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jueves, 31 de diciembre de 2015

Brindo por tus lagrimones

Carezco de autoridad para decirlo, porque a mí, aunque quiera, no me sale. Pero ocurre que esta vez no tengo ni las ganas.
Te lo digo en un plano más bien simbólico; sabemos que lo vas a hacer cuando quieras y lo necesites, es parte del juego.

Date. esta noche, la última libertad para llorar.

 Danos, en adelante, la fuerza en tu mirada, el brillo de tu alma, ese que no podrán opacar ni los peores tiranos ni los tiempos más canallas.

 Hemos salido de momentos peores, mucho de los cuales ni nos han rozado. Es nuestra hora, la de ponernos a dar la batalla. Me vas a decir que es difícil, y te voy a responder que si fuera fácil no sería una batalla. Me vas a decir que no lo esperabas, y te voy a responder que es mejor, que la vida sería insoportable si a toda primavera la pasáramos pensando el invierno. Muchos viven así, lamentando que van a morir. Vos no, vos y yo y tantos más no, queremos entregar a la tierra un cuerpo que haya luchado, haber sido dignos merecedores de la vida. Somos, querido amigo, luchadores, y los guerreros solo se dan por muertos para ganar, se dan por muertos para llevarle muerte al enemigo, para después emborracharse hasta el vómito, brindando por esta broma extraña que llamamos vivir.

Así que llorá, llorate el porvenir. Porque nos vamos a encontrar riendo ahí, así el cielo se cierre y se ponga negro, así se caigan quienes amamos.
Nuestras causas nos superan en importancia. Tengamos la alegría de sabernos un colectivo, tengamos la felicidad de las abejas que pican y dan felices la vida por el enjambre, porque saben que es la suerte de la colmena lo que las define.

Llorá y reíte de mi estupidez de invitar a la suerte a este encuentro. La suerte no tiene nada que ver, cuando nos atrevemos, cuando tomamos el coraje de ser sujetos de la historia.

Salud! Y buenos años por venir. 
Ellos saben que no nos han vencido.
Sonate la nariz, salgamos a ganar.

martes, 29 de diciembre de 2015

Bagdad 2003 / Buenos Aires 2015

 El cielo verde en la noche de Bagdad. No estuve ahí, de hecho nadie estuvo ahí, en esa noche televisada de 2003, cuando los iraquíes recibían su inmerecido por el atentado a las Torres Gemelas. Fue el inicio de una nueva era de la comunicación social. Una falsa culpabilidad para justificar una masacre invisible, que permita el dominio de territorios y mentes, la mentira como arma corporativa. La implosión del periodismo.

 En estos días la Argentina tiene el cielo pintado de verde. Hay una guerra por la imposición de una verdad, y la estamos perdiendo mientras gritamos que es mentira. No es que el enemigo tenga razón, sólo que teniendo todo los medios para mentir, la mentira se parece a la verdad. 
Tanto nos desespera, que nos estrellamos las cabezas mientras corremos a informarnos por aquí y por allá, huérfanos de una buena prensa que ejerza su profesión honestamente para difundir noticias chequeadas, variadas y nutritivas. Juntamos por las redes pedacitos de saberes, solo para descubrirnos como cándidos agentes de una operación tras otra. 

 Es que ganó Clarín, y Clarín no es más que un símbolo que representa el poder, como lo es EEUU en el damero mundial. Ni es sólo el grupo Clarín, ni solo son los yanquis los exclusivos poderosos, dispuestos a barrer con todo vestigio de oposición a sus apetencias coloniales, sirviéndose de la manipulación. Pero para qué dar la lista.

  La victoria de Clarín es concomitante con la derrota del anticlarinismo. Ellos ganaron porque nosotros perdimos, lo que es más cierto que decir que nosotros perdimos porque ellos ganaron. Se hizo lo que se creyó mejor, pero no se hizo bien, o si se hizo bien fue a todas luces insuficiente.

  Es que no existe el vacío de poder, es un oxímoron, el poder solo se rinde ante otro poder. Nos concentramos en desmentir al Gran Diario argentino, pero no supimos crear otro que a los lectores les resulte más confiable y por ende dispute la masividad. Acaso sin querer, refutamos a los farsantes con tanta enjundia, que no evitamos incurrir en la farsa de una actualidad circunscripta a la disputa por la verdad. Nos convencimos tanto de la fuerza de ataque de los medios hegemónicos, que creamos, no una contra-hegemonía, sino una hegemonía de diferente signo. Probamos que la corpo mentía descaradamente, pero en el proceso de comprobación se sepultaron verdades que hubieran servido para reforzar y acreditar el discurso refutador. Dicho de otro modo, la red de medios anti Clarín, debió darse el derecho de ser mucho más crítica con el gobierno que daba la lucha. Debió, por ejemplo, exigir con toda la fuerza de la opinión, que se cumpliera una Ley de Medios paralizada como una liebre ante un farol ante cada reacción del enemigo. La pluralidad de voces es solo una expresión de deseos si esas voces invitadas no cuentan con los medios para surgir, o si al surgir no son escuchadas. En la era de la comunicación, los públicos no quieren sintonizar una FM perdida y poco profesional para acceder a la información con la que sustentar el propio discurso. En vez de meros acuerdos sobre la arena con Cristóbal López, Spolsky o Gvirtz, debió favorecerse el nacimiento de medios de comunicación de alcance masivo, no ya objetivos –en la certeza fundamentada que la objetividad no existe- pero tampoco obsecuentes. El abroquelamiento en torno de un discurso único, hizo espejo desde lo político a lo mediático, y el resultado está a la vista en ambos terrenos. Y aunque la derrota es circunstancial, debería ser también educativa para el futuro.

 Me niego a llevar una pancarta para que vuelvan 678 y Cristina. Quise a esas personas en esos lugares, pero me resisto a que aceptemos la pobreza de depender de un programa y de una dirigente política, porque no la creo una pobreza representativa de lo que hay de este lado de la grieta. Y si se me respondiera que “bueno, es lo que hay”, contestaría que es lo que hay porque no se sembró para que haya más, y que esa omisión de tan metafórica agricultura, hoy se paga con hambres de todo tipo. 
Voy por la diversificación de los cultivos, en lugar de apostar a la supremacía de lo más rentable.

 Mientras tanto caen las bombas, vemos la luz pero no el fuego, vemos morir la Afsca, pero no es más que un muerto destacado en medio de la matanza, que incluye hackeos a Página 12 y desmantelamiento de medios por parte de Spolsky, que cerró de facto El Argentino y sin mediar una palabra con sus laburantes, lo que habla de un apoyo al modelo contrariado. más de conveniencia que de fondo. La patria era y es El Otro.

Ellos ganan, pero si pudo el Vietcong podemos nosotros. 
En lo inmediato se ha hace difícil ostentar la tenencia de una razón comprobada con estos medios.
Eso creo, sólo creo, yo.

jueves, 24 de diciembre de 2015

Las cosas por su nombre

De ahora en más, dejemos de mencionar al gobierno “de Mauricio Macri”, y pasemos a llamarlo como gobierno “de Héctor Magnetto y Mauricio”.

Será nuestra manzana de la discordia. Un minúsculo ataque semántico-semiológico para dividir y reinar; el antiguo  divide et impera, que conocieron, utilizaron y recomendaron desde Julio César a Napoleón y Maquiavelo.

 El asunto funciona en distintos niveles.

a)      Hacia el presidente de la Nación (a quien también podríamos denominar “presidente de La Nación). Tuve la oportunidad de presentar en Mar del Plata el relanzamiento del libro El Pibe, biografía del ahora primer mandatario, escrita por Gabriela Cerrutti. La autora cuenta qué significó para Mauricio, emprender el camino entre la presidencia de Boca y esta entronización electoral. Un componente clave de ese lapso fue su necesidad de despegarse de la figura omnímoda de su padre, Franco. Cuenta que lo hizo para salir de su influencia tiránica, de esa paternidad asfixiante y despreciativa (en varios tramos de la obra se cuentan escenas en las que Franco dijo, a diferentes adláteres exitosos “cómo me gustaría que fueras mi hijo, en lugar de este pelotudo”), para poder constituirse como persona. Así que remitirlo al mero Mauricio, devolver el apellido al padre déspota para reemplazar su despotismo por el de otro, no le va a resultar nada bonito. Si es la marioneta de, tratémoslo como tal.
b)      Hacia el CEO del Grupo Clarín. Darle a Magnetto el carácter de verdadero conductor de los destinos de la patria, será un elogio envenenado. Aquél que dijera, ante la mención del cargo de Presidente por parte de Alfonsín, que ese es un “puesto menor”, podría vanagloriarse ahora de este reconocimiento público a su verdadero poder. Pero esa generalización en el uso de su nombre, lo sacaría de las sombras en que lo ejerce. Es lo que llevó a Alfredo Yabrán a matar al fotógrafo Cabezas, es lo que descubre Hermione en la saga Harry Potter, cuando todo el mundo mágico evita mencionar el nombre de Lord Voldemort: cuanto más se conoce y menciona al poderoso, más se le hace salir a la luz, más se expone, más pierde.
c)      Hacia la sociedad. Nombrar a Magnetto como verdadero hombre de poder, en vez de a un tipo elegido por el pueblo por las vías electorales, bautizar al gobierno con un representante del poder fáctico, hará (y más temprano que tarde), que los disgustos se vayan acumulando contra la gestión en el sitio en que no se quiere: en el poder permanente, en lugar del transitorio. ¿Y a este quién lo votó? Clarín no sólo miente, ahora también nos gobierna para que sirvamos a sus intereses.

                Y finalmente,

d)     Entre ellos. Por más que los intereses sectoriales estén por encima de la psicología de sus personeros, alguno de los dos querrá despegarse del otro. Magnetto querrá decir que las decisiones de mierda las toma Mauricio. Mauricio querrá demostrar que no es el títere de nadie. La manzana de la discordia.


  Si bien en estas horas es casi perfecto el cerco informativo que protege al flamante gobierno, no faltarán transmisiones en vivo desde el Congreso o desde plazas públicas, en donde se dará la oportunidad de pronunciar en vivo la nueva fórmula. Diputados, Senadores, gremialistas, gente de la cultura, piqueteros, podrán decir, ante indignados ponedores de micrófonos, cosas como estas:
“Nosotros vamos a votar en contra del proyecto de ley impulsado por el gobierno de Magnetto y Mauricio. Básicamente porque…”
“Estamos aquí movilizados porque queremos que se cumpla lo prometido por el gobierno de Magnetto y Mauricio. Ellos dijeron, y tiene la firma de Marcelo Bonelli, que para fin del primer trimestre iban a llamarse a paritarias…”

 También será oportuno que adicionemos a los miembros del gabinete, calificativos como “magnetista” o “clarinista”.

Llamemos a cada cosa por su nombre, si es un gobierno de las corporaciones, que se hagan cargo.
Y veremos llorar al presidente como nena chiquita.


Tomá, Durán Barba, chupate esta mandarina.

martes, 22 de diciembre de 2015

Hagan una fila


 No se tú, pero yo no necesito un mártir. Los hubo, hay: Kosteki, Santillán, Fuentealba, Teresa Rodríguez, Ferreyra. No preciso más para demostrar de lo que es capaz el sistema, no lo preciso para que se bauticen nuevos grupos ni aumente el tamaño de las banderas.

 En estos días, el Presidente y todo el aparato están empezando a reprimir. Camiones hidrantes, gendarmes, balas de goma, gases lacrimógenos, el mismo batallón para las mismas batallas. Ya disponen cabezas de tortuga ahí donde se inician los estragos del ajuste.

Y, claro, la pulsión por manifestarse parece inherente al género humano. Yo fui a tres marchas en dos semanas. Pero ahora me pregunto si no habría que urdir formas nuevas.

  Las movilizaciones intentan demostrar número y fuerza. Respecto de lo último, es común que se corten rutas y caminos de acceso, de manera que los interrumpidos y atascados contribuyan al clima de malestar general respecto de las medidas que el gobierno toma.

 Pero los automovilistas atascados, son los primeros en pedir que corra la sangre de los piqueteros. Y a la prensa, en particular a la tele, ya no la impresionan las marchas, son una parte del paisaje o el motivo por el cual se producen las demoras.
Corte parcial, corte total, represión, corridas. Y vuelta a comenzar el ciclo al otro día.

 Algunas "construcciones" políticas, dicen constituirse en la calle. Están esperando con la bandera a que haya un conflicto, aspiran a ser la vanguardia de los damnificados. Cuanto más quilombo se genere, más adrenalícamente felices serán. Cada despido masivo es un indicador de que el capitalismo está mostrando sus fisuras, paso previo a que los desarrapados adopten conciencia de clase y abracen la conducción clasista. Creen que en ese proceso, a los trabajadores se les quita el gen peronista. Y si hay muchos palos, muchos moretones por balas de goma, la ceremonia será perfecta. Falta solamente el mártir.

Yo estoy repodrido de ver nacer mártires.

Así que iría pensando en alternativas para el mecanismo.

Como una movilización interior, un mezclarse de los manifestantes entre la gente. Pelucas rojas de caranaval carioca.

O como una larga fila: Imagino a dos mil personas mostrando su número y su fuerza en una especie de cola equivocada, frente a un organismo público. La marcha de siempre, pero convertida en una hilera kilométrica, de a uno. En la entrada de Ezeiza, por ejemplo.

Cosas que sorprendan al televidente, viste, que lo dejen pensando en vez de sumirlo en el automatismo de derecha que le hace desear la represión.
Todo eso mientras pergeñamos como superar las protestas con nuevas propuestas.
Porque es natural salir a la calle cuando la política acucia, pero después de tantas derrotas ya deberíamos haber aprendido que la única lucha que se gana es la que se gana a la opinión pública.



martes, 15 de diciembre de 2015

Gracias doy a la desgracia


Te desagrada, te agrede que te agríe así la grieta,
que aún hoy le agregue
gratuitamente.
Pero yo me congratulo de la grieta,
la verdad me agrada, me alegra,
agradezco la grieta,
que cada vez es más grande
y
más grave. 

 Porque vos montás un gregarismo malogrado,
solo para agraciar la cena pantrguélica
de tus agresivos gerentes.
Yo, agregalo, voy a permanecer agreste
a tu agricultura granadera. 
Porque gracias a tu desagradable agronomía
 -y esto grabateló-
lagrimean en grandes grupos
mientras tres tristes tigres
se tragan el trigo.
¿No es esa la agresión?
¿No llama eso a la gresca?
Si hasta los logros consagrados
desgarran con sus garras los ingratos.

Un grito se me atraganta
y tengo que gritar(te)lo
hasta que se me agriete la garganta.

Nos entregaste a la tragedia
en un tránsito de trapecio,
sabiendo bien
quien paga de esta trama el precio.

Igual, no te agrandes
vamos a secar la lágrima
y saltar adelante,
porque
todavía en estas venas
nos sigue corriendo sangre.

lunes, 14 de diciembre de 2015

La casa sigue en pie.



Yo cómo ando.
Yo, no me puedo quejar (detrás de la escena, sobre la pared de la casa, se lee un cartel: "prohibido quejarse"), es la verdad. 
Las cosas siguen más o menos bien, sale agua de la canilla y hasta hace un rato funcionaba el teléfono. 
Lo único, ando con un poco de baja presión. Bah, no soy yo, es la presión atmosférica la que se ha reducido mucho. Es lo que se percibe cuando uno está parado en medio del ojo de un huracán. El mundo todo parece haber enmudecido, y no se oyen pájaros cantar. Podría decirse que hay cierta paz, no?. Claro, si es que no te inquieta ver volar las tablas del granero del vecino y sus vacas. Las ves? Allá, allá hay más. El cielo está surrealista esta mañana, me divierte un poco. 
Y viste qué carga eléctrica? Se nos están parando los pelos, jaja. En fin, hemos tenido una vida bastante plena. Querés un cigarrillo? Total...

La parábola Insfran


  Total, qué me van a decir. Una de las cosas que se cayeron, es el llamado a silencio para no andar mostrando fisuras ante el adversario. No, pará, no es el momento.  Ahora todo eso chupa huevos, es el adversario el empoderado y nos empoma lo mismo, así prescindamos de la autocrítica*.

*como alguno sabrá, soy un oficialista tardío; como dice la presentación del negro Dolina, voy "lamiendo botas de funcionarios que ya han renunciado". Ni carnet de peronista tengo, y cuando quiero saludar a un compañero (en un sentido amplio), no me salen los dedos en Ve. Por eso lo de autocrítica puede volverse relativo. Y en este mismo blog, se hallan entradas de cuando era más opositor que oficialista. Bueh, como sea, si no cambiásemos (en el buen sentido), estaríamos muertos, o muertos de necedad.

 El primero de los actos de gobierno de Nestor Kirchner, fue hacerse una escapada a Formosa para asistir a la tercera asunción de Gildo Insfran. El día de Macri en el balcón profanando, la tele mostraba su sexta jura como gobernador. Lleva 20 años en ese puesto.

O este pelado con carmela es muy bueno, o la renovación de la política fue menos que lo que hubiésemos querido. Si ese es el caso, ¿no se pudo, no se supo o no se quiso? Es obvio que los frentes han sido demasiados, y su capacidad de resistencia se demuestra ahora; los decretos del señor de arriba, demuestran la magnitud de los enconos que supimos conseguir y los poderes que estaban siendo tocados. La troika conformada por Clarín, la logia judicial y la patota financiero agropecuaria nos  hacen diluviar su escarmiento.

 Pero la insistencia con Insfrán como único formoseño "del palo" es parienta de Scioli y de Aníbal como únicos recursos, de Pulti (en Mar del Plata) como única carta y de una retahíla de opus dei ultramontanos que cubrieron en este tiempo los espacios territoriales y de la burocracia. Estuvo Cristina (antes Néstor), estuvieron los chicos militantes y cantores, y en el medio demasiada bosta en proporción al barro. No se supo constituir una segunda línea con capacidad natural de sucesión. Los emergentes sí obtenidos (como Axel, Abal Medina y Wado), no llegan a pregnar en una sociedad minada por el discurso derechista y disputada cerebralmente por la ortodoxia económica. Es ahí donde uno recuerda una palabra, un significante que se divorció de su significado: la transversalidad. Nacida de la necesidad de sustentación política de Néstor, con un justicialismo en contra, la transversalidad fue una buena idea, descartada toda vez que se encontraron instrumentos más clásicos como el sindicalismo moyanista y el propio partido, ya funcional. Y los que se arrimaron (como el PC en Nuevo Encuentro), si bien sirvieron para dar ecumenismo al frente, no pudieron (o no se los dejó, desde un liderazgo centralizado) ser una voz de discrepancia al interior del espacio. Caso Ley Antiterrorista.

  Ahora que los rastis -los Lego, para ser más modernos- han vuelto a la caja, qué bueno sería repensar un espacio político que no cometa los errores del pasado. Eso, con el cuidado de no cometer otros. Porque como pasa en la relación entre padres e hijos, por no mandarse uno las cagadas que se mandaron los padres, patina hasta incurrir en cagadas nuevas con sus hijos. Uno de esos errores sería creer que el ingrediente de fondo de esta nueva construcción puede ser otro, tener otro pilar que no sea el peronista. Un gorila recuperado como yo lo lamentaría en otra época, pero es así, es el peronismo la energía que construye poder; los demás somos pensamiento, adorno e intentos de racionalidad cuando los peronchos clásicos creen que son el todo.

   Y a todo ésto, a Insfran quién lo reemplaza, ¿Insfran?. Ahí está, para mí, una de las madres del borrego. Hay que esperar otra vez que una fuerza progresista restañada, mande comisarios políticos desde Buenos Aires para ver si se modernizan en algo los feudos, o es una causa perdida? ¿Habrá algún ladrillito para construir algo distinto en la tierra de Zamba? Como lo ve quien suscribe, la calidad de la política habla de la calidad de la matriz productiva: dificil que se nutran los brotecitos de los nuevos dirigentes si los territorios comen todos de la misma mano estatal.

  Los muchachos de la patria contratista declaman desarrollo con el Plan Belgrano para el norte Argentino. No es que se quieran afanar nada entre las toneladas hipotéticas de concreto, quieren desarrollo. Es la misma gente que en los '90, a tono con el Banco Mundial, hablaba de ciertas provincias como Unidades Económicas Inviables, pergeñando juntarlas en otros bloques (mmm eso puede volver). A lo mejor, en ese revuelto gramajo, surgen nuevos liderazgos, aunque sea por resistencia. A lo peor, y demasiado probable para mi gusto, los señores feudales empiezan a constituir la nueva alianza pro cambiaria.
A lo mejor, de nuevo, contra esos traidores puedan erigirse figuras leales a estas ideas. 

Nada ocurre de hoy para mañana.
Lamentablemente.





domingo, 13 de diciembre de 2015

Oh, y ahora quién podrá defendernos?


 
Es enorme el daño, el retroceso, el estrago que está provocando la ideología gobernante. En poco menos de tres días, una piara de cerdos enchastra el cajón de nuestra ropa interior.


Estamos tan absortos por este nuevo escenario, que corremos el riesgo de parecer meros espectadores de la tragedia. Por eso, creo, ya proliferan y se activan grupos de ciudadanos que quieren subir a ejercer una fuerza contraria, como aquél primitivo público teatral, que irrumpía en escena para vengar a los falsos asesinados y defender el honor de las damas en peligro.

Lo que me parece increíble es la soledad en que se deja a esta porción del pueblo. 
Cristina se fue por la puerta grande, con un merecido amor desde la plaza que ningún otro presidente ha tenido jamás. Con quiénes hay que contar de ahora en más? ¿Quién nos habla a todos los que de verdad creemos que hay demasiado para perder? ¿Debemos confiar en que saldrán de bambalinas una vez que hayan terminado de acomodarse los traidores? (ver dream team de La Matanza)

Lo único sólido parece ser 678 y Víctor Hugo Morales (esta noche la están pasando juntos), y ellos dan cuenta de su destino incierto. Nos aferramos a una balsa cuyos troncos se desatan. A lo mejor no, pero no deja de ser una balsa, ante un buque de guerra Clarín que viene sobre nosotros con la capacidad de fuego de la Otan y ánimos revanchistas. ¿Adónde están los otros botes mediáticos de salvamento? Son muy pocos, y llevan a poquitas personas. Esto se llama Ley de Servicios de Comunicación no llegada a aplicar; un papel fue todo lo que pudimos obtener, y ahora nos lo están prendiendo fuego. Pero esa Ley se hizo desde abajo, desde una Coalición por una Comunicación Democrática que discutió cada punto en cada rincón del país. Muevan de nuevo, muchachos.

 Porque a poco de andar, algunos medios verán la oportunidad de salirse del coro de chupaculos del presidente. Y cometeremos el error que cometimos con Lanata en los '90. No es que el nos traicionó, dejando de ser el que era, ¡nunca fue quien nosotros creímos!

 Hasta que se erijan los nuevos dirigentes, habrá que multiplicar las voces, desde todos los medios. Gente que pregunte las preguntas molestas y que restablezca, refuerce y reinvente esta cantidad de convicciones que no quieren morir.Contrahegemonía.

El trabajo es enorme, pero imperioso. 


sábado, 12 de diciembre de 2015

Te esperan con daikiris en la playa La concha de tu Hermana.


Gente que de toda la vida me pareció muy tonta,
embarcada en solidaridades módicas hacia perros menesterosos,
publicando uno y otro viaje con fotos de sí misma en todas las playas del planeta, en la misma exacta posición, con la misma información no requerida.
Gente que de seguro fruncía la cara ante la política, despreciando el tema sólo por no importarle la vida cotidiana de los otros, que se creía informada por ósmosis, a través del tamiz simplificador de las corporaciones mediáticas.
Gente que en su vida estudió a fondo un tema de esos que atañen a todos sus compatriotas.

Esa gente a la que en algún momento, y vaya a saberse por qué, le apreté el botón de confirmar amistad,

ahora resulta que se les da por opinar sobre lo que a mí me importa , o bardear con la chicana que alguno de ellos piensa, sin siquiera ponérsela a pensar medio minuto sobre los efectos que esa palabras pueden provocar.

La misma gente que ahora predica unidad, y ay basta de violencia verbal y trabajemos juntos por un país más mejor y se desgarra las vestiduras porque les estropeamos la esperanza, después de haberse pasado años empuñando la cacerola con un odio que le deformaba la cara,

ahora, ahora que su casta llegó a la meta, se envalentona para decirme, por ejemplo, que si no me gusta el nuevo gobierno agarre los petates y me vaya.

Paso a segunda persona del singular

No me voy a ir, pelotudo/a, no me voy a ir justo ahora que tus globos llegaron al techo y corre peligro la jubilación de tu tía, el trabajo de tu vecino, el pan de mis hijos.

Porque ya vi lo que hizo ESA IDEOLOGÍA DEL ORTO QUE VOTASTE cada vez que estuvo en el gobierno. Lo ví porque leía los diarios, incluso Clarín, mientras a vos te chupaba un huevo al sol como lagarto en una playa de saint tropez.

Pero no te va a llegar este mensaje. Porque me decís que me ponga a laburar, como si no hubiera hecho otra cosa desde los 13 años; te respondo y ahora vos, ahora vos, pelotudo de la Unión Nacional de pelotudos, eliminás la amistad que alguna vez me pediste.

Andate a la playa, imbécil.
Ya encaramaste a tu mejor representante.

viernes, 11 de diciembre de 2015

Quiénes somos nosotros

 Nos oponemos a quién es, lo vemos como un ducto que une el pasado y el futuro de forma perfecta, sin curvas.
Nos oponemos a lo que es, lo que nos permite dar por sentadas sus futuras acciones.
Quienes no tienen reparos en quién es ni lo que el tipo representa, nos están mirando como si fuésemos locos. Creen que no se puede ser opositor de un gobierno que todavía no ha empezado a gobernar.
Claro, pequeño detalle, ellos coleccionan un puñado de (lo que consideran) probadas desgracias del gobierno precedente y se lo embuten tanto a la personalidad mandante, como a quienes no sólo no compartimos esa mirada negra, sino que donde ellos ven falencias, nosotros vemos plausibles logros.
De modo que la grieta está lejos de cerrarse, estamos encallados en dos miradas diametralmente opuestas del país.
De un lado están ellos, esperanzados con los cambios. Y de este lado nosotros… ¿quiénes somos nosotros?

 Voy a empezar por mí. Soy un tipo de izquierda, nunca estuve afiliado a nada y simplemente me dediqué, como tantos, a denunciar al Sr. Capitalismo desde mi sitio y con los medios a mi alcance. Esos medios fueron de comunicación, en mi condición de periodista, y electorales. No voté a Kirchner en 2003, pero sí voté al kirchnerismo –mechándolo en el sobre con ingredientes de mi cuño- en las elecciones subsiguientes.  He sido crítico, no he sido ni seré peronista (aunque sí pasé del gorilismo intelecutaloide a reconocerle su capacidad de mejorarle la vida a los argentinos) y sentí una decepción cuando la idelogía de gobierno restringió la declamada transversalidad, en momentos en que el PJ le era esquivo. No obstante, festejé la inédita militancia que se desató en el país tras la muerte de Néstor Kirchner en 2010. Nunca como entonces, vi a tantos pibes y pibas saliendo de la abulia y el consumismo, para pensar en el otro.
  Si bien simpatizaba con el proyecto, nunca sentí que necesitara de mí para defenderlo. Hasta la última elección. No, más acá todavía, hasta la segunda vuelta del 22 de noviembre. Ahí me resultó clarísimo que esta forma de concebir la política y la economía, aún con sus deficiencias, necesitaba de más apoyo que el que parecía tener. Se notó el disgusto con que las agrupaciones de la pléyade kirchnerista salieron a hacer campaña por Scioli, se notaron las traiciones a nivel provincial y la tirria al candidato marplatense. Del otro lado se venían los que después vinieron: Macri, Vidal, Arroyo. No importaban tanto los de acá, importaban los que venían de allá.
Como se sabe, perdimos de punta a punta.
Creo que el 48% del electorado, o la mitad de eso, puede haber transitado un camino parecido.
 Así que, ¿soy kirchnerista? Digo que sí para simplificar, para ponerme alguna remera en mi bando de este juego del matador. Me pregunto si a esta altura importa, más allá del servicio que presta el reduccionismo a los desaforados que nos insultan y a los compañeros que nos dio esta suerte de exilio interior.
 ¿Qué vamos a hacer? ¿Qué va a pasar? Preguntas que nos hacemos todos. Pienso que lo primero será entender que no somos el oficialismo, sino una oposición inorgánica y, sólo momentáneamente, triste. Lo segundo será aceptar que lo único de verdad organizado son los “equipos de gestión” de esta runfla de CEO’s. Lo tercero bancarnos la posibilidad de que, en algunos asuntos, puedan llegar a ser más eficientes que lo que se ha sido.
 Porque esta gente que ha llegado, que se ha organizado y ganado elecciones, no viene por un ratito, sabe que hay elecciones parlamentarias en el medio y querrá ganar futuras reelecciones. Más allá de las sabrosísimas torpezas que cometerán los yuppies “apolíticos”, tratarán de que no se noten los daños que provoquen.
Hay que decirlo: 
LAS TROMPADAS NO VAN A LLEGAR JAMÁS POR LOS LUGARES EN QUE LAS ESPERAMOS

Derechos Humanos. Las trompadas más tempranas vendrán por ahí. Tanto por el riesgo que correrán los juicios de lesa humanidad que continúan en curso, como por los reflejos automáticos de los gobiernos derechistas, sustanciados por la represión policial y el tratamiento para con los presos. Creo que ahí estará nuestro primer desafío, dejar de lado nuestras diferencias de origen o partidarias y cerrar filas a favor de la memoria, la justicia y la defensa a los más vulnerables.
 El clamor por una seguridad revanchista, ahora llegó al poder. Tendremos que dejar de militar desde la computadora y empezar a pergeñar cómo se refuerzan los actuales organismos de derechos humanos y se fundan otros, en los muchos frentes que van a abrirse.
  En todos los momentos en que la situación política se volvió confusa, tuve un solo método para separar a los buenos de los malos, mi divisoria de aguas fue su posición hacia la dictadura y su postura ante el indulto menemista. Diría que es lo más profundo de la grieta, lo que está más en el fondo y la que jamás va a dejar que se cierre en tanto quede libre un sólo cómplice del genocidio.

Nuestro próximo “17 de octubre” será el 24 de marzo.



Ahí vamos a ver quiénes somos los que somos y quienes parecían ser pero no eran.

Ellos triunfan cuando encuentran qué tienen de parecidos.
Nosotros deberíamos hacer lo mismo, y no todo lo contrario.

martes, 8 de septiembre de 2015

Aylan

 Yo me traigo 800 mil, dice Alemania y Austria ofrece el 10% de esas plazas, mientras Hungría, Rep. Checa y Bulgaria no quieren a nadie y Hollande dice desde París que va a tirar algunas bombas. Por todo el mundo, la gente de buen corazón, todavía acongojada por la foto de Aylan en la playa, reclama que sus respectivos gobiernos acojan a los refugiados de la guerra siria, que se amontonan como sardinas tratando de pasar por la puerta de atrás de la indecente Europa. Y en tanto los noticieros transmiten en contínuo el drama de los migrantes, las cosas en Oriente Medio siguen igual. Es como si las cámaras dieran cobertura a un incendio enfocando sólo a los que escapan de él con lo puesto, pero ignorando por completo las llamas y sus causas.     
 La foto del niño muerto fue el acabóse de algo que los centros de poder mundiales empezaron. Pero el mundo prefiere detenerse en el acabóse. Por eso nos hemos puesto a hablar de humanidad, un genérico que viene en demasiadas presentaciones diferentes. Ni yo ni vos decidimos que el gobierno de Al Assad debía terminar alcanzado por la artificial Primavera Árabe. Tal vez era un tirano -uno de los tantos- pero no elegimos nosotros que le había llegado el turno. Yo no intervine en proveerles armas a Al Qaeda, ni puedo hacerme responsable de que una rama combatiente haya optado por instaurar un califato financiado por dinero saudí y que ahora se dedique a transmitir degüellos en HD. Ni tampoco se requirió mi opinión (cierto es que no la dí, y que si la hubiera dado a nadie le hubiera importado un comino) cuando les tocó el turno a los sunnitas de ser aplastados por los chiítas, que antes eran masacrados por los sunnitas, si hablamos de las cambiantes posturas del Pentágono sobre quién debe ser el asesino de turno en Iraq que oprima a la contraria corriente islámica. Ni vos ni yo fuimos consultados acerca de la incomodidad kurda de tener una nacionalidad, pero no un estado adonde vivir. Del mismo modo, la convivencia forzada de grupos destinados a odiarse, fue más el fruto de una reunión entre Francia y Gran Bretaña  en 1916 (acuerdos Sykes- Picot) para repartirse la zona toda vez que se la quiten a los otomanos, que producto de una deshumanización colectiva y homogénea de la humanidad. Pasa que, al desatender a los detalles, nos hacen creer que las atrocidades empezaron recién. ¿Nos revuelve el alma un nenito muerto o nos revuelve la conciencia la excelente foto publicada? Si es por niños (y mujeres y ancianos y hombres), debe haber unos cuantos entre los 200 mil muertos que lleva la guerra civil Siria; revuelva que allí los va a encontrar.
 Me resulta trágicamente cómico cómo contemplamos con tristeza a las caravanas de familias "que lo han perdido todo", y que pasan por territorio griego. Cuántos griegos se habrán disfrazado de sirios en estos días. Cuántos kosovares, cuántos macedonios, en fin cuántos caídos del mapa del capitalismo ,europeo o no europeo padecen (sin bombas que les destruyen el living, eso sí) de penurias muy similares a las de los desplazados por el conflicto, sólo que en su caso por motivos meramente económicos. Cuántos españoles desahuciados se han colgado de las vigas sin que se nos mueva un pelo de la cabeza.
  Bien se ha dicho que la guerra es la continuidad de la política por otras vías. Mientras nos quedamos tranquilos, solidarios con los meso orientales, repentinamente objetos de nuestra piedad, otras políticas se van poniendo más y más beligerantes. Hoy el mundo asiste a una guerra de divisas, no diferente a otras guerras de divisas, que fueron sucedidas después por guerras comerciales, que fueron sucedidas después por guerras guerras, con espadas o con bombas.         
 Niños muertos (esos pequeños inocentes que sin querer desinocentizan o justifican o nos hacen digeribles las matanzas de adultos). Si de verdad queremos evitarlos, empecemos por pensar en los 6 MILLONES que mueren al año por causas evitables, como producto del hambre y la desnutrición. Pensemos en cómo arrebatarle el poder de las manos a quienes conducen al mundo por estos senderos. Pensemos en la cantidad de países que se hunden en el vórtice de las deudas que les obligan a adquirir.  Empecemos a obligar a los políticos del planeta a entender que lo que deben salvar es a los seres humanos y no a "las economías", ese subterfugio que les sirve para no reconocer que lo que se salva -siempre- es a su clase dominante. Esa misma clase dominante que entrega las armas con que se dispara a todas las familias de todos los Aylan Kurdi de la tierra.-

lunes, 24 de agosto de 2015

TODO ES HISTORIA


Le cuento a la mocosa cómo eran los teléfonos de antes.
Le cuento que eran pocos los que tenían, y que los departamentos a la venta, si lo tenían, lo ponían en los avisos clasificados.
Le cuento que en casa cuando llegó dábamos saltos.
Y que dos por tres venía una vecina a preguntar si podía hacer una llamadita.
Y que mi mamá refunfuñaba en la cocina diciendo que era medido.
Que te comunicabas con una operadora y decías: quiero comunicarme con un abonado de Quemú Quemú. La señorita tomaba nota y la escuchabas discar. Cuando la atendían del otro lado, se la oía decir: "tiene una llamada de Mar del Plata, lo comunico".
Le cuento que en las fiestas había una espera como de 6 horas para hablar a Buenos Aires. Y cuando el pariente de allá descolgaba, era común que le ordene a otro que corra para hablar también, que era de larga distancia. Hablar, se hablaba a los gritos.

 Y que los teléfonos se "discaban". Porque no había botonera (esa sofisticación llegó avanzados los '80) y entonces uno ponía el dedo en el agujero del número que quería, y arrastraba el agujero hasta un tope, y así hasta completar el número.

Había espacios comunes en los que alguien al disco le ponía un candado.
Había casas contiguas que compartían un mismo teléfono, y se habilitaba para un lado y para el otro con una palanquita.

En algunas ocasiones, uno discaba cierto número y la línea se empeñaba en dar con uno equivocado. Así hasta que se convenía con el fastidiado receptor que descuelgue un rato el tubo para poder comunicarse.
Pero lo más copado de todo, eran las conversaciones ligadas. A veces agarrabas el tubo y te encontrabas con una conversación en curso. Entonces, te la pasabas meta escuchar confidencias ajenas hasta que uno de los interlocutores se avivaba y decía "me parece que nos están escuchando". Y ahí uno decía "no es cierto, sigan sigan" o se ponía todo morado y colgaba despacito, solo para volver a levantar en tres minutos y verificar si seguían.      

Beneficios historiográficos de haber vivido la prehistoria.
Mi hija menor, a la mitad del relato, se puso responder una conversación del grupo de whatsapp de su escuela.

lunes, 8 de junio de 2015

Cielo

como a las 7 íbamos llevados por un remis, las hijas, el perro, yo.
El hombre de la música melódica agarró por la costa. Es genial verla usar los faroles de la noche, aunque ya está por llegar la mañana. Maravilloso el espectáculo del mar todavía rodando hacia la arena a mínimo, con olas que no mojan.
Y pensaba lo que siempre pienso sobre el cielo: nada que lo cuente, que lo represente, que lo fotografíe, nada que lo evoque tiene nunca ninguna contundencia al lado del original. Pero igual: era un cielo de magenta manchando despacito. Nubes casi negras de tan azules, que cuando el sol del otro lado les mandaba rayos en un ángulo muy agudo, dejaban ver algunos rubíes chiquitos.

miércoles, 3 de junio de 2015

Jajaja



  Antes venía acá, a este arcaico medio de comunicación personal, para llorarme las lágrimas que nunca me caen. Porque no me caen lágrimas, y eso es malo. Antes venía acá a que me caigan letras de los ojos secos, a dejar registro de los dolores y los pesares.
  Hoy resulta que me escondo para reír.  La felicidad es más difícil de caretear que los bajones, y tiene menos prensa y admiración. Estoy tocando la felicidad de a ratos, me escapo de mí y la veo furtivamente, como a una amante. Se va, viene, promete un día mudarse conmigo. Yo la verdad que no quiero, no quiero la felicidad eterna, no quiero la sonrisa constante, no quiero ninguna forma de eternidad. Es sobre la muerte que se coge bien con la vida, es que un día se termina lo que hace al juego interesante.
 No sé, me encontré con una flor y no se si me miente y me hace mentir. Hago este rápido informe de un buen estado. Lo dejo acá, adonde me visitan un par de almas tal vez afines y algunas más que creerán serlo aunque me repugnen. Lo tiro al aire como a mis propias cenizas. Lo dejo en suspensión para que brillen las partículas felices cuando alguien logre abrir esta pesada persiana.
 No hay secretos para la felicidad, muchacho. Hay que morderla cuando la veas pasar.
Carpe diem hermano.

martes, 19 de mayo de 2015

La nena abanderada


A mí lo que me sorprende es la naturalidad con que mi hija L. se toma haber sido designada para llevar la enseña patria el 25 de mayo. Con mucha felicidad, obviamente, pero sin magnificar el hecho de que la haya elegido el cuerpo docente por su buen promedio. 
 Ir a la bandera es un cargo electivo. Para la bandera nacional hay un voto indirecto fundado en el desempeño escolar (se me ocurre que allí hay un paralelo en cómo las provincias designaban los senadores antes del '94, para formar parte de la Cámara Alta). En cambio, para la feaza de provincia rige el voto de los compañeros, sea por el carácter solidario del candidato o por una popularidad de origen incierto, que tanto podría estar basada en la eficiacia en meter goles, tener casa con pileta o la mera simpatía (podría ser como la conformación de la Cámara Baja; no se sabe del todo por qué se vota lo que se vota). Cuestión que mi pequeña podría ser abanderada de cualquiera de las dos, disculpen la jactancia.
 Cuando yo iba a la escuela, los tragas, los que más tarde -fruto del mucho consumo de series y dubujos norteamericanos- serían los nerds, constituían una casta muy especial, llevaban el guardapolvo más blanco y más planchado, usaban lapiceras Sheaffer o Parker y en la solapas brillantes escarapelas sólidas, de metal o de plástico, como las que usaban las maestras, y no esas cintas deshilachadas, que el resto comprábamos de emergencia. Se sentaban en grupo conforme lo indicaba su status (como sus contracaras de tiratizas impresentables que se ubicaban en los fondos) y se sorprendían afectadamente cuando les entregaban sus exámenes con verdes dieces rutilantes. Toda una opereta inmunda que comenzaba en los patios, al salir a respirar después de la prueba, cuando los muy hipócritas lloriqueaban el seguro fin de sus carreras, para que el resto de los mortales, sí sujetos a los vaivenes de nuestra  fortuna académica, debamos recordarles la imposibilidad estadística de que saquen menos de un 9. Todavía los veo allí, a Bertagno en la primaria, y a Huici en la secundaria, fingiéndose interlocutores del mismo destino que nosotros.
 No voy a exagerar, lo mío era ser del grupo de los 8 (con secuencias del tipo 7,7,8,8,8,9,9,8,6,8,5, 7 cincuenta) agraciado por las altas notas, desgraciado por las bajas, buscando el equilibrio y la supervivencia, con algunas reservas y algunos desbalances en la balanza de notas, en los que había de trabajar duro para pasar años sin que se caigan las materias.

 En cambio L. ni se da cuenta del fulgor de sus logros escolares, no es tema siquiera para ella, los toma como quien subiera el Aconcagua para ver si viene el colectivo. Eso es lo que me llena de orgullo. Más que las calificaciones y la distinción de elevar el pabellón patrio durante el himno, me conmueve su simplicidad, su don de gente, su extremada sensibilidad hacia el otro. 
Quiero tipas y tipos como ella para representarme.

Todos nuestros hijos son valiosos, cada cual a su modo. Yo voto por mis hijas.
Tenemos patria.

martes, 21 de abril de 2015

Hay que refundar la juventud



   Que no decaiga la militancia. Se andan necesitando más chicos que militen. En cualquier cosa, en la iglesia, en los scouts, en partidos políticos, movimientos sociales, en colectivos de arte. Pibes que muevan.
 O se involucran y participan, o tendremos que idear una forma de refundar la juventud.



Porque el sistema* nos la está quitando; esta vez no los desaparece sino que desaparece la batería de valores de los que supieron armarse los jóvenes a partir de los '60: rebeldía, incorformismo ante lo establecido, ganas de quemar el viejo orden, exigencia de lo imposible.

*El sistema que es un Hidra de mil cabezas, y que no se puede decapitar porque es acéfalo.
El sistema que no tiene una oficina central llena de villanos en una mesa, planeando la destrucción del espíritu humano.
El sistema al que las cosas parecen salirle de ojete, al que las cosas le salen bien porque cada vez encuentra menos oposición y se puede dedicar una y otra vez a rectificarse por la vía del ensayo y el error.
Ha pasado de moda hablar del sistema, es otro triunfo del sistema. Cuando digo sistema digo capitalismo, digo el orden establecido, el orden mundial, el orden nacional, el orden en sí.

  Tenemos pastillas, celulares, dispositivos electrónicos, reiki, ayurvedismo, marihuana, fernet, fútbol, redes sociales, onanismo y otras formas de evasión.  
Todo para SOPORTAR el orden establecido.
Todo para SOPORTAR un sistema insoportable.

   Bien pensado, de haber una cuartel general del sistema, podrían reducirlo todo a un simple supositorio, cuestión de adicionarle una carga simbólica a eso de meterse en el ojete las ansias de elegir otro camino, entre los muchos posibles, que hoy se nos hacen invisibles.

 Digo que sería lindo que haya más militantes, no menos. Porque vengo observando que los pibes y pibas con alguna militancia son los únicos que demuestran que puede saltarse el cerco con el que los rodeamos, más o menos sin querer.

  Tenemos una escuela que enseña a los niños a adaptarse. A ADAPTARSE, entendés. No a entender y cambiar, no a estudiar la manera de contrariar la supuesta naturaleza que deja a los pobres y a los ricos en compartimentos estancos, no a empujar la movilidad social, atropellarla si se queda quieta, no a prender la chispa de la revolución planetaria por la vía del conocimiento. A lo que más enseña la escuela, es a adaptarse. 
Pero es un tema largo. 
Al que habrá que sumarle a los padres que no dejan crecer a sus hijos para no perderlos como amigos.

  En la era de las comunicaciones, la comunicación habla de si misma, la comunicación es puro entretenimiento, en lugar de la herramienta para la emancipación, un gigantesco par de latas unidas por un piolín, mediante el cual decirnos que es divertido escucharnos la voz. 
En la era de las comunicaciones nos hemos quedado sin mensaje, 
o como dijo Mc Luhan EL MEDIO ES EL MENSAJE. El mensaje es que tenemos medios a patadas, aunque nuestra cabeza se vaya vaciando de quedarnos mirando.

  En este marco cultural ansiolítico, vivo viendo pendej@s que se rinden antes de empezar, vivo viendo cierta juventud descafeinada que me quiere vender abulia por rebeldía.

 Cuando hay un excepción, esa excepción es militante. Me da lo mismo si es K, anti K, groupie de Bergoglio, observador de aves o troskovegano, cuando veo un militante, veo alguien con quien se puede discutir, que en cualquier momento va a hacerlo, que tal vez esté tratando de formarse para servir mejor a su causa. En suma, que se va a interesar por saber en qué mundo vive, porque algo en sus preferencias ideológicas le susurra que hay cambios necesarios por hacerse.


jueves, 16 de abril de 2015

Mi papá pintó el mar


Sobre el final de sus días el viejo pintaba muy bien. Se internaba en el quincho, con sus deformados lentes de marco de metal montados sobre la nariz, y se ponía a domar los óleos para que le entreguen el color que pretendía. De tanto darle al pincel, alcanzó mucha eficacia figurativa, llegando a reproducir con fidelidad las fotos que él mismo tomaba.   
  Yo era un pendejo medio soberbio y no sabía que a mi padre le quedaba poco, nadie sabía que la muerte lo iba a esperar en una montaña nevada de Bariloche. Así que, si bien le elogiaba la destreza, callaba que me resultaban un poco aburridos sus temas. Un gato de angora delante de un terciopelo negro, un camino jujeño, mi hermanita sosteniendo una muñeca. También hizo un par de marinas, muy bien marinadas. Uno de esos cuadros, en realidad una tela en su bastidor, pende sobre mi cabeza al acostarme; son lanchas pesqueras amarradas; y una lleva mi nombre: Jorge I. Me ocupé especialmente de heredarlo, entre los muchos que fueron a parar a la casa de mi vieja y de mis hermanos. Es porque todavía sentía cierta culpa por mi reacción al verlo. El viejo entró en mi cuarto con la obra, prendió la luz y la sostuvo con ambas manos, con los anteojos todavía puestos: charán! Yo justo hablaba por teléfono con mi novia , en esas charlas que nunca terminaban (no, cortá vos), así que solamente levanté un pulgar, le dije a ella que un momentito, y apenas dije "muy bueno papi, gracias". Seguro después agrandé mi gratitud, pero el momento para ser explosivo por ese homenaje, esa inmortalidad pintada, ya había pasado.

 Hoy como siempre pasé con el colectivo por la costa. Y tuve la necesidad de escribir:

  Es un mar gris y enojado. Es un mar gris con el color de agua sucia de pinceles. Las olas llegan unas sobre otras, como si fueran comentarios. Unas cabecitas con sus hombritos negros desandan por allá el camino de las olas como patos, se van a atrapar olas con la tabla. Otras siluetas solitarias andan por la arena y por la escollera. Son suicidas o son almas que se refrescan. Porque el aire salado descongestiona las penas, el aire que vuela por sobre las olas es una solución fisiológica.

   Iba a escribirlo en Facebook pero me pareció una gilada. Es que el mar es tan obvio como la lluvia, y todo sobre él ya se debe haber dicho, aunque siempre nos empuje a representarlo; como el amanecer, como el amor, nos parece que hay nuevas palabras para el antiquísimo oceáno de ánimos cambiantes.

  Yo esperaba un Kraken saliendo por sobre el horizonte de los cuadros de papá, esperaba acción y  esperaba dramatismo. Me parecía inútil, todo un gasto de colores, la técnica por la técnica, llevarse la naturaleza al arte. 
Hoy entiendo que hay muchas cosas que ver, escondidas entre las obviedades. Lo más difícil de transmitir.

viernes, 10 de abril de 2015

Por qué no hago radio



  Este posteo le va a interesar a poca gente, y lo digo como si todos los demás que escribo hicieran colapsar la capacidad de visitas que permite blogger.  
 No obstante, me interesa responderle a esos pocos que han tenido la bondad de escucharme durante 15 años ininterrumpidos en la radio, con énfasis en un programa que alcanzó una relativa trascendencia llamado El Puente, y que todavía hoy me preguntan ¿por qué no estás al aire?

  Querido amigo, la historia es larga. Empezaré por decir que buena parte de mi trayectoria fue desarrollada al amparo de cierta institución cooperativa, que toleró a un grupo que yo integraba y que tuvo la osadía de convertir lo que era una propaladora interna de un complejo turístico, en una emisora de frecuencia modulada, una de las primeras de mi ciudad y de las que alcanzó más prestigio. Muy de a poco y con mucha más dedicación que presupuesto, con cartones de maple cubiertos por arpillera, fuimos construyendo un proyecto comunicacional, político y cultural que surtió un fuerte impacto en la sociedad a la que fue llegando, también de a poco. Supimos construir un discurso alternativo y a la vez democrático, que por momentos sirvió de catalizador para movimientos sociales que buscaban su espacio en un país azotado por los vientos neoliberales. Aquello no solo era una radio, era un lugar adonde se daban charlas (Galeano, Bayer, Pasquini Durán, Miguel Angel Solá), cursos, movidas, adonde -por ejemplo- las madres de la plaza tuvieron su primer micro mediante el cual difundir su causa. Fuimos artífices y a la vez aprendices en la refinación de un discurso izquierdoso que necesitaba ser cincelado para llegar a más y más gente. Bautizamos y produjimos programas, escribimos frases institucionales, estuvimos sobre la música, sobre la artística, sobre el contenido, formamos gente que ayudara a sostener esa pequeña bandera. Y posiblemente cometimos errores también, posiblemente fuimos sin quererlo soberbios. No obstante, no fueron esos yerros los que motivaron nuestro desenlace. Resulta que algún benefactor que nos apoyaba, ubicado muy arriba se murió. Quienes lo sucedieron nos la tenían jurada, más que nada por no besarle las pelotas a ellos y al partido político al que decían pertenecer. Porque además nos iba mejor que al partido. Así que un día descubrieron que la radio era costosa, que la radio no era todo lo productiva que a su lógica bancaria les hubiera gustado. Y se nos vinieron encima, hartos además del nombre colectivo y de los nombres individuales que nos supimos hacer sin su más mínima intervención o colaboración.
Había que achicar (en ese entonces era moda lo de "achicar el estado para engrandecer la nación", nunca lo hubiéramos esperado en el discurso de estos prohombres de la banca solidaria). Había que echar -nos dijo un día un anciano del obispado que hacía las veces de gerente local y que montó en cólera cuando al aire desacralizamos la muerte de Juan Pablo II-  a 8 personas a nuestra total elección. Una jugada maestra: para quedarnos, los fundadores de la radio, los que nos rompimos el ojete para hacerla crecer, deberíamos declinar públicamente nuestra ideología, arriar esas banderas ideológicas erguidas todo el tiempo y a toda hora de la emisora, en defensa de tantos trabajadores de la ciudad y del país, ser traidores a nuestras propias ideas ante toda la ciudad. Nos dieron, supongamos, 48 hs.
 Quiso la casualidad que nuestros compañeros de la radio, algunos que se habían fundido en otras  pequeñas emisoras y que cobijamos en la "nuestra" sin saber en ese entonces ni para hacer qué, y otros que empezaron como chicos admiradores (de esos que dicen "los escucho todos los días y pienso como ustedes") que solo querían aprender y terminaron contratados en blanco, y otros algunos becados en cursos y carreras que organizábamos, y algunos que nunca supieron que por su presencia como empleados, y en tren de favorecer el reparto equitativo de los recursos, los "directivos" se plancharon duramente sus salarios, esos pibes y pibas estaban ahora enojadísimos con nosotros, porque no les aumentábamos (con la plata que no era nuestra), porque de golpe querían ropa de trabajo, porque empezaron a creer que nada teníamos que ver en eso que ahora ya sabían hacer. Asambleas, sindicato de prensa, paro. Nosotros hechos mierda porque la radio en la que dejamos el alma se caía a pedazos, nosotros apretados desde arriba y apretados desde abajo, ellos como el Che y Camilo Cienfuegos entrando en Santa Clara. Pasamos a ser los conservadores, Fulgencio Batista.
  Así que, después de 15 años, entramos a hacer el último Puente de nuestras vidas con la radio parada, llevando nuestro propio operador, llorando en la despedida, con gente que nos daba la espalda mientras nos quedábamos sin laburo. 
 Porque nuestra decisión, antes que la de echarlos a ellos fue la de irnos, nuestra oferta a los altos mandos fue acogernos a un retiro voluntario que aceptaron volando, y que el tiempo rápidamente se encargó de fagocitarse (es tremendo cuando uno ve que la cuenta bancaria que lo alimenta no hace otra cosa que decrecer).
 Y la reputa madre que los parió a todos, en especial a los capos del movimiento cooperativo, varios de los cuales son candidatos ahora, como el ególatra de mierda de Carlos Heller. A nuestros compañeritos, nada, se equivocaron. Nos empujaron de un proyecto que a duras penas podíamos sostener, y que terminó por caérseles encima. Nunca, claro, hubo ni una disculpa. Por el contrario, como si hubieran dado un golpe de estado revolucionario, usaron esos micrófonos que costaron un huevo conseguir, esos que me/nos tuvieron 20 horas por semana durante 15 años, para cagarse de risa del hermoso cambio que consiguieron en la radio y en nuestras vidas. Alguno me pidió amistad en facebook, algún otro hizo el amago de saludarme alguna vez. No, flaco, ya fue. Suerte en lo tuyo.

 Y por supuesto algún asqueroso derechista de bigotes salió además a calumniarnos en su pasquín, con esa facilidad que tuvo siempre el mal periodismo. No es de ahora.

En un post que escribí tiempo después, quise registrar la tristeza del momento:

  Empezaría el invierno, creo. Terminé de transportar a la familia, entré el auto, fui a cambiar zapatos por pantuflas y salí de nuevo con una bolsita en la mano. Me puse a juntar pedacitos de telgopor que alguien había desparramado por el pasto. Acumulaba en la mano los copitos de goma y los metía de a puñados en la bolsa. Algún auto pasaba de vez en cuando. 
En un momento (no se cuánto tiempo estuve en esa tarea) me erguí y me quedé mirando la nada. 
Todos -lo sentía fuertemen- estaban ocupados en algo, todos hacían sus cosas esa mañana. Yo no, yo era un desocupado.
El trabajo no es eso que hacés para ganarte la vida; el trabajo define tu vida. 
En el sistema, sos a lo que te dedicás. Y si no tenés trabajo, no es dinero lo que te falta, sino la mera razón de ser.


 Y ahora? Después de deambular con el programa por otras radios, pagando el espacio con aquél retiro voluntario, juntando algunas pocas publicidades, pudimos sostener el programa por otro par de años. Incluso se formó un nutrido club de oyentes, hermosos amigos con los que hicimos peñas, gente que amasó empanadas y nos dieron su cariño y contención, y a los que estaré eternamente agradecido. No se si tiene antecedentes, salvo cierta vez con Aliverti en Buenos Aires, esto de que se arme una movida solidaria desde los escuchas para poder seguir escuchando.
  Pero un día se nos acabó la guita y hubo que trabajar de lo que se pudo, porque tampoco se podía pagar a nuestros compañeros que nos siguieron al exilio. No abundaré en ello, pero fui empleado de un sindicato, personal en la mudanza de una librería, gerencié otra, etc. Cuestión que, llegando al hoy, soy más que nada docente de Periodismo, y dirijo la carrera, formando ahora a otra gente.

 Pero por qué no hacés radio boludo? Ya voy, ya voy. Hay varios planos de análisis.

Plano nacional: Al final, la ley de medios terminó siendo letra muerta, y no por Clarín. Fue porque no se pudo sostener el caudal político suficiente para hacerla letra viva. Y mientras todavía esperamos que se parta en tres el espectro radiofónico, dando lugar a "nuevas voces", la autoridad de aplicación se ha convertido -tanto en mi ciudad como en el resto del país- en unidad básica de una rama del oficialismo, que no hace más que campaña propia, mientras va bastardeando las profesiones radiofónicas (locutores, operadores), con entrega de carnets a cambio de una jornada de charlas. En tanto, ni se desarman los grupos mediáticos, ni hay un reparto de la pauta oficial que garantice que esas nuevas voces aparezcan.
Publicidad: Hace mucho que no es negocio montar una radio o un canal de televisión. Algunos los ponen, con inversiones mínimas, esperando que baje una pauta salvadora desde el Estado. Como la publicidad privada es escasa, y el empresariado no la considera necesaria, más que como una eventual forma de comprar comunicadores, la única esperanza es toda estatal. Pero, para conseguirla hay que cuadrarse; ni siquiera basta que uno, a través de sus propias convicciones acuerde con buena parte de la política de gobierno, hay que sacar chapa de ser inequívocamente "del palo". Y ni así. 

Creo que ya me voy explicando. A esta altura de la soirée ir a chupar las bolas de unos cuantos inútiles para poder trabajar? No, gracias. 

Plano Local:  Y como no es negocio, los radiodifusores qué hacen: enmascaran la venta de espacios para que  los programas parezcan de producción propia, ponen a pibes que hablen de temas ligeros como los hashtags de twitter y mantengan la onda bien arriba, mientras tratan de sellar acuerdos políticos que les reditúen. Cuantos menos programas que hagan pensar se emitan al aire, más fácil será convencer a los candidatos de su inocuidad comunicacional. Cada campaña política debe ser una buena cosecha de guita, en eso no caben preguntas incómodas.

  Son las reglas del juego. No obstante, aunque a mí no me gusten, al menos se que muchos de quienes fueron mis alumnos hay una calidad profesional y un pensamiento crítico como para guardar esperanzas de que las cosas empiecen a cambiar merced a su esfuerzo, cuando soplen vientos  más favorables.

Yo sigo amando a la radio, pero la siento maltratada todos los días. Yo amo la radio, pero ella, me parece, ya no me necesita o yo ya no la entiendo.

Siempre me parecieron patéticos los viejos dinosaurios que se lamentaron antes que yo, por cosas parecidas. No me considero ni viejo ni dinosaurio, pero hoy me sueno bastante parecido.
  
Y por todo eso, amigos, es que no estoy haciendo radio, aunque creo que ahora la haría mejor que antes. 
Ahora la hago, pero desde afuera, como docente.

Ya veremos que pasa en el futuro.

Fin de la cita.

martes, 31 de marzo de 2015

Manifiesto por la equivocada a la que prendieron fuego.


Ella salió y fue para la plaza, 
cuando otros que tenían miedo se quedaron adentro,
ella salió y fue a la plaza, cuando otros que tenían colitis se quedaron en su casas,
ella salió a la plaza, 
cuando otros que lloraban se quedaron en la cama,
ella salió y fue para la plaza, cuando se quedaron otros que tenían frío.

Por eso no me repongo de que hayan quemado un muñeco de cartón con su figura.
Su figura, la de Hebe. 
He leído a varios esquivar la defensa de su nombre al decir que "lo que no se quema es un pañuelo" , dejándome la sensación de que a Hebe sí, que si la figura hubiese estado despañuelada, entonces por ahí sí. 

 Quiero defender a la más mal llevada de las viejas locas, quiero defender a la más incómoda de todas las amadas y ya viejitas líderes. Porque a Estela la adora hasta Mirtha Legrand; contra ella no podría alzarse una voz sin ser cacheteada. Hebe, en cambio, es menos defendible.

Supongo que será su carácter, al que todo le chupa un huevo. También podría ser que una vieja que se pasó 40 años en una plaza (y entiéndase plaza de una manera laxa, comprendiendo también la escena pública, la televisión, los otros medios) haya corrido la desventura de estar diciendo barbaridades siempre en público, que el resto guardó para la intimidad de su cocina.Y no se, o yo soy tan malo como ella, o creo que el dolor y las patas cansadas, y los palazos de la cana y el riesgo serio de morir pero seguir igual adelante, acreditan un poco a decir lo que se viene a la cabeza, aunque de ese crédito no hayan echado mano los demás, posiblemente más políticos.  

Soy periodista, estuve atento en estos años y miles de veces dije "ay, Hebe, te fuiste otra vez a la mierda" 
Justificó a la ETA, se alegró por lo de las Torres Gemelas, hasta habló mal de Julio López.
Por momentos llegué a detestarla por hacernos quedar para el culo (y resalto adrede la frase, porque hacernos quedar para el culo implicaba que a veces se complique la tarea de re-educar al pueblo argentino tras tantos años de propaganda genocida, con la meta de acabar con la impunidad).

Pero mis broncas con ella se disipan siempre cuando retomo la perspectiva histórica, sepan disculparme.

Fundó la Universidad de las Madres....(gritan desde el fondo) Sí, y después maltrató a mucha gente valiosa que se terminó yendo con el ego a la miseria. Claro, entiendo, mejor hubiera sido no fundarla, que en su lugar haya otra sucursal de Fasta.

Al tiempo y por vaya a saberse qué jugarreta de su corazón o del destino, a Hebe se le dio por adoptar a un joven parricida que salió de la cárcel todo uniformadito de negro. Ese chabón -y lo que cuento se que es demasiado intrascendente- mientras le hacía una entrevista en la radio a su madre putativa, y como en algún momento osé poner en duda alguna de sus opiniones, hizo el gesto de arrojarme una granada desde el otro lado del vidrio. Ese tipo, años después, resultó ser todo un estafador, tirándole una granada a la mujer que le había dado cobijo y amor. Y fue de tal magnitud el estrago que podría haber hecho que Hebe se quede para siempre en su casa. Pero no se quedó en su casa.

 Ahora se la acusa de "milanesa", tras haberla condenado por oficialista.

  Lo dije por Facebook también: no me cierra para nada la figura de Milani, aunque no tendría la contundencia retórica de llamarle genocida. Aunque no se compruebe su participación activa en el aparato terrorista del Estado, aunque haya sido un mero cadete que iba a comprar puchos, no lo quiero ahí, me molesta, y de movida lo creo un impostor que en el fondo de un cajón de su cómoda puede tener una foto polaroid firmada por Videla adonde se los ve sonriendo. Podría haber otro, pero no, el Gobierno lo deja ahí, compadreando un poco de su fuerza, cuando quien abraza la causa de los derechos humanos cercenados por la dictadura, bien sabe entender el escozor que genera la menor duda respecto de un milico. Conque a una madre le joda, sobrarían motivos para removerlo.

 Pero volvamos a Hebe. Un domingo a la mañana vi la nota con Milani en el programa de las Madres, por la TV pública. Y me rompió soberanamente las pelotas. Pero, otra vez maldita y amada vieja, en el transcurso de los días vuelvo a caer para el lado de sus mejores intenciones. A lo mejor quiere creer. No reconciliarse, no olvidar, no perdonar (justo ella), sino creer en ese descomunal símbolo (que muy posiblemente sea forzado) que un Jefe de Ejército vaya al programa que conduce nada menos que Hebe de Bonafini.

( Hay un capítulo de los Simpsons... ya lo escribí, lo linkeo acá. La fuerza de los símbolos, aplicada a Springfield.)

  En el mismo orden, este verano hubo mucha movida con una subsede de Tecnópolis montada a pocas cuadras de mi casa, en la Base Naval Mar del Plata. Mucha gente que conozco me ha dicho que no pudo sustraerle al lugar su impronta de centro clandestino de detención durante la dictadura. En cambio yo, que creí que también me iba a pasar, fui muchas veces. Vi un stand del ejército en donde le ponían el uniforme a los pibitos y les hacían probar el "entrenamiento" militar. Lo que en otro momento me hubiera dado náuseas, ahora lo tomé como una especie de maniobra de exorcismo, capaz de meter en esas cabezas rapadas algún sentimiento de cercanía con el pueblo al que tienen que proteger, siempre e ineluctablemente en democracia.  Con ese mismo espíritu subí junto a mi hija menor a la Fragata Libertad, donde un marino negrito con camisa blanca sostuvo su mano para empezar a recorrer la rampa de madera. Ni me interesó demasiado, ni me emocionó, ni nada de eso. Simplemente, mientras paseamos  pensé que les estaba sacando el barco a los Massera, a los Acosta y a los Astiz, se los quitamos a ellos y lo toqueteamos nosotros, los que les ganamos la batalla de la historia y los metimos en cana.

  Pero una parte de la izquierda ve todo esto como una traición. Ve a Hebe como una traidora. 

Y yo me pregunto si podría traicionar una causa quien más la caminó y la sigue caminando. 
Se pondrán indulgentes con su historia y dirán que equivocó el rumbo? Es un rumbo que empezó ella, cuando la mitad de los que la acusan ni había nacido, cuando incluso sus padres pueden haber estado entre los muchos que se quedaban en la casa.

 Bájense de la soberbia alguna vez, pelotudos, no sea que la rígida vara con la que miden un día se les caiga en la cabeza.

Hebe no es perfecta, mi vieja tampoco. Las voy a bancar toda la vida.

martes, 24 de febrero de 2015


 Por qué la lluvia me hace creer que algo más se puede decir. Será la lluvia o yo viendo llover. Yo ver llover, cae esta lluvia desde un cielo asambleario, multipartidario, contrapuesto. Hay pedazos que atardecen como si no lloviera, hay nubes que prometen agua después, en tanto un gris derramado desde el cénit hasta el horizonte es la pizarra adonde se dibujan los rayos. Y visto desde la ventana, el mosaico de luces de la tarde recompone los verdes del barrio. Todo es lloviendo un poco más intenso, enfático, delineado. De ser insecto, iría ahora mismo a libar las flores blancas del árbol de abajo. Esa foto de perfil las favorece, se ven frescas, abiertas, húmedas. La lluvia es el lubricante de la naturaleza mujer, la lluvia la acuesta sobre sí misma, exalta los colores, las protuberancias, convoca a untarse en el barro, a comerlo. Volaría de ser pájaro, hasta que mis plumas se atrofien y me precipiten, o me queme el cielo. No se por qué no bajo, ahora mismo cuando puedo ser parte. Y en cambio vengo hasta acá, a regar este espacio adonde guardo bellezas que atrapo por el universo.

lunes, 26 de enero de 2015

Efemérides

Todos los días están vivos y están muertos. Miro el de hoy en la esquina del monitor: 26 de enero. Hoy podría ocurrir un hecho extraordinario, cualquiera, que se inscriba por un tiempo en los días particularmente vivos. Se fundan efemérides en todas partes, todas las casas coleccionan las suyas. Un día como hoy murió papá, hoy fulana hubiera cumplido años, hace 50 bombardeaban la plaza, hace 7 nos casamos, es el día del maestro, hoy hace 12 que trabajo en esta empresa, el bebé cumple 4 meses, Así completamos cada uno de los 365 o 366 días del año. Una yuxtaposición de aniversarios sobrecargan los días, significativos cada uno a su modo para alguien, en la totalidad de los habitantes del mundo. Quedarán afuera los aborígenes, los eremitas, los comatosos.
  Un día vacío para mí, tal vez lleno de significado en el piso de abajo. 
Y la melancolía de que desde los orígenes de nuestros calendarios estamos haciendo esto. Capa sobre capa a través de la tierra. Hojitas con los días.
 Mi privada colección de efemérides se desvanecerá también. Rescatarán algunos durante un tiempo. Después esos días morirán, renaciendo para la gente del futuro.

miércoles, 21 de enero de 2015

Fábricas

  De chico fui chupacirios. Fui un monaguillo de los que se cuelgan de la campana, sin dobles lecturas pederastas.
 Creí que la iglesia era una máquina que destilaba el mejor de los productos: la bondad.
 La verdad es que la institución es un sistema complejo, un conjunto de rituales, de leyes, de encíclicas, de textos escogidos, de pecados de tablilla o capitales, de jerarquías, de tradiciones y de misterios. 
La iglesia es una máquina perfecta que consume todo el combustible que fabrica en su propio funcionamiento.
Tardé en darme cuenta que adentro había, sí, gente buena, pero conviviendo con hijos de puta irreductibles.  
La bondad era un accidente.
 Después me hice ateo.

Aprovecho:
¿qué produce la máquina, política, social, a la que pertenecés?

No es una mala pregunta para hacerte y para que hagas, siempre y cuando te animes.
Las organizaciones se abusan de los malos entendidos.