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martes, 23 de marzo de 2010

Memoria, justicia, memoria de nuevo.

La búsqueda de justicia es una forma de vida. La memoria un ejercicio de la mente, un esfuerzo por mantener en el presente registros del pasado. Lo que llamamos memoria, respecto de lo ocurrido en la dictadura cívico eclesiástica empresarial y militar, es un llamado a que la sociedad no olvide o que la sociedad se entere lo que ella misma ha permitido con su indiferencia.
Durante la segunda guerra mundial, los aliados que llegaban a los campos de concentración nazis, traían a los vecinos en camiones a darse una vuelta por el espectáculo del horror. Sabia medida. No hubiera sido lo mismo si se les permitía una autocrítica en la cocina, si se les dejaba relativizar el genocidio del que fueron parte, atribuyéndolo a las exageraciones del enemigo victorioso. Cada uno de sus brazos en alto, cada heil gritado al führer convalidó la cremación de 6 millones de seres humanos. O como mejor se ha expresado, un ser humano incinerado 6 millones de veces.
En la Argentina, un hombre fue perseguido por sus ideas, fue encarcelado por su militancia, fue torturado en los genitales porque sí, fue arrojado al mar con las manos amarradas, se le prohibió ejercer su profesión, debió abandonar el país, fue mutilado, fue violado, sintió el terror helarle la sangre 30 mil veces. Mientras, otro hombre lo consentía porque a ello llamaba el orden. Mientras, un periodista atribuía sus heridas a un accidente doméstico y un cura bendecía la cruz a la que lo clavaban y un empresario bajaba los sueldos de los que quedaron vivos y debidamente escarmentados. Esto último, lo que hizo la banda de espectadores y actores, ocurrió millones de veces.
Pero hubo un grupo que empezó a gritar a tiempo. Eran hombres y mujeres que gritaban, lloraban y gritaban, lloraban gritaban caminaban, marchaban. No había soldados aliados para que carguen a los vecinos, porque los soldados eran los enemigos más visibles y todavía tenían los hornos encendidos. Después, los soldados se fueron, pero hubo que gritar mucho para que la sociedad escuche lo que de debía.
Un día, mientras estaba en el secundario, los gritos llegaron a mí. Y fui con los gritos a mi casa. Y, me doy cuenta hoy, aún estaba mi casa invadida por el grito castrense. Después de años de sobremesas encendidas, me empezaron a escuchar. El silencio se había muerto y los gritos eran más y más fuertes.
Fue en eso que me hice periodista. Y con mi compañera llevamos el grito a la radio. Y no había otra radio que gritara. Esta vez desde los medios, era un grito solitario.
Llegó un momento en que la verdad histórica se escuchó sin estridencias. Descarnada, la verdad entró en todas las casas. Y muchos gritos castrenses que aún vibraban debieron guardarse en un placard. El empresario y el periodista, el cura y el militar siguieron con sus cuentas y otros cuentos, sus misas y regimientos. Cuestión de confundirse con otros, con los justos.
De modo que la tarea no es memorizar lo que es imborrable de nuestra memoria colectiva. La tarea memorizante es recordar y retener en el recuerdo a los culpables que no culpamos.
Y por haber gritado desde que supe del grito, tampoco puedo olvidar a los que callaron. Muchos de ellos hoy militan lo que antes no militaban pero dicen haber militado. Es ahí donde mi memoria falla, no los recuerdo. Y no quiero llevarme a lo que me reste de historia, ciertos recuerdos falsificados. Por eso de que la justicia es una forma de vida, mi forma de vida.
No tolero las presencias que tanto se ausentaron. No digiero la bendición de los que gritaron en solitario. Me rehúso al chantaje que aúna el ejercicio de la memoria, con determinado proyecto político o signo partidario. No me banco que legítimos y oportunistas vayan bajo la misma bandera.
Que los horribles griten su mierda de nuevo para provocar. Hagámosle recordar que han perdido.
Y creo que si algo podemos y debemos hacer, es empezar a gritar amorosamente la historia a nuestros hijos. Y enseñar que es un hombre o una mujer, siempre, el que hace la diferencia. Un hombre o una mujer multiplicado por miles.


2 comentarios:

Silvia dijo...

Jorge pienso que, sobre la búsqueda de la justicia sea, como armonia social (Platón) o, para dar a cada uno lo que es suyo (Aristóteles), se hace necesária para destacar la diferencia, la diversidad y para distinguir, por ejemplo,quien mata del que no lo hace.
Sobre la memória: la cura de las experiencias penosas no está en el olvido sino en el esfuerzo de recordarlas en toda su complexidad una vez que, una vida se construye alrededor de experiencias.
Por último,no hay lecciones de moral ni ejemplos ilustres, solo personas que sin dudar, hacen las cosas ciertas.

Anónimo dijo...

"...No tolero las presencias que tanto se ausentaron. No digiero la bendición de los que gritaron en solitario. Me rehúso al chantaje que aúna el ejercicio de la memoria, con determinado proyecto político o signo partidario. No me banco que legítimos y oportunistas vayan bajo la misma bandera..."
Sin más nada que agregar!!
Para qué volver a expresar lo que tan bien acaba de hacer ???"
Siiiiiiiiiiiiiiiii!!!
Un abrazo Jorge!