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jueves, 10 de enero de 2013

Nocturna


"No sabés como vivo"
La frase podía significar varias cosas. Podría ser un reproche al amigo por desconocer su manera de vivir. O insinuar un escenario catastrófico, que inmediatamente sería descripto. O todo lo contrario, que la vida le sonriera y viviera como un duque.
 En verdad, se refería a que vivía la vida de una manera intensa. El énfasis en el segundo verbo.
Dijo no sabés como vivo, como quien dice no sabés como duermo.
 Es que él vivía concentrado en vivir. No se le escapaba un pedazo de cielo lleno de estrellas. Reconocía a su tristeza, la veía llegar como un ente concreto, como el cobrador de su seguro. O subtitulaba "un buen instante" ni bien lo notaba, como los noticieros dicen sintetizar lo destacado de una entrevista en el zócalo debajo de la pantalla.
Percibía el gotear de una canilla y el funcionar esporádico de la heladera en el enfático silencio de la madrugada.
Pero vivir con intención y detenimiento, no necesariamente cumple con el consejo repetido de todos los gurúes y santones.
En su asimilación del presente, había más preguntas que respuestas. Preguntas que además se debilitaban con el paso las horas. Ahí, bien tarde, es donde entraba la gota en la canilla, cayendo como un mantra sobre la pileta de acero, animalizando su humanidad, reuduciéndola a meros sentidos.
Los ojos como dos platos y un cigarrillo en la boca. 

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