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miércoles, 29 de junio de 2016

Pseudo disquisición de cierta pseudo izquierda extraviada y a la espera.

Me parece que para el peronista es un poco más fácil. Van a decir que no, que sufren, y van a pasearte por la carretera de la historia que arranca en 1955. Un montón de hitos que no niego, tan evidentes como el Holocausto. Ese reguero de desgracias y crímenes operan para el peronismo como la historia del pueblo judío sirve al estado de Israel. Se ha sufrido tanto, que el crédito es ilimitado. Qué me vas a hablar a mí de dictaduras, si la mayoría de los desaparecidos eran compañeros. Chito la boca.
 Igual pienso que si sos peronista es más fácil. El peronismo es la maquinaria del poder argentino, le puede ir mejor o peor, pero sin sus tetas no hay paraíso. Ahora esta haciendo la digestión como una enorme serpiente con un venado adentro. Es cuestión de esperar a que le vuelva el hambre. ¿Esperar también que se le den las condiciones propicias? Las condiciones propicias, son todas las condiciones posibles para su camino sinuoso. Izquierda, derecha, izquierda, derecha, siempre para adelante.
(Niego que comparar al peronismo con el estado israelí y con una boa constrictor sea un resurgimiento de mi gorilismo. Que la cuenten como quieran, pero si en mi vida he sido testigo de buenas acciones de gobierno, estas se dieron en la década anterior. ->Aclaración que hay que hacer para no ser expulsado de los feis opinadores del campo popular. >Igual es al repedo, para el peruca paladar negro uno jamás dejará de ser un goy advenedizo, un pseudo intelectual carente de fe, un extraño y un potencial traidor a sus ideas, que mañana pueden ser las contrarias, tomá, te lo dije)
¿Y los demás? Estamos viendo qué hacer, pero viendo nada más, esperando sin querer esperar. Los zurdos adjuntos estamos entre esperar la digestión jugando al piedra papel o tijera o ponernos a urdir otra trama, a riesgo de que el peronismo se despierte, se imponga de nuevo como única política real y nos mande al fondo de la lista a servirle café.
  El gran, grandísimo problema de la izquierda inorgánica, es que trae una tradición de golpearse el pecho a pura autocrítica. Sabe que no llega al votante medio porque su cosmovisión es desmesuradamente compleja y porque sus valores son de otro planeta. A eso se le suman las miles de cagadas que se ha mandado desde la Unión Popular para acá, pasando por el estalinismo, Isabelita, Videla etc. Así que es una muda asamblea de penitentes, autocondenada a reeducarse con manuales peronistas.
 Y el otro gran problema es que es una manada de ególatras no asumidos. Muchos quieren ser candidatos, pero está mal visto que lo digan, no sea cosa que los acusen de culto a la personalidad. Así que se acumulan reuniones adonde todo se interpreta y se reinterpreta hasta el bostezo, tratando de postergar el asuntito de quién se pone a la cabeza. Es como un grupo de autoayuda de homicidas, si en algún momento se pudre, se matan entre todos.

 Muerto indignamente el radicalismo, el peronismo con sus ruidos estomacales, el trotskismo conforme con su rol, nunca me pareció más evidente la necesidad de una nueva fuerza. Pero no sea cosa que la formemos y en serio vuelva Cristina montando un dragón.

martes, 28 de junio de 2016

Cataclismo ya

   Quisiera ser como esos elefantes de Indonesia, que percibieron el temblor y se alejaron al trote selva adentro, lejos de la playa adonde después llegó la ola inmensa y mató a todos. Pero no para salvarme, simplemente para sentir en las patas que las placas allá abajo se están moviendo, chocan entre sí, se rozan, se estrellan y en cualquier instante su conflicto va a abrir en dos la tierra que pisamos.
 Desde un plano meramente estético, olvidándose uno de las consecuencias humanas y materiales, las catástrofes naturales tienen algo de hermosas. Los terremotos, las tempestades, los volcanes eyaculando lava, las tormentas de nieve, los incendios, desesperan y a la vez tranquilizan, porque consuman los miedos, los hacen una tan patente realidad,  que el miedo se queda sin argumentos. Esto es lo peor que nos podía pasar y está pasando, así que podremos sufrir, pero no hay razones para desvelarse por un horror abstracto, por la fatalidad potencial.
Freddy Krueger a la luz del día, se toma un café con el volcán Krakatoa frente a la plaza.
Vivimos momentos de cataclismos que los medios convierten en invisibles. A un hombre se lo traga la calle helada, una familia es cocinada en su casilla tratando de calentarse, un estrepitoso alud de acero cierra para siempre la librería de acá a la vuelta. Y por entre medio vamos nosotros, la estupidizada opinión pública, con los ojos sobre pantallas, con un hilo de baba cayendo de nuestros labios, confiados en que la sangre que ya corre no llegará al río, que vendrá una reina montada en un dragón a enderezar la trama hacia el lado de la justicia. 
 Pero los héroes están de vacaciones, dios está muerto y al telekino ya lo sacaron. Igual seguimos hablando de jugadores o de lo que sea que nos haga sentir involucrados, con algo instrascendente que decir, pera que nos hace parecer aptos para los debates.
 Nos cortan las piernas por placer y nos lo venden como terapia alternativa. Y si uno dice paren, esto es un horror, que alguien haga algo, millones de bien pensantes sonreirán con suficiencia, porque el amigo de un primo de un vecino les ha dicho que no subirán la sierra por encima de las rodillas.
 Mientras yo estoy deseando el fin del mundo y se me antoja que todo se queme y empezar de nuevo, muchos están detenidos en librar la batalla en el terreno de la historia, tratando de analizar gobiernos que se terminaron hace siete meses, que podrían ser siete años o setenta o setecientos. Otros juntan las manos y rezan, soportan el tormento porque consagran sus almas a la religión de las urnas. Ja, en tal año hay elecciones y todo se va a arreglar, y después vienen las otras elecciones y ahí todo se va a arreglar. Y mientras eso pasa, en otros confines, seres humanos parecidos a los de acá, siguen votando para el orto (como en las fiestas de fin de año, vemos los fuegos de artificio por la tele mucho antes de nuestra cena, diferenciados apenas por los husos horarios). Ah, pero acá ya aprendimos. 
Ah, pero acá ya aprendimos. 
Ah, pero acá ya aprendimos. 
Ah, pero acá ya aprendimos. 
Ah, pero acá ya aprendimos.

 Tiempos de atomización de la realidad, de una fragmentación que nos estalla en la cara, con pedacitos aislados como perdigones. Pero ni aún así podemos verla, y creemos que nuestros dolores son eso, nuestros, propios, de cada uno.

No amigos, eso que se mueve es el tsunami invisible del capitalismo. 
Vayamos a la jungla o quedémonos a luchar, pero dejemos de ser tan idiotas.

martes, 7 de junio de 2016

El sinsentido aparente del Universo


   Que una persona pase de pagar noventa pesos por el servicio de gas a pagar dos mil, no sólo impacta en su bolsillo. Si en lugar de prender fuego a la sede de la empresa, su primera reacción es preguntarse cómo podrá pagarlo, si acepta, aunque sea amargamente, que las condiciones han cambiado y que acaso sea él  y sólo él quien no esté a la altura de esos cambios, si rumia su fracaso como si la autoría le perteneciera, lo que en realidad pasa es que el sistema ha ganado su batalla por la conquista del sentido.
 Hoy es el día del periodista, y no se cuántos saben que somos fabricantes de eso, de sentido. Que cada noticia, cada opinión, cada título, cada foto es un ladrillo que va construyendo una idea general del universo y un bosquejo de uso colectivo de lo justo y de lo injusto.
 No soporto el gesto aséptico que ponen en cámara algunos de mis colegas, esos aires de importancia con que trafican las piedras de ese castillo ajeno que apenas los emplea como pajes. Actúan con el cinismo de los mosquitos que transmiten el dengue sin contraerlo: cualquier zancudo (así como cualquier presentador de noticias), dirá que apenas cumple con su rutina de trabajo y que no depende de él lo que ocurra con su pico.
Y no lo soporto porque las cabezas que luego cascan con garrotes en la pantalla, con un zócalo que dirá DISTURBIOS, las cabezas que nunca son rubias, que nunca usan champú Lóreal, se llenarán de las magulladuras que el noticiero vino enseñando a su audiencia a tolerar y justificar.
Y en otra parte el editor de un portal de noticias quiere adornar la página con un muestrario de culos. Nalgas por las que trepa la cosificación femenina, tangas que sostienen a los violadores, para que desciendan como arañas sobre mujeres de la calle (y digo "de la calle" y quiero volver para aclarar que hablo de tu madre o de la mía, de tu hermana, de mis hijas, que transitan unas calles pavimentadas de un sentido misógino y abusivo). E irá a cubrir, hará cubrir, el director del portal, la marcha por Ni una menos, tratando de que se note cuánto compromiso tiene la empresa ante la violencia de género. La ignorancia que se finge en las redacciones no me parece de ningún modo absolutoria.

 Pero también hay gente digna, hay periodistas dignos y conscientes, hay periodistas que sí se reconocen operarios y operarias de un engranaje que levanta paredes de sentido. Hay úlceras, hay ansiedad, hay bronca mientras se ganan el pan y discuten con jefes pelotudos que fingen ignorar lo que fabrican. Hay hormigas tratando de debilitar al monstruo desde dentro mismo de sus fauces.

 No alcanza, nunca alcanza en tanto los periodistas seamos proletarios y una caterva de canallas posea los medios de producción.
Tal vez exagere un poco, pero la nuestra debe ser la profesión con menos conciencia de clase.
Si estoy en un error al respecto, que se me muestre una lista de al menos cinco periodistas que interpelen preguntando a un funcionario poderoso hasta ponerlo contra la pared de sus propias contradicciones. Las preguntas que escucho son rampas o pistas de aterrizaje.


 El Universo, la realidad, la vida es puro caos, hasta que llegan los telescopios, los microscopios y los observadores a describir la lógica interna de las cosas. Lo sabemos, pero a veces preferimos magias y hechos fortuitos e inconexos. El sistema hace creer que no hay un orden ni un deber ser, para que en la atomización aparente de los procesos, no nos quede otra que el cinismo, la abulia, la desesperanza y pagar la cuenta de gas.

No concibo un periodismo no mire ni se mire en perspectiva, que no piense en el gran mensaje que constituye la suma de todos sus mensajes.

Feliz día para tod@s los buenos periodistas.