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Hagan una fila


 No se tú, pero yo no necesito un mártir. Los hubo, hay: Kosteki, Santillán, Fuentealba, Teresa Rodríguez, Ferreyra. No preciso más para demostrar de lo que es capaz el sistema, no lo preciso para que se bauticen nuevos grupos ni aumente el tamaño de las banderas.

 En estos días, el Presidente y todo el aparato están empezando a reprimir. Camiones hidrantes, gendarmes, balas de goma, gases lacrimógenos, el mismo batallón para las mismas batallas. Ya disponen cabezas de tortuga ahí donde se inician los estragos del ajuste.

Y, claro, la pulsión por manifestarse parece inherente al género humano. Yo fui a tres marchas en dos semanas. Pero ahora me pregunto si no habría que urdir formas nuevas.

  Las movilizaciones intentan demostrar número y fuerza. Respecto de lo último, es común que se corten rutas y caminos de acceso, de manera que los interrumpidos y atascados contribuyan al clima de malestar general respecto de las medidas que el gobierno toma.

 Pero los automovilistas atascados, son los primeros en pedir que corra la sangre de los piqueteros. Y a la prensa, en particular a la tele, ya no la impresionan las marchas, son una parte del paisaje o el motivo por el cual se producen las demoras.
Corte parcial, corte total, represión, corridas. Y vuelta a comenzar el ciclo al otro día.

 Algunas "construcciones" políticas, dicen constituirse en la calle. Están esperando con la bandera a que haya un conflicto, aspiran a ser la vanguardia de los damnificados. Cuanto más quilombo se genere, más adrenalícamente felices serán. Cada despido masivo es un indicador de que el capitalismo está mostrando sus fisuras, paso previo a que los desarrapados adopten conciencia de clase y abracen la conducción clasista. Creen que en ese proceso, a los trabajadores se les quita el gen peronista. Y si hay muchos palos, muchos moretones por balas de goma, la ceremonia será perfecta. Falta solamente el mártir.

Yo estoy repodrido de ver nacer mártires.

Así que iría pensando en alternativas para el mecanismo.

Como una movilización interior, un mezclarse de los manifestantes entre la gente. Pelucas rojas de caranaval carioca.

O como una larga fila: Imagino a dos mil personas mostrando su número y su fuerza en una especie de cola equivocada, frente a un organismo público. La marcha de siempre, pero convertida en una hilera kilométrica, de a uno. En la entrada de Ezeiza, por ejemplo.

Cosas que sorprendan al televidente, viste, que lo dejen pensando en vez de sumirlo en el automatismo de derecha que le hace desear la represión.
Todo eso mientras pergeñamos como superar las protestas con nuevas propuestas.
Porque es natural salir a la calle cuando la política acucia, pero después de tantas derrotas ya deberíamos haber aprendido que la única lucha que se gana es la que se gana a la opinión pública.



Comentarios

marcela diaz ha dicho que…
Muy bueno.
La idea de la larga y silenciosa fila es genial.
Silenciosa propusiste?? yo la imaginé así.



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