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martes, 18 de febrero de 2014

Revistas

Salí de cargar la tarjeta de colectivo. No me queda mucha plata para llegar al 28.
Y venía a trabajar. Enfrente, un chico ruliento y en patas atiende su puestito de venta de revistas usadas en la puerta de la casa de su abuela.
No pude resistir la tentación de darle al chico la felicidad de una venta. Es una felicidad que todavía recuerdo. Esa emoción de generar un dinerito, adonde cualquier moneda nos hace sentir prósperos.
- Qué revistas tenés? El nene apenas puede articular palabras, sentado a la mesa de su negocito, frente a una enorme caja de cartón con $5 escrito con birome.
- Ehhh son "Buena Salud" y también tengo una que se llaman "Utopía".
Cuando estaba eligiendo mi revista salió la abuela. Y tuve entonces otra cara feliz. Y "ay qué alegría tenemos por acá" y "muchas gracias señor".
Cinco pesos me costó una pequeña alegría para un perfecto extraño.
Se me hace un nudo en la garganta.
Me parece tan sencilla la felicidad ajena.

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