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martes, 2 de febrero de 2010

No va más



La vida es como una ruleta. No, la vida no es como una ruleta, yo ayer pensé que mi vida se parecía a una ruleta, como también he pensado que se parecía a una calesita, a un circo, a una película y otras comparaciones de las que hecho mano para buscar sentido a las cosas contradiciendo el precepto zen de no hacerlo. No seré zen zazen.
Ni original. Algo así debe haber pensado el maricotas de Sócrates bebiendo un jugo de cicuta con mango, aunque aún no se hubiera inventado la rula.
Y porque sí. Ahora tengo casi todas las fichas puestas en este número y no me muevo de la mesa, esperando que la bola se detenga en él. No hay demasiadas opciones ni el dinero es ilimitado. Son 36 números además del cero, son tres docenas, son mayores o menores, pares o nones, negros o colorados, el ganador estará en alguna de las columnas. Dinero aquí es igual a energías, números o chances equivalen a opciones de vida, no sé a qué equiparar el tiempo.
Durante años aposté a un proyecto que otros malograron retirando mis fichas. Después traté de sostenerme yendo a color. Recuerdo que mis viejos, que estaban construyendo una enorme casa en plena hiper, fueron con sus últimos pesos a jugarlos en el casino y jugaron a negro o a colorado. La bola estaba en movimiento y el croupier les hizo un gesto (algo saben los croupiers, son inconcientes agentes del destino), perdieron todo. Y cuando volvieron a casa pelaron una frase que aparentemente es cierta: "El que juega por necesidad, pierde por obligación".
Yo juego por necesidad. Vos jugás por necesidad, todos lo hacemos. No queda alternativa. Podés dejar la ficha en una calle o en un semipleno, pero hay que jugar, hay que elegir una de las opciones y apretar los dientes.
Las preguntas que quedan son las de siempre: nos llevamos algo al retirarnos? qué es? Acaso la manera de aceptar las pérdidas o las ganancias determinen tener más de 37 números en una mesa del cielo.
O no, tal vez el juego sea de otro y no sea la ruleta sino nosotros jugando a la ruleta.

Más preguntas
1) Por qué no jugar a varios números a la vez: aumenta la posibilidad de ganar, baja la ganancia, reduce el tiempo de permanencia si no sale ninguno.
2) Quién pierde: el que se queda sin fichas
3) La bola existe?: No
4) El croupier es Dios?: No, se llama Juan Arnaldo Gambuzárgangla y es asmático.

3 comentarios:

Julián Rodríguez dijo...

Nadie te regala nada decía mi abuela y a cuento de esto veo que ningún juego tendría que ser benévolo con sus apostadores ¿cuál sería su razón de ser entonces? Por esto es que no quiero considerar a la vida un rula porque prefiero verla neutra, aunque no suiza, porque en el caso de que opere como el Instituto del Juego de la Provincia, alguien y muy probablemente sea el gallego Iglesias se estaría quedando con nuestros instantes y decisiones de vida como si fuera una especie de vampirismo de horas y proto libertades ajenas.
¿y si fuera así?¿y si las marionetas fueramos nosotros?¿ y si nustras vidas hubieran sido materia prima de casineros de las almas?
No quiero pensar que Daniel Rodríguez haya tenido algo que ver con nuestro devenir. Aborten la hipotesis.

Anónimo dijo...

Discúlpeme amigo que le destruya impunemente la poética metafórica que ha elaborado para manifestar sus sentimientos, a partir de su devenir y las peripecias que él fatalmente entraña. Entiendo que ha querido ser agradable con todos los que se atrevan a relacionarse por este medio con usted, pero atrévome a señalar que el parangonar la vida con el azaroso instrumento de expoliación, me parece un claro desacierto.
Las posibilidades que ofrece el vital sendero, de incertidumbre movilizadora para cada nuevo paso, son infinitas. En principio son los que nos tutelan en la infancia los encargados de podar las que juzgan menos propicias para nuestro futuro bienestar, luego nosotros mismos tomamos decisión de cuales senderos cerrar a nuestros pasos, cuales afluentes no incursionar en razón de sus cenagosas aguas o sus descabellados torrentes de desorden.
En cambio en el lamentable ingenio de desperdicio, usted no puede poner o quitar, ni puede modificar nada. Se somete estupidamente a las reglas y designios del inmoral que regentea tal artificio. Eso si, a sabiendas. Es decir, usted también participa de tal carácter.
Dinero no es en manera alguna equivalente a energías. La energía se invierte, y aunque no reditúe ganancias o bienestar, el gasto de energía proporcionará un corpus de conocimientos como para que usted no vuelva a confiar en aquellos que ya lo han esquilmado, o para que sus sentidos avizoren a nuevos patanes, y se aparte de ellos presuroso. Cuando el dinero se gasta de una forma tan obscena, debe provocar un sinsabor tan profundo como profunda es la locura, y la experiencia sufrida no sirve de nada. Y se reincide.
A sus preguntas creo poder afrontarlas. Seguramente carentes de profundidad, pero por lo menos no son respuestas producto del azar.
No amigo, no nos llevamos nada. No es esa la meta. Por el contrario. El cometido está en extender nuestra existencia lo más posible y por ello debemos dejar. Dejar mojones, construcciones que atestigüen nuestra existencia.
¿El cielo? Creer en esas mágicas locaciones tiene mucho de azar, de juego.
UN ABRAZO
EL BASICO (disculpe lo vulgar del texto, pero se me dificulta escribir o pensar cuando me preguntan por que no guardé la manteca en la heladera, o por el destino de la palita de basura)

JorgeK dijo...

Julián: Notó que el Gallego parece eterno? Lo remito al "viejo discurso del sutrati" posteado hace un tiempo. Suerte en el año nuevo julianiano.
Básico: Me cagó la metáfora. La palita seguramente fue sacada dentro de un bolsa de residuos.