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jueves, 28 de junio de 2007

Pequeño delirio repostero

Una casa de repuestos, ¿no debería ser una repostería?. Porque, ¿qué venden los reposteros? Las que hoy se llaman reposterías deberían llamarse torterías.
Tomé por costumbre ir guardando los repuestos que diversos mecánicos me entregaron cada vez que reemplazaron una pieza. Cada vez que me dijeron que la cambiada "todavía te (me) pueden sacar de un apuro" la atesoré en un rincón del garage. Como no he cambiado el auto -ni pienso hacerlo-, en el transcurso de la historia y en sucesivas reparaciones, terminé acumulando una enorme cantidad de fierros, etiquetados según su ubicación aproximada.
Un domingo se me dio por ver hasta donde llegaba intentando ensamblar los repuestos. Y para mi sorpresa descubrí que tenía un auto entero. Claro, era un auto no muy bello, pero un auto al fin. Aún carente de burletes en las puertas, con algunos vidrios quebrados, las gomas lisas y paragolpes retorcidos, introduje la llave anterior en el tambor reemplazado y arrancó lo mas bien.
Cuestión que ahora tengo dos autos con dos edades dadas por sus piezas. Y el proceso de guardado de sus partes se viene acelerando porque si no es uno es el otro al que le tengo que comprar una pavada nueva. Ya junté dos jueguitos de platinos y un tramo de caño de escape...

1 comentario:

Anónimo dijo...

Lo cual demuestra que, gracias a la cirujìa estètica y el reemplazo de òrganos y autopartes, los hombres, las mujeres y los automòviles, nos conducimos inexorablemente hacia la inmortalidad. Gabriel (Robocop) Garcìa De Andreis.