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Mostrando entradas de abril, 2014

Master Chef extremo

Claro, el formato así lo amerita. Tanto en la edición americana como en sus franquicias por el mundo, la tónica general del programa es de bardeo y maltrato a los candidatos. 
Pero si de eso se trata, aquí les va como para mí debería ser un programa tipo (mucho más extremo):





Es el turno de Christophe, debe ser el primero en probar el platillo de Gustavo, del equipo azul. El ingrediente de hoy son simples lentejas (así lo habían anunciado hace una hora: simples lentejas). Camina dos pasos hacia la mesita. Gustavo retrocede uno y pone sus manos atrás, en gesto humilde. Christophe, el más grandote del jurado, mira el plato con remarcado desprecio, mira a Gustavo, mira el plato, toma la cuchara. Introduce apenas el cubierto y levanta lo que será su bocadillo de degustación. Antes de metérselo en la boca, lo está oliendo con asco y clava la mirada en Gustavo; tres minutos seguidos se la clava, con música de suspenso . Adentro.  La cámara registra la primera masticada del juez. De repente, Chr…

La verdad

Hay en el mundo 287 toneladas de seres humanos. Calculo que la mitad, o sea unos 143,5 mil kilos de piel, intestinos, hueso y carne, prefiere la mentira a la verdad. Dice preferir la verdad, pero se no la aguanta, como bien monologa Jack Nicholson en aquella película. A lo sumo consume verdades de copetín, como "lo esencial es invisible a los ojos" y otras giladas.                                                                   Yo mismo no se qué prefiero.

Misterio

Llegué muy tarde. El reloj de la cocina se había tirado de la pared. No metáfora, no tiene moraleja: en el medio del piso de la cocina yacía el reloj boca abajo. Pero qué pasó, le pregunté mientras lo alzaba. La pila quedó al lado de su cuerpo, y el plástico redondo que cubre el cuadrante se había desprendido. Miré la ventana para culpar al viento. Cerrada, la persiana abajo. Eché un vistazo a mis pertenencias (que son tan pocas que se ven todas desde donde estaba), todo en orden. La tele allá, la compu acá. Robar no robaron. Le puse la pila. El hecho se había producido 6 y media, eran las once en punto. Calcé el plástico transparente y colgué el reloj en la pared. Volvió a marcarme el tiempo, colgado, naranja y medio grasiento. Me sigo preguntando qué pasó. De haberse desprendido tendría que haber quedado sobre la mesada, junto al mate vacío y el tarro de café. No, tuvo que ser un salto grande. Y difícil, por cuestiones de física elementales. Estando uno –si fuera reloj- colgado de un t…

Puede ser

De haber un cielo, ahí debería esperarnos todo lo que pudo ser.
Aunque entonces añoraríamos lo que fue, mientras alguien extraña lo que ya no somos.

Frío

Aun sabiendo que el frío no es más que la falta de calor,
es imposible no verlo como una entidad, una presencia que llega en reemplazo de la otra. 
No es aire descalentado el que se cuela por debajo de la puerta o por el costado de la ventana, es un sentimiento filoso que se acaricia con tus pies desnudos. Como un gato que ronronea, el frío sisea.
Es como decir que la oscuridad es ausencia de luz. Qué va a ser. Si es como una tela que adorna los rincones. Si a veces te podés hacer con ella una capa o un sombrero y pasear por el centro bajo el picante sol del mediodía.
Viene el frío de a poco a encontrarse con la noche.

Y la foto es arte con sombras.