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viernes, 30 de mayo de 2014

ay dios


Orgullosos cuentan haber hecho la apostasía, haber llenado el formulario de desafiliación católica.

Muy bien, cuánta osadía! al Papa le debe hacer tanto daño como el que le hice a Movistar cuando me pasé a Claro. Lo fundí, yo sentí que ahí empezó su debacle final.

Por qué no nos metemos con dios? Eso sería tener cojones.

Propongo armar una contra-religión. Y me explico.
Fui creyente, y después se me pasó. Después dije que al fin, quién puede saber lo que hay más allá; me hice agnóstico.
Ahora tengo ganas de volver a creer, para bardearlo. Deificar un sujeto imaginario, atribuirle omnivisión y rayos láser que le brotan de las cuencas. Un ser todopoderoso y cretino, dador de limosnas que saca de un bolsillo repleto, un sádico cuentapropista.


- Buenos días señor! Somos estudiantes de la biblia y...
- No puedo ahora, estoy ocupado, estoy bien con la religión que tengo, dejen dormir a la gente!
- No, no, usted no entiende, no le ofrecemos ninguna religión.
- Cómo que no, jaja, me hacen reir. Ahora son estudiantes de la biblia y no te venden la salvación.
- Bueno, eso sí, si nos da un minuto le explicamos..nos da un minuto?
- Un minuto, a ver, empiecen.
- Salvación le "vendemos" como usted dice, pero justamente queremos salvarlo de dios.
- !!!!
- Somos estudiantes de la biblia y descubrimos que está llena de gilipolleces. Toda la primera parte es un salvaje sádico, a uno se lo come una ballena, mata al mundo con una inundación, a otro le ordena que degüelle al pibe...Un hijo de puta, en una palabra. Pero además, está llena de agujeros y falta de respuestas.
- Alalala, como cuál.
- El Paraiso, pongamos. Qué pasó con la serpiente cuando los echan a Adán y Eva, a qué se dedicó? Porque no cuenta nada de eso. O se comió un embole hasta el fin de los tiempos o se puso a pudrirla con los castores y los bisontes. Sólo que estos bichos no tienen libre albedrío y están como salvados...
- A...há...
- En la otra mitad (nosotros le pusimos "la parte hippie") viene el hijo de dios, habla de amor y paz y se hace matar en los capítulos finales. Porque sabe que lo van a traicionar, sabe quién, sabe todo. Pero en vez de convencerlos de que no lo maten, ni él ni el padre hacen nada para impedirlo. De ahí nos queda como un nudo en la garganta con la culpa y todo lo demás.
- Pero no me queda claro, ustedes creen en dios o no creen en dios.
- Creemos. No vió el discurso de Al pacino en El abogado del Diablo?
- Si...
- ...ese sobre dios. Bueno, nosotros creemos en eso.
- Me interesa, la verdad.
- Bueno, pídanos amistad en Facebook que ahí publicamos lo de Al Pacino y varias cosas más. Hasta luego señor. Nos va a pedir, cierto?
- Si...creo que si
- Creemos en Usted. .-


Aquí va:
Al Pacino (diablo):
Sabes? te voy a decir algo: La culpa, es como una bolsa llena de ladrillos, todo lo que tienes que hacer, es bajarla.

Keanu Reeves (Kevin: el hijo del diablo):
No, no puedo hacer eso

Al Pacino:
¿Para quien cargas esa bolsa de ladrillos de todos modos? ¿Dios? ¿eso es todo? ¿Dios?
Dejame darte información de primera mano sobre Dios:
A Dios le gusta mirar... Es un bromista... pensalo...
Le da al hombre... Instintos
Les da ese extraordinario regalo y entonces ¿que hace?
Lo juro... Para su propia entretenimiento. Su propio privado, circo cosmico...
Pone las reglas en oposición... Es la joda mas grande de todos los tiempos...
Mira, pero no toques...
Tocá, pero no pruebes...
Probá, pero no tragues...
Y mientras estas saltando de un pie al otro ¿que hace el?
Se esta riendo como un enfermo!!
Es un rigido!! Es un sadico!!!
Es un terrateniente ausente!

Adorar eso?? Nunca!!

Blanco de la realidad. Como quien dice "blanco de ave".

Hay comidas a las que les da hambre algunas de mis ropas.
Qué tendrá que ver comerse las eses con sentirse popular.
Se inventó un nuevo aparato que permitirá comunicarnos mejor.
El conservadurismo de ciertas transgresiones.


Entrando al cerebro por el agujero del humor.
No vayas al súper super-hambriento.
Me comí un masetero.
Bananas que se abren mal...


Por momentos las ideas se me apelotonan, suelto los titulares a ver si sale poesía automática. Y no.

Pero corro el riesgo de volverme abstracto.

Hace mucho pensaba que Rothko era un chanta, como me lo parecían todos los pintores abstractos.
Y después (por un video que vi en Encuentro) comprendí que no, que había una buena razón para hallarle sentido a sus rectangulitos. Resulta que era figurativo, lo fue, se volvió abstracto. Y lo re-entiendo: la realidad puede aumentar de dimensiones, engordar tanto sus colores, aullar tanto el hocico del perro, que las cosas hipertrofiadas tienden a mezclarse, como si 4 obesos se meten en un fitito.
Dijo Borges que creemos que los ciegos ven negro, mientras que él era un ciego en blanco.
El blanco es la suma de todos los colores.

Y enceguece, como el negro.

lunes, 26 de mayo de 2014

Impulsos (sin corregir)


Escribo, escribo, escribo todo el tiempo. No se si va a convertirse en algo, no me interesa, me resulta penoso el camino de los escritores que publican. Bien por ellos cuando se consagran. No es ese el tema. Mi tema es esta enfermedad de poner todo en palabras, de traducirlo todo en letras, de estallar en oraciones, comas, puntos, puntos y comas. Quiero mudarme acá, a las palabras quiero mudarme, perder la imagen, dejar de peinarme, cagar en prosa. Editar, si! eso, editar. Poder corregir y volver a corregir, de manera que las palabras se lleven, bailen, canten, cojan. Arrastra la seda la reina Isabel.
Cada vez con más fundamento, el mundo todo puede parecerme una porquería (con las obvias salvedades). Pero tolerable si lo pienso escrito, si traduzco los gestos, si convierto a las personas en personajes. Los veo, los leo, los reconozco, los tipifico, los encasillo, los exagero. Una mirada que se cruza, las monedas que el cajero coloca en su mostrador con desprecio, el olor de la cebolla rehogada, olor a tostadas, motosierras que reducen ramas, el perro marrón que se echa al mismo tiempo en todos los barrios.
Así si, así sí subo y bajo por la cuesta del coste de la vida, así si disfruto de lo horrible, de lo agotador, de la hipocresía, del choque estruendoso de los egos, de la explosión libidinal de un hombro al descubierto, del olor a basura acumulada, de la propia vida más escrita que vivida.

miércoles, 21 de mayo de 2014

Está lloviendo...

 No se si es André Rieu con Adiós Nonino lo que me convenía. Esto de estas épocas, ser uno el medio de comunicación y andar seleccionando música en youtube, tiene sus desventajas. Pero sí, ahora la música crece y yo escribo apurado. Con la lluvia se me llenó la cabeza de palabras.
Vine y saqué todo de la mochila: el libro, el medio pebete en su bolsita, la bufanda. Pero acá recordé que es impermeable por dentro. Había quedado fuera del círculo seco de mi paraguas. Paraguas, pensé en paraguas hoy.
Pero antes, vine en un micro que esperé mucho tiempo. A propósito esperé ese. El paraguas es nuevo y lo estrené hoy. Así que me gustaba estar parado en la avenida y escuchando el golpeteo de las gotas sobre él. Y ver de paso el río que pasa por el cordón de la vereda, reflejando luces de neón.
Terminé solo en el colectivo. Hasta en un momento flashié con levantar la mirada y que no haya conductor. Terminar solo tiene su lado bueno, el colectivo parece un taxi. E iba despreocupado de pasarme: como termina su recorrido a la vuelta de mi casa, daba igual que estuviera atento. Mejor, porque los vidrios estaban empañados, y como pasa por barrios que se parecen, en cada momento podía estar en cualquier lado.
Yo iba metido en la lectura. El lado malo de quedarme solo es que no podía presumir de estar leyendo un libro amarillo. Me prestaron uno de Anagrama, Limónov. Se nota que es genial. Pero, para quienes somos lectores, Anagrama es casi insuperable (a lo sumo estará Siruela); aquí están Bokowsky, Bergson, Bolaños, Kerouac... Presunciones pelotudas las mías. A quién le interesa. Si fuera con una campera de River sería más lógico.
He notado que se usan poco los paraguas. En el universo estudiado hoy, somos bien pocos los que recurrimos a él. Ja, pobres de ellos, se sentirán muy tontos cuando cojan una gripa y deban llamar a casa al matasanos para que les aplique cataplasmas. Son los mismos que en verano se exponen al sol, adquiriendo una piel oscura, como la de los criados.
Por qué sera que la lluvia me gusta. Será que cae hacia abajo, que me conecta con el eje de la tierra, será que nacimos del agua y tiene un sello materno, será el olor de su aire, será el erotismo de la ciudad que lubrica, será el brillo, será la persistencia, será nuestra pequeñez ante su fatalidad, será que se contrapone al odioso sol de los domingos, qué será.
Llueve y tengo ganas de llover en palabras, aunque solo diga sandeces.
Ahora puse un mix del maestro Rieu. Me siento tan culto y refinado. Tendría que prender el habano que me regaló Mauro. Ah, voy a encender la lámpara de pie.Y al carajo todo, en la intimidad de mi nada.

jueves, 15 de mayo de 2014

Instrucciones para comer duraznos (reedición)

Para comer un durazno maduro acaso primero deba proveerse de un babero grande o tener una toalla a mano o desnudarse el torso. Porque es una fruta destinada a manchar la ropa y a llenar la cara, barba, dedos con su generoso y abundante jugo.
Coloque el durazno sobre una superficie despejada y dedíquese a observarlo sin tocar. Perciba primero su perfume, deje que penetre en sus fosas nasales para acondicionar el ambiente de los sentidos con su dulzura etérea. Después observe la fina armonía de su forma. Desintegre el todo llamado durazno en una multiplicidad de partes y atiéndalas en particular. Primero el color. Estamos hablando de los duraznos amarillos, de piel aterciopelada y hueso no adherido a la carne. Fragantes. Blandos pero turgentes, con el color justo que la naturaleza pinta para llamar a los comensales, sean estos hombres o bestias. Es indefinible este color, tanto que en sí mismo es referencia dentro de la paleta de la naturaleza. Puede variar en sus partes más voluminosas, adquiriendo un femenino rubor, como si la fruta se avergonzara de su propia belleza, como si poseyera la virtud impostada de una doncella a la que se corteja con poemas de amor.
Note a continuación su vellosidad sutil. Tiene pelitos sí, pero tratan de pasar inadvertidos; sólo están allí para captar la humedad necesaria. Puede uno notarlos claramente cuando una gota de agua decide acampar en el abismo de su redondez. Ahora sí tóquelos. Pero que sea a una escala atómica. Que el durazno llegue a creer que sólo imagina una caricia. Apoye la yema de un dedo en uno de esos extremos pilosos. Apenas combe un poco más el pequeñísimo sable vegetal. Y después sí, peine delicadamente y trace la superficie. Que el durazno sepa que está siendo acariciado. Convendría que con una mano fije el fruto a la mesa y con la otra recorra la geografía duraznera. Tendrá el efecto de una carta documento: se le notifica a ud. que la caricia que ahora lo complace, prontamente será reemplazada por una dentellada profunda y final.
Notará que el durazno empieza a clamar que le desgarre la piel. Puede ser que esta aseveración se trate de lo que en psicología se llama transferencia, y sea uno el que se desespere por llegar a la pulpa. Da igual. El durazno no podrá contradecirlo, es un vegetal casi inerme.
Cómaselo de una vez. Primero una mordida en la parte más saliente. Tomando como referencia al durazno parado, con la zona del cabo hacia arriba, la zona más saliente coincidirá con el diámetro mayor de este bello producto del reino vegetal. Una mordida que desnuda al durazno de un trozo pequeño de su piel. Deténgase un momento a contemplar esa carne cercenada que ya desvestida empieza a inundarse de almíbar. Brilla y fulgura su humedad, como aceptando la nueva condición de objeto pronto a ser devorado.
En este punto, ya usted con esa dulzura deshaciéndose en la boca, no podrá esperar mucho más para ir a por todo y arrancar un pedazo mayor de durazno. Adelante. Este segundo bocado hará que sus dientes rocen el hueso y probablemente empiece, como se advierte al comienzo, a llenársele la barba de jugo. Séquese si le molesta, pero no pierda el ritmo de masticación. Vale aclarar que una vez introducido el pedacito de durazno en las fauces, no será ya tarea de los dientes su desintegración, sino de un trabajo mancomunado del paladar y la lengua. Notará que la materia sólida pasa rápidamente a líquida, produciendo un desmesurado placer a sus sentidos. Es este acto de comer duraznos, un verdadero paseo sensorial. Porque oirá, si presta debida atención, el sonido de las gotas cayendo sobre usted o sobre la mesa y el chasquido continuo de su boca trabajando sobre el fruto. Olerá el integrado aroma a sol de una fruta a medio desnudar.
El durazno ha quedado abierto de par en par. Desguazado por su hambre, carecerá de la mitad de su relativa esfera, como esas representaciones gráficas del interior del planeta. Aquí el magma se llama carozo. Ha llegado usted al corazón del durazno. Esa joya arrugada ha sido descubierta por fin, como la tumba de un faraón. Todos los pasos previos no tenían otro objeto, para el durazno y para el duraznero, que liberar este hueso de su cárcel de pulpa. Justamente por eso, las zonas adyacentes al carozo lucen más oscuras, mucho más intensas en su color, como si dijera al explorador que ya está llegando a su meta. Del mismo modo, el sabor se intensifica hasta la locura de todas las papilas.
Debe aquí tomar una decisión. O rodea el núcleo del durazno, comiendo la otra semiesfera, trazando un vuelta de calesita en derredor de este centro y evitando que el mismo se desprenda, o procede de la siguiente forma: tome al durazno con los extremos de ambas manos. Ojalá no tenga una prenda de marca cubriendo su torso. Con un dedo retire el carozo de su cuna. Ahora, mientras sostiene al fruto por la espalda, sumerja su cara enteramente en el hueco. Goce de las paredes de esta habitación recién barnizada, libe cuanta gota se desprenda de su entorno y empiece a redecorar este interior con el cincel que le venga en gana (pueden ser los dientes, la lengua, la nariz, una cucharita de té). Es interesante observar la presencia de estalactitas y estalagmitas en esta cueva. Son las arterias que se incrustaban en el corazón y ahora quedan como manos colgando del techo, emergiendo del piso, protestando por el vacío.
Déjese atrapar por el durazno. Caiga dentro de este abismo dulce, conviértase por un instante en el centro mismo de este pequeño universo frutal. Viva allí por unos meses, pague las expensas, tenga reuniones de consorcio imaginarias, discuta con el encargado, grite ascensor.
Más tarde o más temprano el durazno habrá desaparecido de la faz de la tierra. Pero tendrá usted la boca pintada de dulzura y una honda satisfacción en su paladar.
Haga con el carozo lo que le venga en gana. A fin de cuentas se trataba sólo de un durazno.

GLOBOS (Admiro vuestras capacidades de llorar)

Quiero escribir algo, un libro. Quiero todo el tiempo decir. Quiero pintar un cuadro.
Acaso haga algo de eso (seguramente decir), o capaz no haga nada, y hasta me quede callado.
De a ratos confío en la palabra, llego a creer en su capacidad de redención. Y en otros momento me coso la boca; no porque las cosas no puedan decirse, seguro alguien más ya lo ha dicho,
sólo que a nadie la importa.
Vamos cada quien con nuestro globo de diálogo, abriéndonos espacio entre una nube de globos. Permiso permiso señora, no ve todo lo que tengo que decir.
Vamos a las redes sociales y los pegamos con cinta skotch.
Y a lo sumo podrá gustarle a unos cuantos.
No resuelve lo que dice decir el  dicho.

No resuelve la sensación de pedazos de hule pegados en la cara
cuando alguno de mis globos explota sin que nadie lo oiga.