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lunes, 26 de diciembre de 2016

mundo onírico



Otra vez tuve uno de esos sueños que me despiertan lleno de preguntas acerca de qué pasa ahí adentro.

1.

Yo era de los aliados y capturamos una tortuga perteneciente a Joseph Goebbels, el poderoso ministro de propaganda de Hitler. Por lo que sucedería después, el quelonio había sido encontrado culpable de crímenes varios y condenado a muerte. Un tortugo de los nuestros, en el living de mi casa, era el encargado de la ejecución. Ahí es donde este sueño, hasta ahora tan normal, se convierte en pesadilla. Porque el proceso de apagar la vida de la tortuga nazi se vuelve morbosamente largo. El verdugo -de mayor contextura - se monta sobre el condenado y busca su cuello para decapitarlo a mordidas. Tal vez pasen horas hasta que obtenga la primera sangre. Yo no puedo mirar. Poco amigo de la pena de muerte, aunque sepa cuánta desgracia debe pagar la tortuga de Goebbels, tengo el estómago revuelto por esta agonía. Así que me voy, dejo que esa forma de justicia siga su curso sin que yo la vea, me escondo en mi cuarto para no ver la boca del que agoniza abrirse en un grito sordo y eterno. Después vuelvo, porque soy algo así como un supervisor. La cabeza y el cuello del nazi han desaparecido, quedando un agujero rodeado de sangre que mancha su propio caparazón. El ejecutor la lame. 

2.

Me caigo, me golpeo la cabeza y me desmayo. Me despierto. Soy una leona. No, mejor dicho, soy una de Las Leonas, pertenezco al seleccionado femenino de hockey. Sigo siendo hombre, pero por algún sortilegio que el sueño no consigna, ahora tengo trenzas y minifalda.


3.

(en ese entonces yo era gerente de una librería) Entra a mi oficina un pato gigante. Cuac, un pato, gigante, del tamaño de ese pajarraco de Plaza Sésamo. Daniel (el dueño) me pasa un puñal y me ordena matarlo. Voy a hacerlo, tomo postura de duelo de arma blanca, medio agachado, los abrazos abiertos, sosteniendo firme el cuchillo. Pero el pato se transforma, es una tía, es otra cosa, se transforma en un niño. Daniel me susurra que no me deje engañar, me dice que el pato muta como la chica de El Exorcista. Supongo que lo maté, me desperté justo.



miércoles, 14 de diciembre de 2016

Cat's stuff

Vas a buscar tus cosas para salir y el gato quiere ser parte


viernes, 14 de octubre de 2016

We, The Walking Dead (va por Lucía)

Quien no ve The Walking Dead puede pensar que es una serie sobre zombies. 
Es una serie sobre zombies, pero a la vez no. Se trata de humanos en una situación límite, en este caso una epidemia mundial de una rara enfermedad en la que una suerte de parásito se aloja en los cadáveres y los anima como siniestras marionetas. Cada muerto caminante, lento, bobo y espantoso, vaga por siempre en búsqueda de alimento, que ocasionalmente será una persona viva. que morirá por sus mordidas, que se convertirá en otro muerto viviente. La forma de cortar la cadena es darle con algo al zombie en la cabeza, un cuchillo, un pico o una flecha que perfore el cráneo y listo, el monstruo no walking más.
La serie relata las peripecias de un grupo de personas para sobrevivir al apocalipsis; la búsqueda de comida, armas y refugios seguros, la interrelación con otros grupos (la mayoría peligrosos, algunos caníbales, otros manejados por psicópatas), las nuevas y a la vez primitivas instituciones humanas, unas que se inauguran allí donde colapsaron las otras. No existiendo ya un gobierno central, cada tribu es una ciudad estado nómade, que establece reglas perecederas y mutantes, que se asentarán en la legislación no escrita en la medida en que ayuden a mantenerse con vida.
 Un dato interesante -descubierto por los protagonistas en alguna de las temporadas de la mitad - es que todos están enfermos, hayan sido mordidos o no por los caminantes. Cualquiera que muera (y cuya cabeza no sea oportunamente rota) pasará por una intensa fiebre, que lo dejará con los ojos de zombie, haciendo sonidos guturales y con una imparable pulsión por morder al que se cruce. -Ya no es él dirán al ser querido que entre llantos deba hincarle el fierro.

En estos días, temporada alta de aniquilar mujeres, vengo pensando en TWD. 
Aparecen los "monstruos", queremos matarlos, pedimos que algún preso apunte a los parásitos que se habrán adueñado de sus cabezas, nos desespera que no haya un estado que implemente políticas de seguridad y/o educativas que preserve la vida de las chicas, pero a la vez -y pese a un creciente movimiento al interior de la opinión pública- la epidemia parece seguir su curso imparable. Cada mujer violada, cada mujer asesinada, es tanto un fracaso como una muestra de esta realidad espantosa.
Pero no son monstruos, me cuesta decirlo, ojalá lo fueran. Ojalá fuesen criaturas bajadas del espacio o manejadas por un virus invisible que les inocula su maldad. Son tipos que caminan a nuestro lado, varones que pueden haber sido compañeros de escuela o haber estado atrás o adelante en la fila de la heladería. No tienen cuernos, no tienen garras, no hacen sonidos de perro moribundo. Acá viene lo peor: hablan nuestro idioma. 
El agente transmisor que activa a los femicidas se desarrolla y vive en el lenguaje.  
El lenguaje que aporta las palabras con las que se construyen los pensamientos.
Ahí, creo, reside alguna clave. Pero no tengo la certeza de nada, pienso y pienso, como si al pensar los hechos trágicos pudiera encontrar una vacuna que ayude a cortar esta cadena.

Propongo escuchar con atención lo que decimos en torno al caso Lucía o cualquier otro que haya ocurrido antes, incluso el discurso de los más dolidos y exaltados. Propongo leer lo que se publica desde los grandes medios. Cada palabra puesta en un portaobjeto llevado al microscopio, en un laboratorio del lenguaje. Aparecen, inexorablemente aparecen los términos que expían nuestras culpas como sociedad por la enfermedad que no podemos curarlo, Vean lo que dicen las fotos, cara de qué tenía la muerta. Porque la protagonista termina siendo la muerta; ni los violadores asesinos ni la sociedad que los vio crecer. A esta hora ni siquiera vi una sola foto de los hijos de nuestra mierda. Si ella, si morbosamente ella. No los padres de los violadores asesinos, ella y sus padres. Qué hicieron sus padres, cómo eran como padres, cómo se les escapó que esto podría pasarle. Se da una inversión macabra de la carga de la prueba. Los padres parecen tener que demostrar que ella no merecía morir. Es Mirtha preguntando "qué hiciste para que te pegara". ¿Alguien cree que el problema es Mirtha, que ella y nadie más (porque está muerta y convertida pero no lo sabe), es capaz de interrogar a las víctimas? Lo hacen los medios a cada rato, lo hace una tia, lo hace nuestro mejor amigo. Pero nos hemos acostumbrado a que este virus circule, hemos naturalizado palabras como trola, puta, ligerita, adicta, buscona, Las han soltado frente a nuestros ojos y no las hemos sabido capturar, porque son palabras que parecen inocentes, que no revisten la ferocidad tangible del sátiro de la esquina. Pero van por dentro de todos nosotros, como el arsénico viaja en la sangre de los que dejaron de comer carnes y le dan solamente a la lechuga. Y cuando las palabras femicidas llegan a los hogares no inmunizados con una buena contra educación, inmunizados con medios contra hegemónicos que le hagan frente al discurso antimujer (anti puto, anti negro, anti trabajador), desemboca en otra  muerta más, aunque gritemos y gritemos ni una menos. Ni una menos son tres palabras indefensas ante tanto lenguaje asesino. Lenguaje que no solamente mata, a veces deja provisorios moretones, a veces destruye autoestimas, siempre daña.
Cuchillos, hachas, picos, lanzas, flechas, salgamos con todo a detener la plaga, Enojémonos ante las supuestas pelotudeces que dicen en la cola del banco, interpelemos al virus cuando nos demos cuenta de que pasa. 
Antes de que sea demasiado tarde. 
Porque siempre es demasiado tarde.


miércoles, 7 de septiembre de 2016

Catarsis, pido perdón.

Bueno, es oficial, ya me cansé. Me tienen los huevos como dos fititos con el epíteto supuestamente despectivo y denigratorio de "pseudointelectual".
¿Qué mierda vendría a ser un pseudointelectual? Antes, ¿qué es un intelectual?, ¿qué consideran, los que me baten pseudo que son los intelectuales posta? ¿Hay que tener un libro editado?, ¿te tiene que hacer el prólogo Slavoj Žižek? Citame intelectuales, dale. Beatriz Sarlo, bien, quién más. 

Pareciera haber un lugar sagrado en donde habitan unos Seres Superiores hechos de cerebro ante los que deben rendirse las ideas de las personas comunes. Si eso son los intelectuales, yo no lo soy, no me creo más que nadie; no tengo talento para elaborar grandes teorías, así que me conformo con algunos pensamientos sueltos que vierto por aquí y por allá, tratando de escribirlos lo mejor que puedo, aunque sepa que en el fondo son generalizaciones infundadas e interpretaciones caprichosas.
Una vez me dijo Eduardo Galeano (sí, forro, a mí en persona me lo dijo, andá a buscarla al ángulo) que se imaginaba a los intelectuales como seres monstruosos, todo cabeza, sin miembros, ni sexo, ni dolores corporales. No, no soy yo.

Pero nunca me falta el pelotudo que (nunca de frente) desliza algún comentario sobre lo que digo o pienso, usando el término pseudointelectual. Me la soban, pero me cansé de la impunidad de andar tirando palabras ridículas. Sobre todo cuando son contra mí.

En general, el que va a su muro y dice "algunos pseudointelectuales que no comprenden" (ilguinis psidintilictilis qui ni quimprindin) se ubican en corrientes del pensamiento sedicentes populares, que ven en los que la piensan mucho como unos inútiles contra revolucionarios de la Unión Democrática. Y yo le digo (a uno solo, paso al singular): aguantá, reencarnación de Evita eructando mortadela de oferta, si los que nos cuestionamos tus enjuagues somos una miserable minoría, la revolución va sola, bancate putear a Massa y después votarlo, cosa que yo no voy a hacer pero me pasó con el manco.

Ahora que lo pienso, sí soy intelectual. Esto mismo que escribo está escrito desde el intelecto. Puede gustar más o menos, pero lo que tipean mis dedos no me llega del colon, ni del glande, ni de los riñones, viene de mi pobre y deslucida mente.
El Negro Álvarez también es un intelectual. O con qué redacta los chistes. 
El que escribe carteles del horario de atención también es un intelectual.
Es decir, no todos cavamos zanjas. Por ahí usamos el marulo y lo usamos para cosas.
Perdooón manos callosas de la labrar la tierra, perdoooón por despreciar al pueblo y encerrarme en una torre de cristal desde donde elaborar conceptos que no sirven para nada.
Seguí tu camino, no me des pelota, andá a construir barricadas, vos que sos tan valiente.

Pero pensá antes de hablar, pelotudo, no te das cuenta de que parecés pseudointelectual.

Capítulo aparte para el término culturoso. Eso lo dicen los que no les gusta leer y se creen puro instinto. Sí, claro, cómo no.

Y un capítulo final (algún día voy a editar un libro por editorial Dunken y se van a arrepentir) para los que van a las redes a sacudir tiros por elevación. "Leí por ahí", decí a quién se lo leíste, pejerto, comentale abajo donde dice comentar y bancate el pijazo.

Gracias, buenas noches.

martes, 2 de agosto de 2016

Ser felices (nosotros)


Iba a decir que no nos roben la felicidad, pero está mal, no nos pueden robar lo que no tenemos, porque no somos felices. Usted dirá que es feliz, yo diré que soy feliz en los intersticios, pero en esa cuenta somos dos, universo demasiado reducido para armar desde allí un Nosotros. El nosotros del que hablo es la humanidad (unos 7 mil millones de personas) o es mi país (40 milloncitos). Dentro de esos colectivos va gente sufriendo.
 Acabo de hablar con un colega y amigo, corresponsal de una cadena de noticias. Me dice que desde la Departamental de Policía están preocupados, en la ciudad aumentan (aunque no haya estadísticas, hay percepción empírica) los casos de pibes y pibas -18 que se boletean. No sale en los medios, porque los periodistas con algún grado de conciencia sabemos que los suicidios son contagiosos, pero aparentemente el problema está.
Perdón por el golpe bajo, no es precisamente la intención, pero me sirve para tratar de que se instale una actividad necesaria la de construir felicidad.
Ya hemos visto que al mapache maquiavélico que nos gobierna le gusta hablar en estos términos, casi no hay discurso en el que -en su media lengua- no cuele alguna mención al respecto. Como el 1° de mayo, cuando fantaseó con un decreto para ser felices, o como en las primeras tandas de despidos, que adornó con una exhortación a que los despedidos busquen otro camino para la hapiness.
  La derecha roba, @laderecha. Suele tomar valores humanos para contrabandear su ortodoxia económica monetarista, librecambista y neoliberal. Hace como se debe hacer para darle una pastilla al perro, la envuelve en una albóndiga aceptable de tragar. De esa manera, por ejemplo, se apropia del budismo para que aceptemos la realidad, se apropia del hinduismo para que creamos en el karma y en las castas, se apropia del cristianismo para que pongamos la otra mejilla. Un fabuloso mecanismo de tergiversación que le reditúa.
 Ahora lo viene haciendo con la felicidad. Alguna franquicia espiritual de la escuela de las américas, los couchea con música de paz espiritual y letra de superación individual. La felicidad, usurpada por los gurúes del mercado, es una suma de logros materiales que devendrán de una "nueva" sociedad, tan supuestamente meritocrática como despojada de la historia, de la puja distributiva y de la lucha de clases. 
Yo no se ser feliz en esos términos. Yo no quiero una felicidad así, yo no compro ese chamuyo y haré lo imposible para que nadie sonría por haber alcanzado una cima de cadáveres materiales o simbólicos.

Tenemos mucho por hacer, tendríamos que armar una gran fiesta, un fogón con guitarreada, una cena a la canasta de asuntos gratificantes. Deberíamos rescatarnos, deberíamos robarle al botarate su robado sí se puede, pero para poder otra cosa, para ir detrás de nuevos sueños. 
No hablo de consuelo, hablo de alegría como sentimiento nuevo, así como el amanecer no es tan solo el fin de la noche. Hablo de apropiarnos del presente, hablo de salir de la cueva negra en la que nos meten, hablo de contradecir el futuro.
 No van a ayudarnos ni las escuelas, ni los medios, ni por supuesto el gobierno de los garcas, vamos a ayudarnos nosotros. 

Defender la alegría y defender la tristeza, a la que también hay que defender de la alegría.


lunes, 1 de agosto de 2016

La teta o la vida



Me quedó dando vueltas lo de las tetas, El Tetazo, toda la movida en contra de la pacatería antediluviana.
Está muy bien, banco el reclamo. No es posible que a esta altura de la suaré haya retrógrados que se ofendan porque una madre pela un pecho para amamantar a su hijo. Sobran ejemplos de cosas que sí tolera el conservador medio, desde la publicidad callejera del negocio del sexo, pasando por la violenta y violentadora televisión, hasta llegar a los linchamientos públicos de rateros ocasionales.
Lo que no me parece bien es que a un bebé lo sorprenda el hambre con su madre en la calle. Algo dice de la manera en la que vivimos, algo dice de un sistema donde no podemos darnos el lujo que las mamás estén con sus niñitos en la casa hasta que haga falta. Me responderán que las mujeres no tienen por qué perderse de cosas por el hecho de ser madres. Retrucaré que no se si es tan cierto. Porque ese mismo criterio me ha hecho tener que padecer berreos de bebés en el cine, un lugar no demasiado natural para ellos. Hablamos de una sala oscura, con sonido dolby tronando desde las paredes, con gente llena de microbios que pagó cien pesos para apreciar una obra de arte. Yo padre he dejado de hacer cosas en esta condición, cosas que esperarían (o no) a que mi progenie tenga la edad para acompañarme.
 Saquen la teta cuando sea menester, pero no me naturalicen que se coma en la calle. Cuando el mediodía me retuerce el estómago de hambre, me he comprado mis dos sandwichitos de roquefort y los he ido comiendo, pero no dejo de preferir comer en casa, en la intimidad, sobre una mesa, con el tiempo y el ritmo necesario para eso.
 Cascoteemos a los estúpidos comerciantes a los que les parecen abominables los pezones lácteos, pero no naturalicemos que las necesidades fisiológicas nos encuentren en la vía pública, que de por sí es hostil para esos menesteres. Hay gente que se caga, hay parejas que quieren darse mimos, hay personas que quisieran dormir.

 De lo contrario, pareciera que nos empeñáramos en conquistar unas libertades mientras sepultamos las más básicas. Quién nos robó el tiempo para cada cosa.

miércoles, 29 de junio de 2016

Pseudo disquisición de cierta pseudo izquierda extraviada y a la espera.

Me parece que para el peronista es un poco más fácil. Van a decir que no, que sufren, y van a pasearte por la carretera de la historia que arranca en 1955. Un montón de hitos que no niego, tan evidentes como el Holocausto. Ese reguero de desgracias y crímenes operan para el peronismo como la historia del pueblo judío sirve al estado de Israel. Se ha sufrido tanto, que el crédito es ilimitado. Qué me vas a hablar a mí de dictaduras, si la mayoría de los desaparecidos eran compañeros. Chito la boca.
 Igual pienso que si sos peronista es más fácil. El peronismo es la maquinaria del poder argentino, le puede ir mejor o peor, pero sin sus tetas no hay paraíso. Ahora esta haciendo la digestión como una enorme serpiente con un venado adentro. Es cuestión de esperar a que le vuelva el hambre. ¿Esperar también que se le den las condiciones propicias? Las condiciones propicias, son todas las condiciones posibles para su camino sinuoso. Izquierda, derecha, izquierda, derecha, siempre para adelante.
(Niego que comparar al peronismo con el estado israelí y con una boa constrictor sea un resurgimiento de mi gorilismo. Que la cuenten como quieran, pero si en mi vida he sido testigo de buenas acciones de gobierno, estas se dieron en la década anterior. ->Aclaración que hay que hacer para no ser expulsado de los feis opinadores del campo popular. >Igual es al repedo, para el peruca paladar negro uno jamás dejará de ser un goy advenedizo, un pseudo intelectual carente de fe, un extraño y un potencial traidor a sus ideas, que mañana pueden ser las contrarias, tomá, te lo dije)
¿Y los demás? Estamos viendo qué hacer, pero viendo nada más, esperando sin querer esperar. Los zurdos adjuntos estamos entre esperar la digestión jugando al piedra papel o tijera o ponernos a urdir otra trama, a riesgo de que el peronismo se despierte, se imponga de nuevo como única política real y nos mande al fondo de la lista a servirle café.
  El gran, grandísimo problema de la izquierda inorgánica, es que trae una tradición de golpearse el pecho a pura autocrítica. Sabe que no llega al votante medio porque su cosmovisión es desmesuradamente compleja y porque sus valores son de otro planeta. A eso se le suman las miles de cagadas que se ha mandado desde la Unión Popular para acá, pasando por el estalinismo, Isabelita, Videla etc. Así que es una muda asamblea de penitentes, autocondenada a reeducarse con manuales peronistas.
 Y el otro gran problema es que es una manada de ególatras no asumidos. Muchos quieren ser candidatos, pero está mal visto que lo digan, no sea cosa que los acusen de culto a la personalidad. Así que se acumulan reuniones adonde todo se interpreta y se reinterpreta hasta el bostezo, tratando de postergar el asuntito de quién se pone a la cabeza. Es como un grupo de autoayuda de homicidas, si en algún momento se pudre, se matan entre todos.

 Muerto indignamente el radicalismo, el peronismo con sus ruidos estomacales, el trotskismo conforme con su rol, nunca me pareció más evidente la necesidad de una nueva fuerza. Pero no sea cosa que la formemos y en serio vuelva Cristina montando un dragón.

martes, 28 de junio de 2016

Cataclismo ya

   Quisiera ser como esos elefantes de Indonesia, que percibieron el temblor y se alejaron al trote selva adentro, lejos de la playa adonde después llegó la ola inmensa y mató a todos. Pero no para salvarme, simplemente para sentir en las patas que las placas allá abajo se están moviendo, chocan entre sí, se rozan, se estrellan y en cualquier instante su conflicto va a abrir en dos la tierra que pisamos.
 Desde un plano meramente estético, olvidándose uno de las consecuencias humanas y materiales, las catástrofes naturales tienen algo de hermosas. Los terremotos, las tempestades, los volcanes eyaculando lava, las tormentas de nieve, los incendios, desesperan y a la vez tranquilizan, porque consuman los miedos, los hacen una tan patente realidad,  que el miedo se queda sin argumentos. Esto es lo peor que nos podía pasar y está pasando, así que podremos sufrir, pero no hay razones para desvelarse por un horror abstracto, por la fatalidad potencial.
Freddy Krueger a la luz del día, se toma un café con el volcán Krakatoa frente a la plaza.
Vivimos momentos de cataclismos que los medios convierten en invisibles. A un hombre se lo traga la calle helada, una familia es cocinada en su casilla tratando de calentarse, un estrepitoso alud de acero cierra para siempre la librería de acá a la vuelta. Y por entre medio vamos nosotros, la estupidizada opinión pública, con los ojos sobre pantallas, con un hilo de baba cayendo de nuestros labios, confiados en que la sangre que ya corre no llegará al río, que vendrá una reina montada en un dragón a enderezar la trama hacia el lado de la justicia. 
 Pero los héroes están de vacaciones, dios está muerto y al telekino ya lo sacaron. Igual seguimos hablando de jugadores o de lo que sea que nos haga sentir involucrados, con algo instrascendente que decir, pera que nos hace parecer aptos para los debates.
 Nos cortan las piernas por placer y nos lo venden como terapia alternativa. Y si uno dice paren, esto es un horror, que alguien haga algo, millones de bien pensantes sonreirán con suficiencia, porque el amigo de un primo de un vecino les ha dicho que no subirán la sierra por encima de las rodillas.
 Mientras yo estoy deseando el fin del mundo y se me antoja que todo se queme y empezar de nuevo, muchos están detenidos en librar la batalla en el terreno de la historia, tratando de analizar gobiernos que se terminaron hace siete meses, que podrían ser siete años o setenta o setecientos. Otros juntan las manos y rezan, soportan el tormento porque consagran sus almas a la religión de las urnas. Ja, en tal año hay elecciones y todo se va a arreglar, y después vienen las otras elecciones y ahí todo se va a arreglar. Y mientras eso pasa, en otros confines, seres humanos parecidos a los de acá, siguen votando para el orto (como en las fiestas de fin de año, vemos los fuegos de artificio por la tele mucho antes de nuestra cena, diferenciados apenas por los husos horarios). Ah, pero acá ya aprendimos. 
Ah, pero acá ya aprendimos. 
Ah, pero acá ya aprendimos. 
Ah, pero acá ya aprendimos. 
Ah, pero acá ya aprendimos.

 Tiempos de atomización de la realidad, de una fragmentación que nos estalla en la cara, con pedacitos aislados como perdigones. Pero ni aún así podemos verla, y creemos que nuestros dolores son eso, nuestros, propios, de cada uno.

No amigos, eso que se mueve es el tsunami invisible del capitalismo. 
Vayamos a la jungla o quedémonos a luchar, pero dejemos de ser tan idiotas.

martes, 7 de junio de 2016

El sinsentido aparente del Universo


   Que una persona pase de pagar noventa pesos por el servicio de gas a pagar dos mil, no sólo impacta en su bolsillo. Si en lugar de prender fuego a la sede de la empresa, su primera reacción es preguntarse cómo podrá pagarlo, si acepta, aunque sea amargamente, que las condiciones han cambiado y que acaso sea él  y sólo él quien no esté a la altura de esos cambios, si rumia su fracaso como si la autoría le perteneciera, lo que en realidad pasa es que el sistema ha ganado su batalla por la conquista del sentido.
 Hoy es el día del periodista, y no se cuántos saben que somos fabricantes de eso, de sentido. Que cada noticia, cada opinión, cada título, cada foto es un ladrillo que va construyendo una idea general del universo y un bosquejo de uso colectivo de lo justo y de lo injusto.
 No soporto el gesto aséptico que ponen en cámara algunos de mis colegas, esos aires de importancia con que trafican las piedras de ese castillo ajeno que apenas los emplea como pajes. Actúan con el cinismo de los mosquitos que transmiten el dengue sin contraerlo: cualquier zancudo (así como cualquier presentador de noticias), dirá que apenas cumple con su rutina de trabajo y que no depende de él lo que ocurra con su pico.
Y no lo soporto porque las cabezas que luego cascan con garrotes en la pantalla, con un zócalo que dirá DISTURBIOS, las cabezas que nunca son rubias, que nunca usan champú Lóreal, se llenarán de las magulladuras que el noticiero vino enseñando a su audiencia a tolerar y justificar.
Y en otra parte el editor de un portal de noticias quiere adornar la página con un muestrario de culos. Nalgas por las que trepa la cosificación femenina, tangas que sostienen a los violadores, para que desciendan como arañas sobre mujeres de la calle (y digo "de la calle" y quiero volver para aclarar que hablo de tu madre o de la mía, de tu hermana, de mis hijas, que transitan unas calles pavimentadas de un sentido misógino y abusivo). E irá a cubrir, hará cubrir, el director del portal, la marcha por Ni una menos, tratando de que se note cuánto compromiso tiene la empresa ante la violencia de género. La ignorancia que se finge en las redacciones no me parece de ningún modo absolutoria.

 Pero también hay gente digna, hay periodistas dignos y conscientes, hay periodistas que sí se reconocen operarios y operarias de un engranaje que levanta paredes de sentido. Hay úlceras, hay ansiedad, hay bronca mientras se ganan el pan y discuten con jefes pelotudos que fingen ignorar lo que fabrican. Hay hormigas tratando de debilitar al monstruo desde dentro mismo de sus fauces.

 No alcanza, nunca alcanza en tanto los periodistas seamos proletarios y una caterva de canallas posea los medios de producción.
Tal vez exagere un poco, pero la nuestra debe ser la profesión con menos conciencia de clase.
Si estoy en un error al respecto, que se me muestre una lista de al menos cinco periodistas que interpelen preguntando a un funcionario poderoso hasta ponerlo contra la pared de sus propias contradicciones. Las preguntas que escucho son rampas o pistas de aterrizaje.


 El Universo, la realidad, la vida es puro caos, hasta que llegan los telescopios, los microscopios y los observadores a describir la lógica interna de las cosas. Lo sabemos, pero a veces preferimos magias y hechos fortuitos e inconexos. El sistema hace creer que no hay un orden ni un deber ser, para que en la atomización aparente de los procesos, no nos quede otra que el cinismo, la abulia, la desesperanza y pagar la cuenta de gas.

No concibo un periodismo no mire ni se mire en perspectiva, que no piense en el gran mensaje que constituye la suma de todos sus mensajes.

Feliz día para tod@s los buenos periodistas.

miércoles, 18 de mayo de 2016

Se lee demasiado, y entonces no se lee nada.

 No es lo mismo leer que citar un texto, no es lo mismo leer que compartir un extracto con la foto debajo del fulano que la escribió. Pienso que muchos hacemos eso para recordarnos lo que es leer, pero leer en serio, leer en privado, gozando de ese espectáculo codificado del lenguaje, siendo atravesados por conceptos complejos que, por bien armados, tienden a parecernos ciertos; esa aceleración de la sangre con nuestro personaje acorralado, ese cosquilleo en la entrepierna por una minúscula y a la vez super potente escaramuza romántica. Leer en serio es no estar en las redes contando que se lee, el grupo es otro, una secta de personas que se reúnen en pliegos de papel cosidos y pegados. Es no estar para nadie porque se está en la trama, y la trama se reserva para los ojos (y el corazón y el cerebro) de quien ha decidido espiar entre las hojas.
 Me considero lector, aunque pasen semanas y meses en que no lea. Porque ser lector es una condición de vida. Es haber leído por hambre, es haber hurgado en bibliotecas, fascinado por el conocimiento y la magia literaria inalcanzable, es tocar ciertos libros como si se tocara la propia jeta del señor, o animales extinguidos, o la cara de goma arrugada del mismísimo E.T.
 Y cada vez que vuelvo a mí, cada vez que me sumerjo en una historia y el libro se retuerce y se deforma por que lo abro mucho, o porque lo llevo conmigo a todos los lugares, me pregunto en qué carajo pensaba que no estaba con la lectura. Sí se qué pasa. Pasa la pinche computadora, y su versión más chica el pinche celular, el vetusto y vacío televisor y el moderno, más mejor y adictivo Netflix. Eso pasa. Leemos igual, todo el tiempo. Mensajes, comentarios, resúmenes del episodio de la serie, actualización java disponible, noticias de pelotudeces, noticias más importantes, pero todo, todo coyuntural. Nos han hecho creer que al mundo se lo comprende o se lo goza en tiempo real, que es aquí, que es ahora. Que todas las verdades humanas se trasuntan en lo instantáneo, en lo rápido, en un supuesto y súbito común acuerdo acerca del pasado inmediato y del valor de los puchos. Pero eso no es lectura, a lo sumo es un avistaje de palabras escritas que se han desentendido de la verdad, por mucha buena voluntad que le pongan quienes las tecleamos.
Off line hay otra galaxia, y muchos lo sabemos, pero tenemos miedo a la soledad de irnos al grupo ese de personajes del libro, que va a abandonarnos ni bien se acabe, aunque nos quedemos leyendo la contratapa y el año de impresión. Leer en serio es aislarse por un rato y perderse el dato de que Mirtha lloró, o de la cagada del momento del presidente, que por ignorada nos hará que luego no entendamos el meme. El meme, que es una hiper síntesis de lo actual, que dispara la risa al tiempo que congela una relectura de lo emergente, reemplazándola por un concurso de chistes.

 En estos tiempos urgentes, a mí se me ocurre que hay que volver a lo importante. Que hay que bucear muy en lo profundo para poner en perspectiva el presente, para salirnos de la supuesta originalidad y supremacía de lo contemporáneo. Porque hay montañas de libros que cuentan la historia, o cuentan historias inventadas pero puestas en un contexto, y que termina por hacernos entender que este no es ni el mejor ni el peor de los tiempos, y que de peores mierdas se ha salido.



martes, 17 de mayo de 2016

Gatunas 2

Ahora está recostado sobre mi panza, una pequeña esfinge negra a 40° de inclinación, entrecierra los ojos, ronronea y estira las manos, como queriendo abrazarme el cuello. Son estos momentos de paz por los que no lo ahorco en los otros, esos en los que necesita descargar su energía gatuna, donde se vuelve cazador de objetos, donde se trepa a todo lo que es trepable. El jodido va rompiendo cosas, como el aparatito de los cilindros para hacer cigarrillos y como el foco del velador. Entonces yo lo puteo y le hablo del presupuesto, y el se pone a dar pequeños brincos de boxeador, como si hubiera estado esperando el combate. Pero tiro enseguida la toalla, después de sacarme de quicio vuelvo al quicio, y me recuerdo que es un cachorro animal, que puesto entre los suyos lo estarían entrenando para procurarse la comida cazando pájaros, ranas y ratones. 
 Lo mío con Chaplin es enojarme y perdonar, gritarle y después comprender, haciendo un ejercicio de resignación al desprenderme de la exclusividad del espacio. Es cierto que no puedo ya comer en el sillón mirando una serie, pero también lo es que me gusta cuando se ovilla en la cama y parece una frazadita.
 Es difícil no amar a los gatos, aunque quién sabe si ellos nos aman de la misma manera. Dudosamente haya reciprocidad, pero es una asimetría adonde uno queda debiendo. Mi gato fue gato durante todo el fin de semana, no anduvo con el pecho hundido por la angustia como yo, mi abrazo fue el abrazo que siempre busca, hedonista como es, mientras que su abrazo fue un consuelo, un rescate de los pequeños abismos en los que a veces caigo. 
Asi que te debo, gato, al menos la paciencia de verte tirar una y otra vez las porquerías que dejo arriba de los muebles.

martes, 10 de mayo de 2016

Todos los peces van al cielo.

Hoy encontré muerta a Golda. Como siempre antes de irme, le puse comida y agua a Chaplin y dejé para el final alimentar a los peces. Cuando saqué la plancha y el libro de inglés (que, montados sobre una reja verde que fuera entrepiso en la jaula de un hamster, ejercían de escudo protector ante el gato) la vi flotando boca arriba. Medio fuera del agua, parecía más grande, sus ojitos me parecieron más grandes. La subí a la palma de mi mano, la miré de cerca. Noté el contraste de esa flaccidez con el brío enérgico de cuando la capturaba para pasarla a un tarro y limpiar la pecera. Sus aletas parecían cabellos mojados. 
Por un instante pensé en sacarle una foto con el celular, pero no quise. Hay una intimidad que es de la muerte, hay derechos personalísimos hasta en el más diminuto de los seres, si uno hasta su última bocanada constituyó el estado, si uno le puso un nombre, si uno le dio de comer.
 Se que parece estúpido, pero no lo es para mí. Después de echar a Golda la pez por el inodoro sentí tristeza. Y suena a una de esas tristezas injustificadas que tienen los niños, esas que nos enojan a los adultos, que parecemos tener un nomenclador de lo que merece ser llorado, de lo que es serio o es una pavada. Seguramente esa contradicción interior convive dentro de mí. Porque hice este cartel y lo subí a Facebook, exponiendo la situación para que vuelque para el lado de la risa.

Pero la vida es tan frágil. Y queríamos -en serio- a ese pobre bichito. Quién establece lo que debemos querer.
Chau amiguita.

martes, 3 de mayo de 2016

Nosotros y los miedos


Tengo miedo de mí. Tengo miedo de llamar a las armas, tengo miedo de llamar a las almas, tengo miedo de desarmarme, tengo miedo de desalmarme, tengo miedo de que a lo que tengo miedo no pase, tengo miedo de que pase aunque le tenga miedo, tengo miedo de perder las cejas en un gesto de sorpresa, de que se me cambien de lugar de tanto fruncir el ceño, tengo miedo de no poder abrir las manos de tan crispadas, tengo miedo de que se me caiga la mandíbula por asombro y me la esconda el gato, tengo miedo de que un alien salga de en medio de mi pecho y me coma y use mi nombre y pida fiado, tengo miedo de no estar lo suficientemente loco para enfrentar este sistema completamente desquiciado, tengo miedo de quedarme sentado y que vengan los hijos de mis tataranietos a preguntar a mi lápida qué onda, cómo fue que te quedaste tan tieso mientras todo aquello pasaba. Y decirles que tenía miedo de que la vida me juegue al off side. a morir sin haber servido, a vivir sin encontrar el sentido y que fue así que los días se me han ido. Pensando, cavilando, elaborando y reelaborando, masticando, rumiando, observando para saber cuándo, esperando el silbatazo. Tengo miedo del miedo, tengo el miedo de tenerlo, tengo miedo de que se me vaya y no ser capaz de infundir miedo a toda la mierda de este mundo que se merece sufrir el miedo.

lunes, 25 de abril de 2016

Viajeros en el tiempo (Crónica Gatuna I)

Me convertí en lo que siempre desprecié, un comentador de las actividades de su gato. Será su magnetismo, la sabiduría ancestral aparente, su autonomía, qué se yo, se ha escrito más sobre los gatos domésticos que sobre la lluvia. Ambas son pulsiones irrefrenables, parece.
 A las 24 hs ya entendió la idea de mear y cagar en las piedritas,es un alivio. Mi preocupación ahora es que no se coma a los peces. Por las dudas, en esta primera mañana en que Chaplin y los peces estarán juntos (y espero que no unos dentro del otro), dejé un pesado libro de inglés y arriba la plancha con su caja que me donó mi madre, todo sobre una reja con la que inicialmente prometí protegerlos, pero no creí que fuera a alcanzar.  Vale consignar que la reja era el entrepiso de la jaula de un hamster que falleció hace ya mucho.
 Por ahora, este amasijo de pelos negros prefiere estar cerca de la ventana del comedor adonde da el sol de la tarde. Ahí también está el ficus que nunca crece y que ahora nunca crecerá, porque a Chaplin se le da por acostarse encima.
Anoche ya no hizo escándalo. La anterior se puso a maullar fuerte a eso de las 3 am. Yo recorría el departamento en calzoncillos preguntándole qué quería, le hacía un multiple choice: agua? comida? mimos? qué mierda querés, gato. Y no era nada de eso, el negro quería eso que le estaba dando, atención, aunque él hubiera preferido que juguemos de nuevo con la cinta aisladora.
  Ya son varias las veces en que se trepa volando a mi cama, se encarama a mi hombro (duermo de costado) y me toca la cara con su mano afelpada y pinchuda. Hey, hey, despertate.
  Tengo muy en claro que se está adueñando de mí. Son los gatos los que nos obligan a subir sus fotos, nuestro perfil de facebook pasa a ser el de él, lo he visto muchas veces pero no me había tocado protagonizar el mecanismo de sumisión.
 No se por qué creo que este es un fenómeno contemporáneo. No recuerdo que esto pasara cuando era chico.
O será que en mi niñez no conocía personas solas y los gatos eran componentes enigmáticos de familias grandes que se entremezclaban los domingos con asados o ravioles, que tenían gato como tenían perro atado en el fondo como tenían pajaritos en sus jaulas.
De golpe siento que mi gato y yo somos pasajeros de una nave que aterrizó en el futuro.

martes, 19 de abril de 2016

No serás adoptado?

¿No seré adoptado?
Muchas personas se lo han preguntado. Porque algo en la historia personal no termina de cerrar, hay una versión oficial que se da de patadas con ciertos detalles, no hay fotos de la mamá embarazada o del papá pintando una cuna, y cada vez que salió el tema de las circunstancias del nacimiento, aparece una generalidad y sistemáticamente la conversación dispara para otro lado, tampoco hay madre con bombo en las fotos de los parientes.
Si estás rondando los 40 y la pregunta te asaltó más de una vez, posiblemente se habrá completado con esta otra: ¿seré hijo de desaparecidos? Porque ya debés saber que un grupo de abuelas, las Abuelas de Plaza de Mayo, están buscando a los hijos de sus hijos desde hace mucho.
Pero es posible que las odies, que hayas aprendido a odiarlas, que en casa se las nombre como “esas viejas de mierda”. Si voy acertando, posiblemente no sea casualidad.
¿Alguno de tus padres ha sido parte de las fuerzas armadas o de seguridad? ¿Han tenido o tienen amigos en esas fuerzas? Claro que eso no es un requisito para que hayas sido un niño o una niña de los apropiados; hay muchos casos en los que los padres adoptivos fueron civiles sin participación directa en los mecanismos de la dictadura. Pero sí se sabe que los padres que adoptan en un marco de legalidad, suelen contar muy claramente el origen a sus hijos “del corazón”.
¿Naciste entre 1975 y 1980? Podés ser uno de los nietos que se tratan de encontrar. No te pido que disipes la duda para conformar a una señora viejita que te espera para contarte tu verdadera historia. Ni por los tíos, primos, sobrinos con que te vinculan tus padres biológicos. Hacelo por vos, acercate a que te extraigan la duda, para no morir con ella, para descubrir la verdad o descartar este camino y seguir la búsqueda si esta no llega a ser.
Si te negaron tu historia, te negaron tu identidad, te negaron algo que podría completarte.
Nadie te pide que a partir de lo que resulte, odies a quienes te criaron o declares contra ellos. Eso correrá por tu exclusiva cuenta; la búsqueda de justicia contra los responsables de la Dictadura Cívico Militar va por otro lado, aquí se trata de saber una verdad, que te sirve a vos y le sirve a otros, cierra un círculo perverso de ocultamientos y mentiras.
Vos, nacido entre 1975 y 1980, vos con dudas acerca de tu origen, sos el destinatario de esta carta.
Pero tal vez él/ella no quiere escuchar estos llamados públicos, tal vez es tu papá o tu mamá y ya dice haber sepultado las sospechas que siempre ha tenido, puede que tampoco quiera hablar de las circunstancias de su nacimiento. Harías un gran bien, sería un gran regalo para todo tu entorno que insistas para que se haga la prueba.
Un pinchacito o una gota de saliva para que se acaben las dudas.
Porque la identidad se hereda, y la negación de la identidad también.
Podés visitar la página de www.abuelas.org.ar o comunicarte a CONADI 0800 222 266 234

miércoles, 23 de marzo de 2016

Presentes

No hace falta para recordar un pila de papeles amarillos, ni listas mecanografiadas, ni fotos en blanco y negro, ni siluetas que flamean, ni con vida los llevaron, ni filmaciones de la época, ni la placa en el rectorado, ni un plato vacío en la mesa, ni los lápices que escriben.
No hace falta para exigir justicia haber estado en la noche oscura en que entraron y se lo llevaron, ni llevar puesta la carne que electrificaron, ni haber construido a un padre con retazos, ni haber tenido colgada la campera del hijo.
Para que estos 40 años te atraviesen, para que sientas un hormigueo que te recorre la propia biografía, basta con tu don de gente, basta con esa empatía que te hace ver a las madres como si fueran tuyas, que te hace ver a las abuelas como si fueran tuyas, que te hace compañero de los compañeros desaparecidos, siempre presentes, 
siempre los tuyos, siempre con ellos tratando de enderezar el mundo.

martes, 22 de marzo de 2016

El eterno discurso del Yo no fui

Si no fuera cínica sería graciosa la manera en que las grandes potencias intentan deshacerse del registro de sus fechorías.
 En estas horas, el Mal golpeó a Bélgica. Una serie de atentados en Bruselas que el Isis ya se adjudicó, dejó un saldo de –hasta ahora- 34 muertos.
 Y uno piensa en Bélgica y piensa en la civilización, en la coexistencia de tres idiomas, en la capital burocrática de Europa. Por un mecanismo milagroso, por arte de birlibirloque en donde contribuye el poder mediático mundial, se nos hace lejano –por ejemplo- El corazón de las Tinieblas de Joseph Conrad.

El corazón de las Tinieblas, es una novela publicada a principios de siglo XX. Cuenta un viaje por el Congo, el Congo belga dominado por Leopoldo II. Racismo extremo, torturas y esclavitud al servicio de la extracción de caucho y de marfil. En la historia de Conrad aparece el personaje de Kurtz, el representante colonial vuelto loco y tratado como a un dios por “los salvajes”. Más tarde, en el cine, retomará trama y personaje Francis Ford Coppola para su película Apocalipsis Now, con Marlon Brando en el papel de Kurtz.
Pero todo quedó atrás, lejos en la distancia, en el tiempo y de la justicia.
Perdón si parece que no me dolieran los belgas asesinados. Por el contrario me causa un pesar, pero no uno que desligue las causas de los efectos y no uno que compita con el dolor que me generan los sirios, iraquíes o africanos, permanente bombardeados por los cultos europeos para instalarse sobre sus recursos naturales o para acumular fichas geoestratégicas como en el TEG.
 Por su parte, Obama es negro, y viene (literalmente) de pasear su negritud por la Cuba  ni enemiga ni desbloqueada. Es negro, es demócrata y tiene buenos sentimientos, cómo ponerse a recordar los intentos de matar a Fidel o la invasión de Bahía de Cochinos. Es bueno Obama, es bueno en un país malo sin pasado. Se aprovechan de su nobleza.
 Y viene para acá. Antes prometió que EEUU desclasificará documentos que tienen juntados desde la dictadura. ¿Llegará hasta el Operativo Cóndor?, ¿Incluirá la desaparición de delegados de la planta de Ford Motors?, ¿Estarán los programas de las materias de la panameña Escuela de las Américas, en donde se formaron nuestros genocidas, con profesores como los torturadores franceses que probaron los beneficios de la desaparición de personas en Argelia? Ya lo veremos. Obama es bueno, bueno aunque se le vaya la mano en los bombardeos con drones y despedace familias enteras que gritan en su indignación que los proteja Alá.
 Una y otra vez, borrón y cuenta nueva. No hay saqueos, genocidios ni apremios ilegales que empañen la buena imagen del primer mundo. Cualquiera de sus padecimientos son nuestros padecimientos. Porque somos como ellos, yanquis o europeos, o lo seremos ni bien terminemos de ser escarmentados por pensar otra cosa.


Yo me he propuesto no olvidar.

miércoles, 10 de febrero de 2016

Rápido y Furioso


(publicado en la última edición de Resumen del Sur, alta página web)

Sentados en corro, los que ya no son –según les acaban de decir- empleados del Ministerio de Cultura, miran para abajo, se abrazan, cuentan la noticia a sus amores por Whatsapp. Empiezan a llover huevos crudos que rompen fuerte en el asfalto, empiezan a llover dolorosos cubitos de hielo. Vienen de unos tipos del edificio de enfrente que quieren enfatizar su desprecio.
La foto del día (porque cada día tiene la suya) rebota por las redes sociales. No se puede creer, la opinión mayoritaria de la argentina minoritaria es que no se puede creer.

“El mundo hizo plop y nadie entonces podía entender
qué era esa furia” (Serú Giran – Mientras miro las nuevas olas)
 Los dos meses de gobierno de Mauricio Macri están signados por un gran plop, onomatopeya para la explosión de burbujas. Las aguas se dividen entre los que creen que estalló la realidad y los que creen que despertamos de su relato, pero lo fáctico indica que de la noche a la mañana desaparecieron tanto los discursos (mediáticos y políticos), como los dirigentes, como las políticas rectoras de la docena de años kirchneristas. Por estas horas se está averiguando si es el Frente para la Victoria completo lo que ha implotado tras la derrota. Eso al menos parece significar un grupo de diputados desertores que se suben al carro del vencedor y patean al caído.
Enero de 2016 fue muy parecido a despertar de un sueño, esos malos finales de cuentos en los que el protagonista descubre que la trama y los protagonistas eran puras elucubraciones de su propio inconsciente. Apenas le permitieron la duda algunas soleadas plazas de Kicilliof, Sabatella y los conductores de 678. Cristina se fue al sur, Aníbal apareció un rato por el tema de los prófugos, Hector Recalde y Rossi aportaron dignas presencias, y Máximo salió por teléfono con Navarro.  En el escenario, Macri, Clarín y el PJ.
Los dos primeros meses de Mauricio Macri tuvieron características de la blitzkrieg,  término militar alemán que describe la guerra relámpago, que consiste en infligir la mayor cantidad de daño y bajas al enemigo, antes de que éste atine a reaccionar. Demostrando un poder de fuego que solo una gran alianza política, empresarial, gremial, eclesial, internacional y mediática (y por ende de opinión pública) podía conseguir, la gestión PRO cargó contra el modelo K en un ataque masivo que fue desde lo simbólico, esperable y minúsculo, hasta lo que en campaña prometió como intocable.
Guste o no, la presidencia que empezó bailando en el balcón de Perón, demuestra haber aprendido que el ejercicio del poder, en un país tan politizado como el nuestro, requiere de mucho e implacable vigor, como para que el cuerpo social no encuentre los anticuerpos que rechazaban el implante neoliberal, que ya se le metiera en la década 1991-2001 y que terminó con estallido y helicóptero.
En esa sabiduría, Macri reunió al mejor equipo y lo puso a trabajar en las mejores tácticas. Experimentados canjeadores de deuda externa para endeudar de nuevo, CEO’s de multinacionales para administrar las empresas públicas, hombres y mujeres de la más rancia aristocracia para restaurar los privilegios de su clase. Y a trabajar coordinados y rápidamente, en una demostración de capacidad de fuego que no se esperaba de una fuerza relativamente nueva y no peronista.
Tal vez lo más abarcable en un intento de balance, sea la clara intención de transferir recursos desde la clase trabajadora hacia la flor y nata de la sociedad. Devaluar la moneda, eliminar las retenciones, desgravar los autos de alta gama, liberar la venta de dólares, desproteger los precios mientras se suspende todo registro de la inflación producida, negociar a la baja los salarios, mientras se despiden 60 mil personas de la administración pública y se invita al sector privado a realizar su propia purga, para que se desaliente el bando contrario de la puja distributiva, van claramente en ese sentido. Todo en el marco de una economía que, si bien venía frenando, ahora clavó de golpe los frenos, haciendo que los elementos más sueltos se estrellen contra el presente, sin avizorar un buen futuro. Una economía que tiende a decrecer un 1%, y que mientras se mete en una crudelísima recesión, quita los subsidios al consumo de energía.
Hacía falta volver a ir a Davos, ponerse bajo la férula del FMI, acariciar buitres, condenar a Venezuela, ratearse de la Celac y hacer chistes con David Cameron. Esto somos ahora.
Pero antes hacían falta todas las demostraciones de afecto que certifiquen que el de Macri se trata de un gobierno Clarín friendly (licuación de la Afsca para frenar los planes de adecuación, entrega del Fútbol para Todos) y era preciso callar del aire a las voces más influyentes que pudieran ser críticas o sencillamente formaran parte de los odios de su electorado. 678 y Víctor Hugo fueron los símbolos a derribar, como estatuas de Lenin o de Sadam.

Después, que importa del después
toda mi vida es el ayer
que me detiene en el pasado
eterna y vieja juventud
que me ha dejado acobardado
como un pájaro sin luz. (Naranjo en Flor – Homero y Virgilio Expósito)
 Algo del estremecimiento colectivo parte de la certeza de una obvia y fuerte necesidad de este viejo modelo. Se hace evidente –otra vez- que el modelo en marcha requiere de manos libres para reprimir a los descontentos, que ya los va sumando y en cantidad. Lo que empezó en la protesta de los operarios de Cresta Roja, lo que tuvo otro hito entre los despidos de la ciudad de La Plata, se repitió contra un grupo de murguistas en la Villa 1.11.14, entre los que había niños y adolescentes: gases lacrimógenos, balas de goma.  En medio, cobraron revancha contra Milagro Sala, acusada de hacer por los humildes jujeños lo que el Estado nunca haría, encarcelándola sin motivo y convirtiéndola en la primera presa política de la nueva era.
A mayor magnitud del estrago macrista, se hacen más evidentes las ausencias de  los dirigentes que podrían traccionar en  sentido opuesto.
En el mientras tanto, una porción estridente de la opinión pública (que uno prefiere imaginar ya no mayoritaria), festeja la brutalidad del gobierno rápido y furioso y tira huevos desde las azoteas o desde los foros abiertos bajo las noticias. Suena a una venganza que atraviesa la historia argentina, heredada de unitarios, positivistas, gorilas y amigos de la última dictadura. Da toda la impresión de que como broche de oro, en cualquier momento suben los cuadros, el gesto contrario al de Néstor Kirchner, que reivindique a los que masacraron al pueblo cuando también el capitalismo quería tomar medidas drásticas.
La pregunta más repetida en estos días no es si volverá Cristina y cómo jugará en la interna justicialista. Si bien ese interrogante existe, viene después de otro, inherente al gobierno actual: ¿tendrán algún placer preparado para las grandes mayorías? Como se sabe, la coartada de la “pesada herencia” tiene vida corta, algunos politólogos la ubican en cien días. Todo indicaría que la receta que esperan que funcione es la más clásica, la de la ortodoxia. Ajustar, secar la plaza, equilibrar las cuentas fiscales con la posibilidad de endeudarse, reducir el Estado a su mínima expresión y esperar, después de convertir a éste en un país serio, a que lleguen los inasibles capitales extranjeros a invertir a lo loco. El mismo tratamiento que se le da a las enfermas economías de España y Grecia, con los resultados que están a la vista.
Para eso, dicen, deberán trasponer la meta de los cien días.
http://www.resumendelsur.com/2016/02/05/rapido-y-furioso/


viernes, 5 de febrero de 2016

La idea de una marcha

 Contra lo que creían hipnotizadores y creyentes en el mal de ojo, la mirada no emite rayos. Tampoco se ha comprobado científicamente que exista la telepatía. Pero nada de eso impide que nos demos cuenta de que alguien nos está mirando. Uno está en una reunión e interactúa con gente que está en primer plano, saluda con la mano a alguno que entra en el segundo, pero siente un algo que ocurre completamente fuera de foco. Hasta que alza los ojos y ahí, en un rincón alejado, alguien nos está mirando fijo.
  Me pasa con ciertas ideas, que estaban escondidas detrás de otras. Últimamente la cosa está muy concurrida y, caminando de aquí para allá, se hace difícil elegir planos.
Me encontré con una que rondaba por ahí, y me tiene incómodo, porque contradice lo que venía pensando.
  Hasta hace no mucho, consideraba que todos los días tendría que ir a una marcha en contra o en defensa de algo. De hecho fui a un par. Casi todos los días de este verano han tenido una marcha, un acampe, un escrache o una batucada, alguna forma de protesta.
¿Para quién? ¿A quién le importa? ¿Quién lo ve, quién lo cubre? ¿A quién persuade, a quién suma?
 Se junta gente, se concentra en un punto y se marcha. Pueden haber tambores y cantitos, se pega la vuelta, se vuelve a concentrar, se desconcentra.
 Me parece que hay una vana esperanza en estas manifestaciones. Consiste en creer (y aunque no se lo crea realmente, la acción resultante es la misma) que quienes toman ciertas decisiones podrían estar atentos a la reacción de la gente. Y que si esa respuesta fuera adversa, sería posible que las medidas se revean. Es cierto, no es que nunca haya pasado, pero…
¿Somos la gente?  Es decir, somos gente, pero para la consideración pública, mediatizada por el mismo entente que dicta las normas, la gente que va a las marchas es siempre la misma, segmentada en la oposición al gobierno, por lo que los reclamos manifestados por separado se unifican bajo la misma calificación del grupo. Y se espera que esté allí, es un signo de triunfo que esté allí, en donde además se pueden cargar las penurias del tránsito.
 Nos quejamos de la falta de cobertura. Qué otra cosa que la mera existencia confirmada por las cámaras de televisión, puede aportar la transmisión de la marcha. “Yo andaba por ahí”, “yo no pude ir a ésta pero voy a la próxima”.

Algo –de un orden que no me atrevo a ponderar- ha cambiado del Cordobazo y sus réplicas para acá, de 2001 para acá. La Argentina es un país que marcha, que protesta, cuyos habitantes saben gritar su descontento cuando lo siente. En qué decanta semejante cantidad de suelas gastadas. Ante lo adverso y lo horrible reaccionamos, de la manera en que sabemos hacerlo, pero el resultado parece ser cada vez más magro. Es como la ruptura que ejercen las vanguardias artísticas, hasta que el sistema tradicional incorpora, asimila y neutraliza.
 No es un asunto que tenga cerrado ni tengo una conclusión demasiado firme. Me llegan como contraargumentos los cacerolazos que se hicieron contra el gobierno kirchnerista. ¿Es que el triunfo logrado por la oposición habrá tenido como parte de sus puntales las protestas por el supuesto homicidio de Nisman o el cobro del impuesto a ganancias? O no, o se hubiera producido igual, toda vez que se combinaron los elementos de la alquimia electoral.
  Las otras formas de protesta, las que se dan en las redes sociales, me parecen más claras en cuanto a su significado. Cada de uno de nosotros conforma una pequeña tribu, integrada por pensamientos afines. Y trae para el fogón una noticia, un chiste, un pensamiento que infunda valor al grupo, que refuerce las motivaciones de pertenencia, antes de que se cierre la sesión y cada uno deba mezclarse en la jungla cosmopolita, adonde nos hostiga la soledad o el choque con la cultura de las otras tribus.

 ¿La marcha es la forma tangible del foro feisbuqueano? ¿Apuesta a consolidar nuestra existencia antes que interpelar o combatir las motivaciones de la ajena?

 Podría ser un hecho positivo que resolvamos encarnarnos entre tanta virtualidad. Me quedará mirando la idea que es un costo de energía –tal vez no renovable- que no reditúa lo que debería.

Es muy posible que me estés preparando la respuesta de la necesidad de participación política partidaria como alternativa más fructífera que la simple marcha.

Esa idea también me estaría clavando la vista desde el otro rincón. Solo que esta vez, no se si existe o me la estoy imaginando.

jueves, 28 de enero de 2016

La revolución de aprender a vivir

Es posible que dios no exista y tampoco su paraíso, que se apague la vida y las partículas que nos componen, prestadas por el cosmos y con 40 mil millones de años, simplemente, vuelvan por donde vinieron, y ese que decimos ser, pase a no ser, como el tiranosaurio que no habita mi comedor, como el corredor de autos que jamás apareció en Hamlet. Deshacernos, con una última esperanza de trascendencia, como la que tuvo Ovidio Cernadas, mecánico de motocicletas, habitante de Villa Epecuén, el pueblo que tapó la laguna en 1985. Hacer la mueca de partir, aunque no haya destino, aunque el destino se haya cortado como un hilo. 
 Qué dirá el no Cervantes de su trascendencia inútil, de ese Quijote inmortal que no lo revive, que no puede devolver el gesto de traerlo para que reescriba sus andanzas.
 No, yo paso de anestesiar la muerte con promesas, yo paso de pasar a mejor vida, porque la vida es esto, lo que nos ha tocado y lo que hemos hecho por ponerla bella, por hacerla más justa y habitable para quienes merecen nuestro amor. Yo no me imagino a mi papá del otro lado, viniendo por mí en su Taunus turquesa, para llevarme a un sitio en el que no existe el dolor, tan libre de pena que ni vale la pena, que se llama vida eterna y se extiende hasta el infinito, como si este compendio de errores y aciertos que me constituyen mereciera no acabarse, como si pudiera ser eterna, en mi subjetividad única, mi subjetividad compuesta también por la pesadumbre y la esperanza de tener fecha de vencimiento.
 No, la vida se hace trascendente desde ese día incierto hacia aquí, la vida debe ser vivida sin bonus track, sin anexos, valorizando cada beso, cada abrazo, cada ligero cambio que podamos producir en la humanidad desde nuestra pequeñez, valorando hasta este minuto que me tomo en señalarlo.

 Y tal vez la revolución tampoco llegue. Ese momento que todas las generaciones sueñan como contemporáneo, ese estallido planetario en que se acaban las clases sociales para ser por fin felices, comiendo de un mismo gran plato solidario.
 Algo me dice que no debemos esperarla, que sería fantástico y deseable, pero que en esa espera podrían haberse tomado caminos más prácticos, aunque ciertamente menos ambiciosos.

 Porque un oso polar grande ha cazado una foca y se la come. Y viene otro famélico a querer desayunar, y el oso cazador, que es más grande y es más fuerte, lo saca cagando. 
Un ser vivo hambriento se traslada adonde come un ser vivo más poderoso, que por poderoso es mezquino. Pero mientras raramente los osos comen osos o los tigres cenan tigres, los hombres somos caníbales, cegados a nuestra especie por ambición acumulativa, por ese poder imbécil para calmar la espantosa idea de la propia muerte.
 La revolución posible no es la de acabar con los poseedores, que cada día mejoran sus garras y sus dientes, sino la de reducir el apetito. Vamos, hablo acabar con el consumismo, esa idea del ser cuantificada por el tener, esa concepción de las muchas cosas necesarias para ser feliz.
  Se dirá que no hay felicidad sin un plato de comida, que no la hay ni puede haberla oyendo las tripas vacías de los hijos. Claro, es esa la primera y urgente etapa de la revolución, que hasta puede alcanzarse sin violencia. El asunto es inmediatamente después, ya satisfechas las necesidades vitales. Ojalá surgiera, en esa instancia y en todo el mundo, el convencimiento de que la felicidad está al alcance de la mano, sin consola de juegos, sin el último celular, sin conocer París, sin el auto que lo haga todo y a toda velocidad, sin perfume, sin postgrados. Esa felicidad que desconocen tanto los ricos que poseen como los pobres que quieren poseer. 

Hacer la revolución de acabar con el juego. Porque si no hay juego no hay perdedores. Lo se, porque como no me gusta el fútbol yo nunca pierdo. No hay que inventarle nuevas reglas, no harán falta guillotinas ni paredones, la clave estará en no jugar, aprender a ser como si cada día fuese el último, adonde no importen las cuentas bancarias o las zapatillas que llevemos.
 Es la única revolución que podría acabar con las revoluciones, o con la tensión o la esperanza de ponerle fin a esta opresión, tan vieja como la humanidad, humanidad que se olvida, a cada rato, de la principal característica de la especie: la conciencia de su inexorable finitud.

No sé si llegaré a verla. Pero esta noche tenía necesidad de legarla por escrito.

  

lunes, 25 de enero de 2016

Empoderar lo desapoderado, desesperadamente

Si tantos gritan pavadas, por qué me voy a privar de gritar lo que siento, aún sin pleno convencimiento. 

¿Qué tan real fue la acumulación de poder, la hubo? 
¿Y el verbo empoderar, existió?
La hubo, existió, entonces a qué obedece esta monstruosa sensación de impotencia.

No creo que el amor que se termina, convierta en mentira un pasado enamorado. Pero qué raro este desamor de enero, tan repentino, tan dale yo te llamo.

No perdimos, ya habíamos perdido.
No nos perdimos, solamente no sabemos adónde vamos.

“-Minino de Cheshire -empezó Alicia tímidamente, pues no estaba del todo segura de si le gustaría este tratamiento: pero el Gato no hizo más que ensanchar su sonrisa, por lo que Alicia decidió que sí le gustaba -. Minino de Cheshire, ¿podrías decirme, por favor, qué camino debo seguir para salir de aquí?
-Esto depende en gran parte del sitio al que quieras llegar – dijo el Gato.
-No me importa mucho el sitio… -dijo Alicia.
-Entonces tampoco importa mucho el camino que tomes – dijo el Gato.
– … siempre que llegue a alguna parte – añadió Alicia como explicación.
– ¡Oh, siempre llegarás a alguna parte – aseguró el Gato -, si caminas lo suficiente! “


sábado, 16 de enero de 2016

La memoria de los escombros

¿Habrá que rendirse al silencio cuando nos decorazone sentir que ya acomodamos de todas formas los argumentos, que ya pusimos las palabras en todos los órdenes, buscando el antídoto a la necedad?
¿Habrá que darlos por irredentos, antes de percatarnos de que lo que creíamos verdaderos misiles discursivos que impactaban en su bestialidad, constituían en realidad un bonito desfile de conceptos para nuestros propios ojos, para darnos el valor que nos haga soportar al invasor?
¿Será que los hechos nos ganan en elocuencia y hay que esperar que por allá se les pase la sordera para oír el estruendo ?
¿Nos ponemos debajo de la mesa, buscamos la seguridad de las escaleras o de los marcos de las puertas, aspiramos el polvo, mientras nos tiembla el piso y se derrumba en tan poco lo que costó tanto?

Me consuela creer que las ciudades guardan memoria de su integridad, que los escombros se transforman en ladrillos para los nuevos edificios y que un día se rehicieron Guernica, Berlín, Londres y Tokio.
Me apenan, eso sí, los gentilicios que van quedando enterrados.

Por eso sigo con el casco puesto este inútil puzzle de palabras.


viernes, 15 de enero de 2016

Hubo un tal Cioran


 Era rumano, pero qué más da. Fue un hombre que me copió los pensamientos en el pasado.


“Mi misión es matar el tiempo y la de éste matarme a su vez. Se está bien entre asesinos.”

 “Si alguna vez has estado triste sin motivo, es que lo has estado toda tu vida sin saberlo.”

 “La sociedad no es una enfermedad, sino un desastre. Es un milagro estúpido que consigamos vivir en ella”

 “Un instante de lucidez, sólo uno; y las redes de lo real vulgar se habrán roto para que podamos ver lo que somos: ilusiones de nuestro propio pensamiento.”

 “El hecho de que la vida no tenga ningún sentido es una razón para vivir, la única en realidad.”

 “No hago nada, es cierto. Pero veo pasar las horas lo cual vale más que tratar de llenarlas.”

 “Se puede soportar cualquier verdad, por muy destructiva que sea, a condición de que sea total, que lleve en sí tanta vitalidad como la esperanza a la que ha sustituido.”

 “El orgasmo es un paroxismo; la desesperación, otro. El primero dura un instante; el segundo una vida.”

 “Sólo los espíritus superficiales abordan las ideas con delicadeza.”
Emil Cioran


lunes, 11 de enero de 2016

Hoy como ayer


Mirá que me llevó tiempo encontrar la respuesta. Ahora calculo que son más de 20 años. 
Yo preguntaba, les preguntaba a periodistas mayores que compartían conmigo el aire, cómo pudieron atravesar la dictadura siendo periodistas, cómo fue que no se enteraron, cómo fue que si acaso se enteraron, no lo decían.
Antes de que me respondan, a mí me sonaba de fondo la Carta Abierta de Walsh, a sólo un año del golpe.

 El señor T, medio molesto ante mi indignación preguntona, me decía (fuera del aire) que no se podía hacer nada, y dejaba entrever que la transmisión de boxeo no tiene nada que ver con la política.

 El señor C respondía en cambio que no se enteró de nada. Y me contó una anécdota para que me de cuenta: "Cuando fuimos a cubrir el Mundial de España '82, veíamos carteles que hablaban de los desaparecidos. Y nosotros todavía pensábamos que era la campaña antiargentina!". En 1982, en 1982 después de la guerra de Malvinas, en 1982 la campaña antiargentina, publicándose la revista Humor.

  Pero ahora me cierra todo, el presente me explica el pasado con mucha claridad.

  En principio, se puede ser un periodista consagrado y al mismo tiempo ser un perfecto ignorante. Eso porque buena parte de la sociedad tiene bajas expectativas en lo que a información se refiere. No quiere noticias, quiere a sus ideas, desea mantener sus prejuicios así como están  Sin ese requisito, al televidente le  alcanza con el show, con estar frente a ese show montado para que pueda creerse informado.
 En segundo lugar, los periodistas, con énfasis en los que se desempeñan ante los micrófonos, alcanzan una cierta forma de prestigio social, aunque ese prestigio no sea validado por sus colegas, digamos, más serios. Les basta con el reconocimiento "de la calle", con los saludos, con su nombre mencionado a su paso. En las ligas mayores escriben libros, aunque siempre les suponga un riesgo presentarlos. Esa posición en la cadena alimenticia, lo que primero les genera es identificación con una clase social a la que no pertenecen. Son el poder, se sienten el poder porque el poder les paga el whisky y los conoce por el nombre de pila. Más tarde o más temprano se hace cierto, se convierten en el poder, son el poder, ni el cuarto ni el tercero, el poder a secas. Y como se sabe, los conversos son los peores, Los periodistas conversos ya no son periodistas ni quieren volver a serlo. Pasan a  formar parte del show pseudo informativo que conviene, ahora sí, a su casta. Entonces distorsionan, falsean, inventan redondamente, ocultan, censuran, ya ganados por intereses (para ellos)  muy superiores a los de esta profesión.

  Llegados allí, qué les pudo haber costado decir que unos muertos con orificios de bala en la espalda fueron abatidos en el marco de un enfrentamiento entre las fuerzas armadas y una célula terrorista.
 Qué les costó enmascarar el exilio de un artista, remitido a un simple "radicado desde hace algunos años en el exterior".
 En cuánta amoralidad sentían incurrir al mentirle al pueblo, al decir que íbamos ganando una guerra que se sabía perdida.

La respuesta siempre es Nada.

Como nada es lo que pagan por seguir mintiendo en democracia, diciendo que está mal lo que está bien o diciendo que está bien lo que está para el orto, llenando hojas en blanco con eufemismos, medias verdades y gacetillas de prensa que emanan de las siempre renovadas usinas de la falsedad.

 Y si fueron capaces de seguir ante cámaras después de disimular 30 mil desaparecidos, cómo no van a poder (las mismas personas o sus sucesores, sus hijos, sus nietos) esconder la ola de despidos y la represión policial. Una papa.

Y por supuesto no serán ellos los que aborden el asunto del descomunal andamiaje de monopolización de la palabra que construye el nuevo gobierno.

No dirán nada del despido Víctor Hugo Morales, como no dicen nada de los despidos masivos de colegas,
como no dijeron (o no hubieran dicho) nada de los asesinatos de Walsh o de Paco Urondo.

 En tanto el poder no pase de mano y vaya a parar a esa abstracción que llamamos "gente", los canallas seguirán empoderados, y mentirán para no decir la verdad.

 Quiero creer que en 40 años, ya somos más los ciudadanos que conocemos nuestros derechos, que los imbéciles que disfrutan cuando nos hacen callar.