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martes, 29 de diciembre de 2015

Bagdad 2003 / Buenos Aires 2015

 El cielo verde en la noche de Bagdad. No estuve ahí, de hecho nadie estuvo ahí, en esa noche televisada de 2003, cuando los iraquíes recibían su inmerecido por el atentado a las Torres Gemelas. Fue el inicio de una nueva era de la comunicación social. Una falsa culpabilidad para justificar una masacre invisible, que permita el dominio de territorios y mentes, la mentira como arma corporativa. La implosión del periodismo.

 En estos días la Argentina tiene el cielo pintado de verde. Hay una guerra por la imposición de una verdad, y la estamos perdiendo mientras gritamos que es mentira. No es que el enemigo tenga razón, sólo que teniendo todo los medios para mentir, la mentira se parece a la verdad. 
Tanto nos desespera, que nos estrellamos las cabezas mientras corremos a informarnos por aquí y por allá, huérfanos de una buena prensa que ejerza su profesión honestamente para difundir noticias chequeadas, variadas y nutritivas. Juntamos por las redes pedacitos de saberes, solo para descubrirnos como cándidos agentes de una operación tras otra. 

 Es que ganó Clarín, y Clarín no es más que un símbolo que representa el poder, como lo es EEUU en el damero mundial. Ni es sólo el grupo Clarín, ni solo son los yanquis los exclusivos poderosos, dispuestos a barrer con todo vestigio de oposición a sus apetencias coloniales, sirviéndose de la manipulación. Pero para qué dar la lista.

  La victoria de Clarín es concomitante con la derrota del anticlarinismo. Ellos ganaron porque nosotros perdimos, lo que es más cierto que decir que nosotros perdimos porque ellos ganaron. Se hizo lo que se creyó mejor, pero no se hizo bien, o si se hizo bien fue a todas luces insuficiente.

  Es que no existe el vacío de poder, es un oxímoron, el poder solo se rinde ante otro poder. Nos concentramos en desmentir al Gran Diario argentino, pero no supimos crear otro que a los lectores les resulte más confiable y por ende dispute la masividad. Acaso sin querer, refutamos a los farsantes con tanta enjundia, que no evitamos incurrir en la farsa de una actualidad circunscripta a la disputa por la verdad. Nos convencimos tanto de la fuerza de ataque de los medios hegemónicos, que creamos, no una contra-hegemonía, sino una hegemonía de diferente signo. Probamos que la corpo mentía descaradamente, pero en el proceso de comprobación se sepultaron verdades que hubieran servido para reforzar y acreditar el discurso refutador. Dicho de otro modo, la red de medios anti Clarín, debió darse el derecho de ser mucho más crítica con el gobierno que daba la lucha. Debió, por ejemplo, exigir con toda la fuerza de la opinión, que se cumpliera una Ley de Medios paralizada como una liebre ante un farol ante cada reacción del enemigo. La pluralidad de voces es solo una expresión de deseos si esas voces invitadas no cuentan con los medios para surgir, o si al surgir no son escuchadas. En la era de la comunicación, los públicos no quieren sintonizar una FM perdida y poco profesional para acceder a la información con la que sustentar el propio discurso. En vez de meros acuerdos sobre la arena con Cristóbal López, Spolsky o Gvirtz, debió favorecerse el nacimiento de medios de comunicación de alcance masivo, no ya objetivos –en la certeza fundamentada que la objetividad no existe- pero tampoco obsecuentes. El abroquelamiento en torno de un discurso único, hizo espejo desde lo político a lo mediático, y el resultado está a la vista en ambos terrenos. Y aunque la derrota es circunstancial, debería ser también educativa para el futuro.

 Me niego a llevar una pancarta para que vuelvan 678 y Cristina. Quise a esas personas en esos lugares, pero me resisto a que aceptemos la pobreza de depender de un programa y de una dirigente política, porque no la creo una pobreza representativa de lo que hay de este lado de la grieta. Y si se me respondiera que “bueno, es lo que hay”, contestaría que es lo que hay porque no se sembró para que haya más, y que esa omisión de tan metafórica agricultura, hoy se paga con hambres de todo tipo. 
Voy por la diversificación de los cultivos, en lugar de apostar a la supremacía de lo más rentable.

 Mientras tanto caen las bombas, vemos la luz pero no el fuego, vemos morir la Afsca, pero no es más que un muerto destacado en medio de la matanza, que incluye hackeos a Página 12 y desmantelamiento de medios por parte de Spolsky, que cerró de facto El Argentino y sin mediar una palabra con sus laburantes, lo que habla de un apoyo al modelo contrariado. más de conveniencia que de fondo. La patria era y es El Otro.

Ellos ganan, pero si pudo el Vietcong podemos nosotros. 
En lo inmediato se ha hace difícil ostentar la tenencia de una razón comprobada con estos medios.
Eso creo, sólo creo, yo.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Excelente y esclarecedor, como siempre. Ay, cuánto se complicaron las cosas... Beso, GabyFalas