Ir al contenido principal

TODO ES HISTORIA


Le cuento a la mocosa cómo eran los teléfonos de antes.
Le cuento que eran pocos los que tenían, y que los departamentos a la venta, si lo tenían, lo ponían en los avisos clasificados.
Le cuento que en casa cuando llegó dábamos saltos.
Y que dos por tres venía una vecina a preguntar si podía hacer una llamadita.
Y que mi mamá refunfuñaba en la cocina diciendo que era medido.
Que te comunicabas con una operadora y decías: quiero comunicarme con un abonado de Quemú Quemú. La señorita tomaba nota y la escuchabas discar. Cuando la atendían del otro lado, se la oía decir: "tiene una llamada de Mar del Plata, lo comunico".
Le cuento que en las fiestas había una espera como de 6 horas para hablar a Buenos Aires. Y cuando el pariente de allá descolgaba, era común que le ordene a otro que corra para hablar también, que era de larga distancia. Hablar, se hablaba a los gritos.

 Y que los teléfonos se "discaban". Porque no había botonera (esa sofisticación llegó avanzados los '80) y entonces uno ponía el dedo en el agujero del número que quería, y arrastraba el agujero hasta un tope, y así hasta completar el número.

Había espacios comunes en los que alguien al disco le ponía un candado.
Había casas contiguas que compartían un mismo teléfono, y se habilitaba para un lado y para el otro con una palanquita.

En algunas ocasiones, uno discaba cierto número y la línea se empeñaba en dar con uno equivocado. Así hasta que se convenía con el fastidiado receptor que descuelgue un rato el tubo para poder comunicarse.
Pero lo más copado de todo, eran las conversaciones ligadas. A veces agarrabas el tubo y te encontrabas con una conversación en curso. Entonces, te la pasabas meta escuchar confidencias ajenas hasta que uno de los interlocutores se avivaba y decía "me parece que nos están escuchando". Y ahí uno decía "no es cierto, sigan sigan" o se ponía todo morado y colgaba despacito, solo para volver a levantar en tres minutos y verificar si seguían.      

Beneficios historiográficos de haber vivido la prehistoria.
Mi hija menor, a la mitad del relato, se puso responder una conversación del grupo de whatsapp de su escuela.

Comentarios

Luciano ha dicho que…
Somos portadores de la luz de Entel.

Entradas populares de este blog

CARTA ABIERTA A LA SEÑO DE JARDÍN

Querida Seño Eugenia: Te agradecimos personalmente. Pero decido escribirlo, acaso para poder expresar mejor la dimensión de este “gracias”. Todos hacemos lo nuestro. Cada quien con su ocupación, con su trabajo, hace lo mejor que puede. A veces ponemos más ganas, otras menos. Y por cierto los agradecimientos no abundan, no es más ni menos –entendemos- que la responsabilidad que nos toca. Pero a vos sí queremos decirte gracias. Porque de todos los trabajos que existen, el tuyo tiene que ver con nuestra mayor riqueza: nuestros hijos. Y cada día del año dijimos gracias. Hoy, ya en la despedida, juntamos esas gratitudes para que te las lleves, para que tengas constancia de vos misma, de lo que pudiste generar en cada una de nuestras familias. Son pequeños gestos, tal vez. Contarnos que “hoy le dolió la panza”, que “hoy no quiso hablar”, que “se siente triste”, que está contento. Pequeño reporte cotidiano de nuestros pequeños, desde alguien que pasa con ellos 4 horas de sus días. Podría minimiza…

10 razones por las que enloquecimos con La Casa de Papel

EL SIGUIENTE ARTÍCULO PUEDE "SPOILEAR" UN POCO, YA QUE LO ESCRIBÍ HABIENDO VISTO LA SERIE COMPLETA. OTRO DÍA HABLAMOS DE CÓMO ESTÁ DE MAGNIFICADO ESE ASUNTO DE SPOILEAR.



Enloquecimos con La Casa de Papel, esta serie española producida para Antena3, que hace poco subiera Netflix (sólo una primera parte, a la segunda la tuvimos que buscar en los salvajes portales tipo series pepito) y que el fin de semana extralarge nos permitió ver maratónicamente.


La Casa de Papel narra como un grupo de atracadores, dirigidos desde afuera por un Profesor genio que lo previó (casi) todo, se adueña de la casa de la moneda española dentro de la cual se pone a imprimir sus propios euros, ganando tiempo con una serie de ardides a cuál más ingenioso, destinados todos a que de afuera crean que se trata de un simple asalto con rehenes para llevarse la plata que ya estaba. Hay más, el Profesor se enamora de la policía mediadora, con lo que casi se pudre toda la operación, pero al final no, etc. Vayan …

No me arrepiento de este amor

Amo a Cristina. Amo a Cristina y la amo más cuanto más la odian, la amo en exacta proporción a lo incomprensible que les resulta mi amor, y el de tantos otros. Pero no pasa nada si hago otro intento por explicarlo.  Cristina encarna una manera de ver el país y su contexto, aunque no sea la única inventora de esas visiones. Encarna, dije. Resulta la encarnación de viejos anhelos, expresados -por ejemplo- en aquéllas asambleas populares de 2002, el año después del que se fue todo a la mierda. Quien haya estado en alguna plaza recordará alguna de las ideas que se nos ocurrían cuando creímos que se habían ido todos: revisar la deuda, asignación universal por hijo (derecho que reclamaba en 2001 el Frente Nacional contra la Pobreza), estímulo del consumo y de la producción nacional, juicio y castigo a los responsables de la dictadura cívico militar. Una brainstorm de necesidades obvias, toda vez que las ideas contrarias nos habían llevado al default, al trueque y a la miseria.
 Néstor pri…