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El camaleón mamá

Elisa Pastoriza escribió un libro que se llama "Un Mar de Memoria". 
Dice, entre otras cosas, que vivo en una ciudad a la que medio país asocia con algunos buenos recuerdos de infancia.
Sin embargo, Mar del Plata, debe ser el lugar del mundo con los peores recuerdos.
Los souvenirs marplatenses están constituidos por una chorrera de objetos kitsch, entre los que destacan artesanías con caracoles que no se encuentran en ninguna playa, pero que terminan siendo representativos por no serlo, por evocar lo que no es.
También hay unas curiosas estatuillas que cambian de color según el clima. Segun averigüé recién, están hechos de un material llamado Gel de silicio con características temocromáticas Estos lobos marinos, hipocampos, faros y corvetas (que en Luján son virgencitas) se ponen azules, rosas o amarillos según como esté el día.
Actualizan su estado, digamos.

Se me ocurrió este hilván mientras pensaba en una frase que poner como estado en el whatsapp.

Qué onda? Por qué hay que reportar siempre un estado?
Es que los inventos comunicantes abominan del anarquismo y nos hacen rendir pleistesía a esas formas de la organización social?
O será que de tanto producir objetos con "obsolescencia programada" - esa que hace que fenezcan a poco de estrenarlos- finalmente se nos ha metido en nuestro deber ser, haciendo que nos rotulemos tristes, alegres o enojados cual si fueran (esos estados) la frase publicitaria que nos antecede como producto. Una frase que debe cambiar cada tanto para mentirnos como nuevas personas respecto de la frase anterior.
To be or not to be. Ser y estar no son la misma cosa. Puedo estar contento pero ser melancólico, puedo ser optimista y haber pinchado una goma. Qué se yo cómo estoy, depende la hora, soy ciclotímico. Ya ni quiero escribir ésto.
Hay momentos en que me gana el estado gaseoso, por cómo se mueven mis partículas, en otros tiendo a ser sólido, y en ocasiones soy líquido y me adapto al continente. 
No lo sé, debe adivinarse en la mirada.
Aunque la mirada de todos suela ser inefable.
Eterno resplandor de una mente sin recuerdos.
Deberíamos simplemente cambiar de color.

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