establecer relaciones, amar, fructificar. Con los primeros ya contaba, no se los proveyó la vida, y los segundos los construyó usted mismito.
Es como si Jesse Owens en mitad de los cien metros llanos, durante las olimpíadas de Berlin, se hubiera detenido a agradecerle lauros, o enrostrarle fatigas a la carrera de cien metros. ¡NOO! La carrera era él haciendo, con sus piernas, sus brazos, su intelecto.
Por todo esto es que estoy convencido que sus reclamos no serán oídos.
En cambio sé que es posible que desde la vida le llegue algún reclamo, si es que por mezquindad o pachorra usted no la hizo crecer o la concibió con debilidad constitucional.
O no la honró.
Siga construyendo su vida, que de trofeos, aunque no los perciba, usted está rodeado.
Salvo que quiera plata, o un coche nuevo y eso ya es otro yeite.
EL BÁSICO

JorgeK dijo...

De esto hablaba, ve? No tenía otro sentido esta tonta botella al mar que encontrar un náufrago más sabio que me desdiga de mis boludeces metafísicas. Abrazo, amigo.

Anónimo dijo...

Si,si, le acepto el abrazo por que ciertamente solo nos tenemos nosotros, la gran marea de náufragos que agita el mar. No hay deidad, ni ente suprahumano,ni divinidad de mágicos poderes; que creo es a quién Ud. se dirijía inconcientemente(o no tanto); que nos apañe, o socorra, o nos condene.
¿Sabía Ud. que una estrategia de supervivencia en el mar durante un naufragio, es unir mediante soguitas la mayor cantidad de balsas posibles para aumentar la superficie del grupo y permitir su visualización más rápida? Además de mitigar el desaliento de la soledad sabiendo que hay vecinos en la desgracia.
¡Vamos con ese ánimo que no está solo y venga ese abrazo!
EL BÁSICO( para nada el más sabio, solo algo más cascoteado)

JorgeK dijo...

Para cuándo su blog don básico. Excelente lo de la balsas