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lunes, 28 de abril de 2014

Master Chef extremo

Claro, el formato así lo amerita. Tanto en la edición americana como en sus franquicias por el mundo, la tónica general del programa es de bardeo y maltrato a los candidatos. 
Pero si de eso se trata, aquí les va como para mí debería ser un programa tipo (mucho más extremo):





Es el turno de Christophe, debe ser el primero en probar el platillo de Gustavo, del equipo azul. El ingrediente de hoy son simples lentejas (así lo habían anunciado hace una hora: simples lentejas). Camina dos pasos hacia la mesita. Gustavo retrocede uno y pone sus manos atrás, en gesto humilde. Christophe, el más grandote del jurado, mira el plato con remarcado desprecio, mira a Gustavo, mira el plato, toma la cuchara. Introduce apenas el cubierto y levanta lo que será su bocadillo de degustación. Antes de metérselo en la boca, lo está oliendo con asco y clava la mirada en Gustavo; tres minutos seguidos se la clava, con música de suspenso . Adentro. 
La cámara registra la primera masticada del juez. De repente, Christophe se pone lívido y abre los ojos como el dos de oro. Da una arcada en la que se le cae la cuchara de la mano. Todo el estudio se alborota. Aunque intenta detenerlo cerrando la boca, un primer hilo de vómito se abre paso entre sus comisuras y sale al aire. Gira sobre sí y corre hacia atrás y al costado y, apoyando una mano en una columna, empieza a lanzar profusamente, tosiendo y escupiendo al fin de cada parto de su estómago. Germán, el pelado, abandona la rigidez en la que esperaba solemne a que llegue su turno y corre a ver cómo está su colega. Pone una mano en su espalda. Alza la cabeza buscando al participante.
- Qué hiciste hijo de puta?! Nos querés matar HIJO DE RE MIL PUTAS? Eso querés, pedazo de sorete? - Por un instante vuelve hacia su compañero, quien doblado sobre su abdomen  vomita una y otra vez formando un charco marronáceo - Vení, matame a mí si tenés huevos, hijo de puta, asesino!!!!
 El plató central del programa se ha convertido en una colección de seres humanos desbordados y es evidente que hasta el director del envío ha perdido el control. Cámara 2 enfoca el piso, a un metro de Crhristophe que vomita y Germán que lo consuela temblando  y de rodillas con las manos en su calva, allí está Donato, en posición fetal. Tomándose las rodillas y con la boca abierta contra el suelo, llora desconsoladamente. Se le oye gemir "mamita, llevame con vos, mamitaaaa".
  Alguien de producción toma una cámara que, arrancada de su trípode, es ahora subjetiva y amateur, se mueve, camina. Trata de enfocar al grupo azul que grita de manera histérica. Finalmente descubre el porqué, haciendo zoom sobre el fondo del área de cocinas. Gustavo pende de una soga que consiguió atar a la parrilla de las luces. Se escucha un "dios mío" del improvisado camarógrafo. Gustavo se autoeliminó.
 El director poncha ahora una camarita de mano que sostiene Mariano Peluffo. Al mejor estilo del proyecto Blair Witch, se enfoca sólo. Un primerísimo primer plano contrapicado muestra sus lágrimas y sus mocos que barnizan su rostro desencajado. "Todo terminó, amigos, ya las remé todas, todas las remé". La cámara cae al piso, quedando la toma en un plano bajo. Se ven los zapatos de Peluffo alejarse a toda carrera. El estudio de Telefé reverbera con gritos de horror y ruidos metálicos.
El switcher master del canal manda el logo de telefé y seguidamente un capítulo empezado de Los simpsons.

lunes, 21 de abril de 2014

La verdad

                                         
Hay en el mundo 287 toneladas de seres humanos.
Calculo que la mitad, o sea unos 143,5 mil kilos de piel, intestinos, hueso y carne, prefiere la mentira a la verdad.
Dice preferir la verdad, pero se no la aguanta, como bien monologa Jack Nicholson en aquella película.
A lo sumo consume verdades de copetín, como "lo esencial es invisible a los ojos" y otras giladas. 
                                                                 Yo mismo no se qué prefiero.

miércoles, 16 de abril de 2014

Misterio

Llegué muy tarde. El reloj de la cocina se había tirado de la pared.
No metáfora, no tiene moraleja: en el medio del piso de la cocina yacía el reloj boca abajo. Pero qué pasó, le pregunté mientras lo alzaba. La pila quedó al lado de su cuerpo, y el plástico redondo que cubre el cuadrante se había desprendido.
Miré la ventana para culpar al viento. Cerrada, la persiana abajo. Eché un vistazo a mis pertenencias (que son tan pocas que se ven todas desde donde estaba), todo en orden. La tele allá, la compu acá. Robar no robaron.
Le puse la pila. El hecho se había producido 6 y media, eran las once en punto. Calcé el plástico transparente y colgué el reloj en la pared. Volvió a marcarme el tiempo, colgado, naranja y medio grasiento.
Me sigo preguntando qué pasó. De haberse desprendido tendría que haber quedado sobre la mesada, junto al mate vacío y el tarro de café. No, tuvo que ser un salto grande. Y difícil, por cuestiones de física elementales. Estando uno –si fuera reloj- colgado de un tornillo por el cuello de la camisa, ¿cómo hace para tomar impulso y lanzarse? La única respuesta sería esta: se ponen los pies contra la pared hasta zafar del tornillo, se toma uno del tornillo con una mano, se recargan las piernas de energía potencial y salta. Arduo, pero posible. Sólo que el reloj no tiene extremidades.

Bueno, eso pasó anoche.

lunes, 14 de abril de 2014

Puede ser

De haber un cielo, ahí debería esperarnos todo lo que pudo ser.
Aunque entonces añoraríamos lo que fue, mientras alguien extraña lo que ya no somos.

jueves, 10 de abril de 2014

Frío

Aun sabiendo que el frío no es más que la falta de calor,
es imposible no verlo como una entidad, una presencia que llega en reemplazo de la otra. 
No es aire descalentado el que se cuela por debajo de la puerta o por el costado de la ventana, es un sentimiento filoso que se acaricia con tus pies desnudos. Como un gato que ronronea, el frío sisea.
Es como decir que la oscuridad es ausencia de luz. Qué va a ser. Si es como una tela que adorna los rincones. Si a veces te podés hacer con ella una capa o un sombrero y pasear por el centro bajo el picante sol del mediodía.
Viene el frío de a poco a encontrarse con la noche.

Y la foto es arte con sombras.

miércoles, 2 de abril de 2014

Micro contradcciones

Acelerar, pasar al de adelante, sólo para ir más despacio.
A más queso, más agujeros > a más queso, menos queso
Fumar de más, sólo para que no se apague.