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sábado, 11 de octubre de 2014

El pajarito que se hizo libre hablando


Cuando el pájaro aprendió el idioma humano, pudo decir
- Yo quería ser libre.
El amo, sentado enfrente, con los ojos fijos en los del ave, esperaba las primeras palabras (porque fue siguiendo los progresos, en un gradual pasaje desde el trino animal al lenguaje de los hombres), pero no esperaba éstas.
- Desagradecido pajarraco – respondió dando una cachetada en el techo de la jaula –maldito pájaro malagradecido. Podrías agradecerme mi amable atención, la forma en que te cuidé desde tu llegada, que nunca te hice faltar el agua o el alpiste, que te cubrí con una manta para ponerte a salvo del frío y del sol, que te ponía tu huevo duro para que incorpores calcio… No! en lugar de eso, lo primero que sale de tu pico es una queja! 
 Fastidiado, el amo se eyectó del banquito apoyando fuerte sus manos en las piernas para pararse, después giró hacia la cocina y fue a empezar el mate, dio una chupada violenta al sorber lo último del agua y apoyó fuerte el mate en la mesada. Después se puso a mirar el jardín.
- Yo quería ser libre – repitió ahora más bajito el animal, no para insistir o enfatizar, sino porque no creía aún ser capaz de articular las palabras. Libre, susurraba al saltar de una hamaca a la otra, de allí a los barrotes y de vuelta al principio. Libre, suspiraba el pajarito. Y después dijo:
- Si me escucharas un momento, Alfredo…
  A la mención de su nombre, el amo pareció caer en la cuenta del prodigio que estaba ocurriendo en su casa, más allá de cuáles hayan sido las palabras. Esta vez dejó el mate suavemente y volvió a sentarse. Te escucho. A ver..
- Todo eso que decís que debo agradecerte, no es otra cosa que las acciones mínimas y necesarias para que mi cautiverio siga siendo posible. Porque convengamos en que para que haya un cautivo, este debe estar vivo…
 Alfredo estaba duro como una estatua. No sólo su ave había adquirido el don de hablar, sino que parecía ser una especie de filósofo.
- Debías cuidarme para que no muera. Muerto no habría cantado con la salida del sol, no podrías mostrarme a las visitas. En suma, sin comida, agua y cuidados, hubiera sido una posesión que hubieras dejado de poseer.
- Pero –ensayó el amo su respuesta – vos sabés cuál es el precio de esa libertad de la que hablaste al principio…
- No puedo saberlo – dijo el pájaro saltando al otro palito.
- Ja, no podés saberlo. Querés la libertad? Te doy la libertad, dale volá. Y preguntale a los gorriones y palomas cuál es el destino de los pájaros sueltos. Corridos a escobazos, cazados por gatos, durmiendo siempre con un ojo abierto. Y la comida! Te creés que es tan fácil alimentarse en libertad? Las aves libres no conocen el huevo duro, mi querido.
  El zorzal inclinó la cabeza para un lado e inclinó la cabeza para el otro, un movimiento común de las aves, solo que en este caso no era una forma de ganar perspectiva de visión, sino fruto del desconcierto por esas argumentaciones.
Ironizó:
- Si, imagino que esa libertad debe ser terrible. Debería conformarme con esta vida que me das, que me permitís, el que la ha considerado tan perjudicial para mí, para mi…casi digo persona. No había reparado en esos peligros, que incluyen la posibilidad de morir en las garras de un gato.
- Acá tenés de todo…
- Acá tengo de todo, sí. De todo menos a mí. Porque ser yo, debería implicar esos peligros. Sin ellos, qué soy. Un adorno que se mueve, un pedazo de materia tibia que respira y trina. Cualquier cosa menos un pájaro.
 Alfredo se paró frente a la jaula con el mate en la mano. Con la otra abrió la puertita. Y el pájaro se paró afuera, sobre la puertecita abierta. Se miraron otra vez. Voló hasta la ventana, que Alfredo se ocupó de abrir también. Siguió hasta el limonero y se detuvo en una rama que le pareció muy inestable, comparada con los palitos de su cárcel.
 Y se elevó hasta el techo, adonde se afirmó en una teja caliente. El viento soplaba desde el oeste y se le metía entre las plumas. Su corazoncito iba a estallar. Y dijo: - aquí vamos. 
Textuales palabras humanas con las que emprendió un vuelo definitivo, uno de regreso adonde nunca estuvo.


1 comentario:

Anónimo dijo...

pájaro y Alfredo al miso tiempo.. revelaciones.