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miércoles, 17 de julio de 2013

Ante la duda, dispare.

Los dogmatismos fueron hechos a la medida de perezosos y cobardes.
El dogma te exime de repensar lo que ves y escuchás. Es un paquete, un kit completo con todo lo que hay que opinar. El requisito es no sacarle ningún elemento a ese todo, porque de esa forma se desarmaría.

Si sos católico, por ejemplo, sos católico. Nada de andar repensando la virginidad de la virgen. Y si hubiera algún elemento medio flojo, puede recurrirse al genio Tomás de Aquino, que quemó sus pestañas haciendo que Aristóteles entrase en la sagrada Biblia.

Si estás en un dogma mirá la mano que dirige la batuta y seguí su movimiento.

No opines por vos mismo, esperá a ver qué dice el líder. O tratá de captar para dónde va la mayoría de tu grey y opiná eso mismo, acaso con "tus" palabras.

Si algo no ha sido pensado todavía por los administradores del dogma, no lo mires (hacer o no contacto visual con el objeto impensado dirime la pertenencia a la manada, que es como decir la vida o la muerte).

La cabeza debe permanecer en calma, aceptando siempre que lo que se dice o se hace es lo mejor para el colectivo. Pero la garganta no, hay que gritar 24 x 24 horas las verdades que van llegando.
Por ejemplo:
Si sos oficialista, esperá a ver qué dice Cristina.
Si sos opositor, esperá a ver qué denuncia Lanata.

Muy importante: solo hay amigos y enemigos.

Afirmar la existencia de cualquier gris, trate de lo que se trate, es una típica actitud enemiga, la más peligrosa.

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