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Viajeros en el tiempo (Crónica Gatuna I)

Me convertí en lo que siempre desprecié, un comentador de las actividades de su gato. Será su magnetismo, la sabiduría ancestral aparente, su autonomía, qué se yo, se ha escrito más sobre los gatos domésticos que sobre la lluvia. Ambas son pulsiones irrefrenables, parece.
 A las 24 hs ya entendió la idea de mear y cagar en las piedritas,es un alivio. Mi preocupación ahora es que no se coma a los peces. Por las dudas, en esta primera mañana en que Chaplin y los peces estarán juntos (y espero que no unos dentro del otro), dejé un pesado libro de inglés y arriba la plancha con su caja que me donó mi madre, todo sobre una reja con la que inicialmente prometí protegerlos, pero no creí que fuera a alcanzar.  Vale consignar que la reja era el entrepiso de la jaula de un hamster que falleció hace ya mucho.
 Por ahora, este amasijo de pelos negros prefiere estar cerca de la ventana del comedor adonde da el sol de la tarde. Ahí también está el ficus que nunca crece y que ahora nunca crecerá, porque a Chaplin se le da por acostarse encima.
Anoche ya no hizo escándalo. La anterior se puso a maullar fuerte a eso de las 3 am. Yo recorría el departamento en calzoncillos preguntándole qué quería, le hacía un multiple choice: agua? comida? mimos? qué mierda querés, gato. Y no era nada de eso, el negro quería eso que le estaba dando, atención, aunque él hubiera preferido que juguemos de nuevo con la cinta aisladora.
  Ya son varias las veces en que se trepa volando a mi cama, se encarama a mi hombro (duermo de costado) y me toca la cara con su mano afelpada y pinchuda. Hey, hey, despertate.
  Tengo muy en claro que se está adueñando de mí. Son los gatos los que nos obligan a subir sus fotos, nuestro perfil de facebook pasa a ser el de él, lo he visto muchas veces pero no me había tocado protagonizar el mecanismo de sumisión.
 No se por qué creo que este es un fenómeno contemporáneo. No recuerdo que esto pasara cuando era chico.
O será que en mi niñez no conocía personas solas y los gatos eran componentes enigmáticos de familias grandes que se entremezclaban los domingos con asados o ravioles, que tenían gato como tenían perro atado en el fondo como tenían pajaritos en sus jaulas.
De golpe siento que mi gato y yo somos pasajeros de una nave que aterrizó en el futuro.

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