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viernes, 14 de noviembre de 2014

Somos chicos


  Estoy leyendo un libro naranja. Es un libro para niños de 10 años, de Alfaguara. Lo estoy leyendo por razones que no vienen al caso.
  Esta mañana lo leía en el colectivo, concentradísimo me tenía. Y en una distracción pensé qué diría la mujer de al lado, si perteneciera al pequeño mundo de los lectores, viéndome así enfrascado en un libro para chicos. Me dieron ganas de responderle que a quién le importan las clasificaciones de las editoriales, que si este libro fuese de tapa dura, de esos que se imprimían al principio del otro siglo, sencillamente sería un libro  de la gran literatura, solo que también asequible para infantes (cuando leo se me reaviva el diccionario). Pero se me agotó la discusión, y volví a leer.
   Luis María Pescetti es un genio. Pero no es su genialidad, que ya conocía de otras obras, la que me atrapa cuando lo leo. Es decir, hay artistas muy ingeniosos, que llegan a buenas cosas por diferentes caminos. Este hombre me simpatiza porque sabe qué es ser un niño, de qué se trata la infancia, cuáles son sus códigos universales, qué pasa con las tardes aburridas, con las micro peleas entre amigos, con los amores escolares. En fin, Es alguien que estuvo atento cuando fue pibe. Siento empatía con esa gente grande con ojos de niño.

El libro es Lejos de Frin.
Y transcribo un fragmento.
(Alma, la novia de Frin, se muda con su mamá a otra ciudad. Sus cuatro amigos las ayudan a embalar).

"Primera semana de invierno. Llenaban las últimas cajas. El patio de la casa de Alma había quedado igual; pero la casa parecía una caja de zapatos.
Sin cuadros, sin libros, 
sin toallas, 
sin un reloj en la pared,
ni fotos,
sin papeles tirados por todas partes,
sin ropa en los placares, 
sin zapatos ni plantas,
sin floreros,
sin platos, ni cubiertos.
Ni siquiera las personas alcanzan para llenarla,
ahí estaban ellos: Alma, su mamá, Vera, Lynko, Arno y Frin,
trabajando agitados, con la radio encendida.
Las voces suenan distintas en los ambientes vacíos,
llenos de cajas,
como si la vida pudiera comprimirse en semillas de cartón
que serán plantadas en otra parte".

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