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jueves, 13 de noviembre de 2014

La fuga

Sucedió recién. En el mismo lugar en que un reloj de pared saltó al vacío. Se ve que es un sitio para sucesos extraordinarios.
Una gota se salió de mi ojo izquierdo, una gota prisionera escapó de un penal de máxima seguridad. Saltó las pestañas de abajo, recorrió el pómulo en toda su redondez, se abrió paso por la selva de mi barba, llegó al mentón y de ahí se arrojó hacia el piso.
Es un asunto tan menor, que me da vergüenza convertirlo en noticia. El universo es tan basto, soy yo tan insignificante, parado ahí frente a un churrasco que doy vueltas sobre la plancha, llora tanto la gente, se le hace un acto tan normal, que relatarlo acá parece otro gesto de mi enorme vanidad.
Pero no. No sabés lo mucho que no lloro.
Y tendrás la tentación de hacer un panegírico, un manifiesto acerca de las bondades del llanto. Nada que no sepa profundamente. Pasa que soy así de cruel, armando campos de concentración para estas gotas.
Oh contradicciones de verdugo,
sentir alivio cuando una prisionera salta mi cerco.

1 comentario:

Anónimo dijo...

creo que si es noticia, creo que los llantos se quedan en la garganta y se ahogan en barbaridades en la lengua.
A veces no tenemos ganas de combatir, aceptamos, para que hacer un batalla con quienes queremos. Te sorprendería saber cuanto no lloramos.