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jueves, 15 de octubre de 2009

Mirar atrás


En pocos días pasó que me encontré, 20 años mediante, con unos amigos de la facultad; y dos personas cercanas tuvieron reencuentros parecidos. Y con tres modestos casos, ya estoy pensando en una regla general: hay cierta necesidad de no perder contacto.
Los motivos, creo, saltan a la vista. Por si no, arriesgo cuáles son para mí:
  1. Solemos extraviarnos. A veces nos pasa, como dice el tango, que no sabemos qué bondi hay que tomar para seguir. Orillando los 40, también nos cansamos de emprender por lados desconocidos. Qué mejor entonces que desandar unos pasos y reirnos un rato con vivencias del pasado, que acaso nuestra memoria pudiera descartar en el futuro.
  2. Solemos cambiar. No somos exactamente lo que fuimos. Sí conservamos la esencia, y eso nos basta para no reconocerle al tiempo su trabajo. Pero cuando uno siente que algunos cosas ha aprendido, alguno soberbia se ha mitigado con las trompadas de la vida, quiere una charla con el que fue en el pasado (y ahí está uno traído hasta el presente por amigos que nos recuerdan) para decirle "macho, no era así la cosa".
  3. Pero también extrañamos de uno ese apetito que tenía por buscar el rumbo. Y esas enormes, amplias posibilidades de equivocarse y empezar por otro lado. La irresponsabilidad maravillosa de distraerse de los apuntes para jugar a los dados. De ver amanecer entre risotadas (pienso ahora en una anécdota sobre los ñoquis que se comió la tía de Walter, contada a las 5 de la mañana, y que nos desparramó por el césped de una plaza doblados de risa), ese mundo más grande que el mundo que es el mundo de los amigos.
No es cierto que el tiempo pasado es el mejor, pero cualquier cosa vista en perspectiva mitiga las imperfecciones que tanto duelen de cerca. Este mismo presente será el pasado de nuestro futuro y esta muela que me duele será reemplazada en mi memoria por la paleta de arriba que se le cayó a Lari o por la beatlemanía que vivencia Camila. Así es tan lógicamente bello mirar para atrás.

Lo que tiene de bueno este mundo de hoy es que, facebook y correos mediante, nos permite hacer de la nuestra una historia circular, sin un atrás ni un adelante. Es posible que sin quererlo nos ayude a comprendernos como un todo, ya no como la suma de nuestras partes.

3 comentarios:

Roberto Sánchez dijo...

Nos volvemos irremediablemente vintage don jorge. Esta en nuestro adn nostálgico y tanguero

salud y buenos alimentos

Silvia (inventario) dijo...

Me quedé pensando en tu experiencia y creo que la única forma de que el encuentro con el pasado no valga la pena es cuando se vuelve con la "frente marchita".

Oscar dijo...

Hace un rato leía en un blog amigo un emocionado recuerdo de las cassettes, y de la aventura de desenredarlas con una bic cuando se empeñaban en quedarse dentro del equipo y fuera de su espacio propio. Y de los long plays de vinilo y su mayor "humanidad" en el sonido por sobre los CDs. Y una comentarista dijo: "lo que realmente extraño es que con los discos tenía 17, y con las cassettes 20". Y es cierto. De todas las cosas que añoro de la secundaria, los 17 se llevan la palma sobre las anécdotas a millones que reflotamos cada vez que nos vemos...