Buscar este blog

jueves, 31 de julio de 2008

Salida invernal

Tras asistir a una magistral obra de teatro para niños* extraigo de tal actividad las siguientes dos reflexiones:
1) Los padres carecemos del gen del transporte ordenado de niños (ó yo carezco del gen...)
El teatro estaba abarrotado, sobre todo de madres con niños en plan de entretenimiento invernal. Después de hacerme de las entradas, nos ubicamos con las niñas en la cola de acceso. Al ver yo a una mamá mandando mensaje de texto, recordé -justo cuando estaban dando sala - que había dejado mi preciado celular en el auto. "Ustedes se quedan acá que me olvidé el teléfono". A sabiendas de la poca valentía de mis hijas para afrontar la permanencia en lugares llenos de desconocidos, hice la cuadra y media de distancia en un pique de ida y otro de vuelta. Sin aliento, jadeando, llegué hasta las chicas que esperaban sentaditas en un banco al lado de la entrada. Claro, los boletos los tenía yo. Quiso esa demora que las gradas se hallaran completamente ocupadas y los pocos espacios vacíos estaban cuidados con peligrosas caras de orto. De modo que mientras yo me ubiqué a los pies de una dama con un perro dimunuto, mis pequeñas fueron a sentarse en el piso frente al escenario, quedándome yo con sus camperas, la mía, mi bufanda, el gorro de Lari y las golosinas, cosas que se me iban cayendo haciéndome sentir un malabarista espástico. No sé por qué razón presiento que las madres se llevan mejor que los padres con estos asuntos.
2) Los niños son unos irrespetuosos. Antes íbamos al teatro a ver y escuchar, limitándonos a aplaudir con nuestras manitas o a reir estrepitósamente cuando los artistas -y sólo ellos- convocaban a la hilaridad. Estos pendejos no. ELLOS quieren ser la obra e interrumpen las líneas actorales con epítetos que alguna madre debe considerar graciosos. Así que, cebados por su éxito, repiten sus intervenciones QUE NO SON LAS QUE ESTOY PAGANDO. Obviamente, los actores de obras infantiles, esperándolas, aprovechan esas ocurrencias y las integran con gran talento a sus intervenciones profesionales. Pero no es el tema, el asunto son estos mocosos sobre estimulados que me fastidian. Culpo a docentes y padres a quienes imagino aprobando cualquier gansada porque en esa actitud dejan salir la capacidad expresiva infantil. El tema es cuando crecen y por poco escuchar, poco leer y poco apreciar, están completamente vacíos. Como docente terciario puedo decir que la mitad de los jóvenes son como rocas a las que le salen bichos bolita de sus bocas abiertas y babeantes cuando se les pide una opinión. Y ahora? No se te ocurre ninguna gracia? Eh?

* En fin, la obra en cuestión es "Maruja la historia de una bruja" (días y horarios en el siguiente post) y está interpretada por Paula Esteve y Gustavo Senese. Altamente recomendable. Posee una magnífica escenografía dispuesta en un ámbito que si faltara imaginación parecería reducido. Perfecta coordinación de luces y sonidos y un libro entretenido y de acceso permitido para nenes pequeños y no tanto. Con un ritmo y desplazamientos de mucha agilidad, esta pareja de actores marplatenses presentan una obra redondita y de mucha gracia. Desopilantes momentos en que la bruja (que se aburre hasta que se le ocurre la idea de volverse buena hirviendo a un príncipe) intenta chatear con Cachabacha ("ahora no le firmo nada su fotolog) o fracasa en su intento de invitar a salir a Harry Potter 7. Pulgar para arriba.

2 comentarios:

Analía dijo...

Es verdad que no portabamos mejor en las salidas cuando eramos chicos.
Hoy llevé a mi hijito a su segunda experiencia teatral. El tema es que mientras una bruja bailaba arriba de un escenario, un nene de unos 6 años le gritó clarito: Bruja pelotuda!! la madre no dijo ni mu. Y la actriz dijo: a estos niñitos me los comería crudos, jajaa.

Anónimo dijo...

¿Y cual es el problema de estar sin celular?