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jueves, 1 de enero de 2015

Hey. Que te cuento que trato de aprender a ser feliz, y de a ratos lo consigo. Eso no debería por fuerza convertirme en alguien triste, porque nadie dice cuánto duran  esos ratos, solo presto atención a la posición de la aguja. 
Y, claro, en otros momentos, el pájaro de piedra que vive detrás de mi esternón, se empeña en abrir sus alas a través de los órganos del tórax. Pero creo ser yo mismo el que se lo permite.
 Hoy empezó el año y ya se hizo de tarde. 
Bajé dos cuadras hasta la avenida para ir al kiosco. Como la calle es mano para acá, los autos que agarran la loma me permiten ver su contenido. Gente que va a casa de la otra familia o vuelve de ahí. Transporte de viejitas frágiles. Pero lo que más me llama la atención, es el rostro de algunas pasajeras. Prisioneras. Y también la cara de culo de algunos choferes. 
Las fiestas se terminan. 
Le dije felicidades al kiosquero, mi primer diálogo del año. 

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