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lunes, 1 de agosto de 2016

La teta o la vida



Me quedó dando vueltas lo de las tetas, El Tetazo, toda la movida en contra de la pacatería antediluviana.
Está muy bien, banco el reclamo. No es posible que a esta altura de la suaré haya retrógrados que se ofendan porque una madre pela un pecho para amamantar a su hijo. Sobran ejemplos de cosas que sí tolera el conservador medio, desde la publicidad callejera del negocio del sexo, pasando por la violenta y violentadora televisión, hasta llegar a los linchamientos públicos de rateros ocasionales.
Lo que no me parece bien es que a un bebé lo sorprenda el hambre con su madre en la calle. Algo dice de la manera en la que vivimos, algo dice de un sistema donde no podemos darnos el lujo que las mamás estén con sus niñitos en la casa hasta que haga falta. Me responderán que las mujeres no tienen por qué perderse de cosas por el hecho de ser madres. Retrucaré que no se si es tan cierto. Porque ese mismo criterio me ha hecho tener que padecer berreos de bebés en el cine, un lugar no demasiado natural para ellos. Hablamos de una sala oscura, con sonido dolby tronando desde las paredes, con gente llena de microbios que pagó cien pesos para apreciar una obra de arte. Yo padre he dejado de hacer cosas en esta condición, cosas que esperarían (o no) a que mi progenie tenga la edad para acompañarme.
 Saquen la teta cuando sea menester, pero no me naturalicen que se coma en la calle. Cuando el mediodía me retuerce el estómago de hambre, me he comprado mis dos sandwichitos de roquefort y los he ido comiendo, pero no dejo de preferir comer en casa, en la intimidad, sobre una mesa, con el tiempo y el ritmo necesario para eso.
 Cascoteemos a los estúpidos comerciantes a los que les parecen abominables los pezones lácteos, pero no naturalicemos que las necesidades fisiológicas nos encuentren en la vía pública, que de por sí es hostil para esos menesteres. Hay gente que se caga, hay parejas que quieren darse mimos, hay personas que quisieran dormir.

 De lo contrario, pareciera que nos empeñáramos en conquistar unas libertades mientras sepultamos las más básicas. Quién nos robó el tiempo para cada cosa.

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