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jueves, 31 de julio de 2014

Sobre la banalización de todo y el pensamiento urgente.

Este es el quinto borrador sobre el mismo asunto.
Me preocupa el antisemitismo. Lo veo crecer mucho en estos días,
por culpa de Israel y la limpieza étnica que practica en la Franja de Gaza, lo veo salir de su latencia.

Todos pueden opinar de lo que quieran.
Trato de mantener a mínimo mi soberbia innata.
Pero se me desata cuando tantos opinan tanto sobre temas que merecerían mayor cuidado.
Se me desata cuando algunos quieren salir a opinar "con lo puesto", cuando eso que traen puesto es un paquete de prejuicios. Cuando los prejuicios son dictámenes ya incorporados sobre personas o acontecimientos, que prescinden de pruebas, o hacen que las mismas ingresen a la fuerza en su reducida visión.
"Son judíos, qué esperás". Y fulano es judío, y mengano...

Condeno la matanza israelí.

Una de las unidades que doy en mi materia de Periodismo tiene que ver con Oriente Medio.
De modo que, sin ser un experto, algo manyo. Es largo y no hay paciencia para escuchar en estos días y nada de lo que diga carece wikipedia.
La historia no parece interesar demasiado, dejando así lugar para el grito ventral, para lo primero que aparece en la cabeza.

Uno en facebook postea un video de Ahmadinejad, el ex presidente de Irán adonde habla de "la fábula del Holocausto".
Otros ponen fotos y más fotos de niños palestinos destrozados.
Otra postea una de esas frases inspiradoras...de Henry Ford.
En tanto, la colectividad israelita paraciera cerrar filas en apoyo a la masacre.
Judío, israelita, sionista, todos pasan a ser sinónimos.
Igual, algunos parecían nazis de antes, como Luis D'Elía (Arroyo, Samid...)
Está el que busca declaraciones de "judíos buenos", que condenan el exterminio. Y no se qué se quiere decir.
Está el que pone la bandera de Palestina sin saber ni donde queda.
Está el que justifica toda violencia de abajo, por la violencia de arriba y está el que viceversa.
Están los que se muestran mortificados por los niños palestinos, pero no los estuvieron tanto por las víctimas infantiles de Al Assad o de Sadam, que usó armas químicas contra kurdos y chiítas.
Están los que condenan a Israel pero matarían a todos los niños de las villas, si se les diera oportunidad.
Están los que bancan a Israel, pero se muestran progresistas ante la discriminación de acá a la vuelta.

El nazismo se ha convertido en una palabra banal, aplicable hasta para los festejos futboleros de los boludos alemanes.
...
Yo, Fahrenheit.

Debo confesarlo: Quemé libros.
Cuando mi abuelo murió en 1978, con mi hermano encontramos que guardaba propaganda nazi.
Era sastre, e inmigrante austríaco, venido antes de la Primera Guerra Mundial, así que imaginamos que sería solamente una simpatía ignorante; quisimos creer que adhirió sin saber.
Pero nos dio vergüenza igual. Y quemamos algunos de sus libros.
Recuerdo como ardían.
Los hubieras atesorado? Los hubieras vendido?
Acaso de ahí me venga el amor por los libros, por los otros, por los que tienen cosas bellas.
Culpa
o vindicación de la palabra escrita.
...
Y -cosas del destino - mis hijas, por origen y aunque ateas, son judías.
...
De modo que
No me es indiferente la ignorancia.
No me es indiferente el sufrimiento de los niños de ahora, ni de los niños de antes, ni de los niños del futuro.

Y estoy un poco harto de esto que llamamos Humanidad.


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