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Mostrando entradas de julio, 2018

Monster Coop

Sobre todo de chico, al cerrar los ojos para dormir, me asaltaba la fantasía que un ser horripilante me observaba desde un rincón del cuarto. Podía ser un muñeco o un vampiro lo que se quedara inmóvil allí, mientras intentaba conciliar el sueño. Quien fuere lograba que no sólo me costara hacerlo, también me daba pánico abrir los ojos.  Pero encontré una forma de neutralizar al ente del insomnio, lo racionalicé. Entendí que no importaba lo que fuera, cualquier cosa extraña a mi habitación me daba el mismo terror. Un pingüino, una momia, un perchero que antes no estaba ahí, un cuadro apoyado en la pared, todo lo que no haya estado con la luz prendida, tendría el mismo efecto terrorífico. Entonces, por qué presentir un sólo y único agente parado frente a la cama, por qué no traerlos a todos. Fue así que convoqué a cuanto monstruo urdía mi imaginación. La lista podía estar compuesta por: una momia, el payaso de It, la chica de La llamada, Fredy Krueger, el hombre lobo, una muñeca gigante, …

La vuelta del malón

Lo pude ver en persona, al igual que a Sin pan y sin trabajo, de De la Cárcova, que está en la pared perpendicular, en la sala 24.
 Ya se ha dicho todo, no voy a ser original, pero necesito contar lo qué sentí al tenerlo enfrente.

 Es el regreso triunfal de una batalla, hay heridos, hay adrenalina hasta en los ojos del caballo del cacique. Pero el botín dice que ganamos, que le ganamos a la soldadera de Alsina y a sus curas, porque venimos blandiendo sus cachivaches litúrgicos. Ironía de la historia, los despojadores han sido despojados y alzamos la cruz como una hinchada blande los trapos del rival. Por allá un compañero convierte en boleadora un inciensario. Venimos por el barro a los gritos, felices bajo la tormenta.
  No sabría acomodar a la cautiva, a la nueva india blanca de la que se hizo la tribu. Es el siglo XXI y ahora suena a trata, aunque allá era el XIX y las personas se traficaban de ida y vuelta, y no parece más víctima la mujer desnuda que todos los indios que se ven…

Nuestra degenerada lengua

Somos argentinos. Todos somos sociólogos, filósofos, técnicos de fútbol, antropólogos, cineastas. Ningún campo del saber se nos escapa, no hay tema del que no podamos opinar sobradamente, diciendo a los demás cuantos pares son tres botas; somos el pueblo elegido, el wikihow, un tanque del pensamiento, la suma de todos los conocimientos, el Big Data hecho 40 millones de seres esclarecidos y sabios.  Si no fuera por los golpes arteros de la fortuna, los argentinos seríamos campeones del mundo en todos los deportes y en todas las disciplinas.  Es con este plácet, en mi condición de filólogo autodidacta, que he de referirme brevemente al remanido tema del lenguaje inclusivo.  Pero no, no soy filólogo, ni Todorov, ni Saussure, ni de Derrida.   Creo que lo más valioso de lo que ocurre con el tema, es haber re-descubierto que el lenguaje está cargado de ideología.  Digo re-descubierto porque se supo siempre.  Hay una película de 1994 que se llama Sueño de Libertad (ó Sueños de fuga, ó The S…

Meter el perro

Me obsesiona la suerte del bóxer de enfrente. Me entristece tanto verlo, que bajo las persianas que dan a él de modo consciente, no las bajo en automático, porque el automatismo de bajar la persiana incluye mirar el escenario que va a cerrándose. Bajo la vista mientras bajo la persiana, porque si miro enfrente veo al pobrecito perro y su malvivir, su aburrimiento perpetuo, su desesperación helada, su vana esperanza cuando oye a alguien moverse adentro, creyendo que le van a dar bola. A veces recorre la cárcel de su balcón, pero la mayoría del tiempo se enrosca en una silla plástica apilada sobre otras sillas. Entre la lluvia lo veo enroscado en la silla, con frío, con viento, a través de la neblina, el perro una rueda marrón sobre las sillas.   Odio a los dueños del bóxer, les grito, aunque sepa que media entre ambos edificios una distancia de 30 metros, les grito entrenló hijos de puta, que se congela, para qué tienen perro si lo van a tener así. Les grito en la lluvia.
 Pero lo má…