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Vos no me conocés enojado


- Vos no me conocés enojado.

  Subyace una amenaza en la frase; insinúa un carácter monstruoso escondido de la vista. Frase con guarnición de sonrisa, sonrisa de quien rememora (sin contar) imágenes devastadoras de ese monstruo, activo en otro tiempo.

- Y no, no te conozco enojado... 
Vos tampoco a mí.

La respuesta se parece a un duelo entre criaturas agazapadas. Representantes horrorosos esperan afuera para venir a ejercer la destrucción. Hulk contra Gozzila, Goliat contra Goliat, sólo si los convocan, en estado potencial.

No hay que decir esa verdad.
La capacidad de daño está implícita, la maldad es inmanente.
Aprendemos a un tiempo la forma de amar y la forma de destruir eso que amamos.

Por eso es falso que del amor al odio haya un sólo paso.
No hay ninguno.
Son dos caras de la misma moneda.


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