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jueves, 4 de julio de 2013

Kiosco

Pasé por el kiosco que el otro día no me vendió porque no tenían cambio de cien.
Pensé en entrar y decirle por qué no pienso entrar más. Pero no tendría sentido.
No tiene sentido decir porqué elegimos algo ni porqué lo rechazamos. Lo que elegimos es rechazado por otros y lo que rechazamos es elegido por otros.
Lo elegidos se creen buenos en general. Los rechazados suelen no saber que lo son, en tanto haya quien los elija.
El panadero que le gritó a la chica, no me echa de menos.
El verdulero que me dio mandarinas podridas, tal vez ya lo sabía.
Tinelli, Susana o Mirtha no saben de mi asco.
Yo no se por qué usted me lee.
Ni cuántos no lo hacen.
Gracias, en todo caso.

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