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sábado, 24 de abril de 2010

Amistades en red



Mi papá creía que si uno hablaba con alguien el tiempo suficiente, tarde o temprano iba a encontrar que alguna vez el camino entre ambos tuvo puntos en común. Y que eso valía para cualquier habitante de la tierra. Entonces, cada vez que conocía a una persona arrancaba por el apellido, seguía por lugar de nacimiento, ocupaciones, estudios... Era hablador papá.
Me parece que las redes sociales son un poco eso, fascinan por las casualidades y las coincidencias. Un problema, pienso, es que en lugar de seguir cada uno su viaje, como ocurría antes, todo queda plasmado en un mosaico permanente de nombres y caras del pasado junto a nombres y caras del presente. De vez en cuando un pescado podrido se engancha en la red, uno que es amigo de un amigo de un amigo, que tal vez sea un enemigo, un indeseable, un perdido de ex profeso. Y entonces procedemos (procedo, no generalicemos) a revisar los hilos de plata de la trama, buscando dónde está la falla, hasta donde alcanza la afinidad con los seres que nos rodean.
Ejemplo: H, es un HdP. Deja un comentario en el post de M, que es amigo porque es amigo de R y como sabemos, los amigos de mis amigos son mis amigos. Pero si R es realmente mi amigo, partiendo del falso supuesto que en esa amistad se funda en ciertos valores (como que en la vida de cualquiera de los dos un H nos haya cagado y por ende para el otro ese H debería condenarse al peor de los infiernos) cómo carajo se relaciona con M que es amigo de H? Hasta dónde llega el carácter transitivo, qué cosas para tus amigos son intangibles y sagradas. Hasta dónde llega mi tolerancia con las asimetrías de mis amigos. En mi caso, me reconozco intolerante. Así como me siento incapaz de sonreir a los enemigos de mis amigos, me desmorono al ver que no me retribuyen con la misma moneda. Y me voy.
Empiezo a creer que las redes enredan, confunden, socavan. El pasado y el presente en primer plano encubren la mentira de creer que fue por un bolsillo roto lo que se cayó por el camino, que no fue nuestra mano sino el cruel destino el que hizo la cirugía para seguir adelante. Parecemos adorar a los dioses virtuales que convierten nuestra vida en un collage donde se juntan los mejores óleos recién comprados, con las envolturas de chicles que escupimos hace rato.
Y pese a estas conclusiones, allí sigo enviando solicitudes y aceptando otras. Incluso tengo nuevos amigos que fueron amigos de otro, yo, que ya no soy.

4 comentarios:

Luciano dijo...

Fino y sutil análisis el suyo.
Yo soy un poco más pragmático, no tengo amigos.
Nah, pero no les doy pelota a todos en el FB.

JorgeK dijo...

Lo bien que hacés Luciano, creo que voy para el mismo camino. Me amargo al pedo.

Silvia Loustau dijo...

Muy bueno el analísis K (pensé en Kafka, si viera FB escribe no se cuantos libros más).
¿podriás colaborar con mi blog y publicar este Amistades en la Red?,
Yo soy más antisocial, directamete borro los mensejes de invitación.
Saludos,

Silvia Loustau
syllous@yahoo.com.ar
www.silvialoustau.blogspot.com

Anónimo dijo...

En verdad una nota aguda y sentida, pero eso le pasa por buscarse amigos virtuales. Seguramente no le deben faltar sapatracas carnales, reales, que lo aprecien, valoren, o quieran. Y que con el calor de un abrazo le abran el corazón,para preguntarle con toda la sinceridad que una sonrisa franca, en vivo, acaricia:¿Como estás Jorgito?
Una pregunta tal vez trivial, pero que es auténtica porque se la dicen mirando a los ojos.
Los niños abandonan un juguete de madera, o goma, o no articulado,es decir más elemental, en pos de las modernas facturas robóticas de estridentes sonidos y colores,hechas solo para mirar.
Mientras soporten las baterías. Una vez acontecida la defunción del artilugio tecnológico, los pequeños deben recurrir a los antiguos entretenimientos. Con los cuales los sonidos corren por su cuenta, los colores por cuenta de su imaginación y los libretos del juego, pues estos hasta pueden ser en colaboración con algunos otros imagineros. Lógico que todos los guionistas, discuten, congenian, proponen, HABLAN, para ponerse de acuerdo.
Finalmente se entabló la charla entre los traviesos. Como lo hacía su padre. Mientras tanto el difunto pasatiempo se pudre sin siquiera largar olor. Porque no es real.
No sé si me explico. Un abrazo.
EL BÁSICO