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lunes, 8 de junio de 2015

Cielo

como a las 7 íbamos llevados por un remis, las hijas, el perro, yo.
El hombre de la música melódica agarró por la costa. Es genial verla usar los faroles de la noche, aunque ya está por llegar la mañana. Maravilloso el espectáculo del mar todavía rodando hacia la arena a mínimo, con olas que no mojan.
Y pensaba lo que siempre pienso sobre el cielo: nada que lo cuente, que lo represente, que lo fotografíe, nada que lo evoque tiene nunca ninguna contundencia al lado del original. Pero igual: era un cielo de magenta manchando despacito. Nubes casi negras de tan azules, que cuando el sol del otro lado les mandaba rayos en un ángulo muy agudo, dejaban ver algunos rubíes chiquitos.

miércoles, 3 de junio de 2015

Jajaja



  Antes venía acá, a este arcaico medio de comunicación personal, para llorarme las lágrimas que nunca me caen. Porque no me caen lágrimas, y eso es malo. Antes venía acá a que me caigan letras de los ojos secos, a dejar registro de los dolores y los pesares.
  Hoy resulta que me escondo para reír.  La felicidad es más difícil de caretear que los bajones, y tiene menos prensa y admiración. Estoy tocando la felicidad de a ratos, me escapo de mí y la veo furtivamente, como a una amante. Se va, viene, promete un día mudarse conmigo. Yo la verdad que no quiero, no quiero la felicidad eterna, no quiero la sonrisa constante, no quiero ninguna forma de eternidad. Es sobre la muerte que se coge bien con la vida, es que un día se termina lo que hace al juego interesante.
 No sé, me encontré con una flor y no se si me miente y me hace mentir. Hago este rápido informe de un buen estado. Lo dejo acá, adonde me visitan un par de almas tal vez afines y algunas más que creerán serlo aunque me repugnen. Lo tiro al aire como a mis propias cenizas. Lo dejo en suspensión para que brillen las partículas felices cuando alguien logre abrir esta pesada persiana.
 No hay secretos para la felicidad, muchacho. Hay que morderla cuando la veas pasar.
Carpe diem hermano.