Ir al contenido principal

De chico, mandarinas y ciruelas apenas gestadas, ácidas hasta el entumecimiento de mandíbula. Ahora, no sé por qué, a las ciruelas las quiero amarillas y dulces, flotando en un balde con agua, como las que recuerdo de un verano en el campo de Pedrito, un tío segundo tartamudo. Las quiero a punto de parir, que al morderlas rompan fuente en la boca.

Y a los atardeceres los quiero frente a una laguna indeterminada, sentado en un muelle con una pequeña caña, con la boya naranja registrando piques que terminan siendo cangrejos comiéndose la carnada. Atardeceres de Criollitas con paté y peces saltando y un croar que ensordece mientras los tábanos se lo comen a uno.
Las despedidas cortas. Sin embargo, me gusta el final de Don Segundo Sombra: "La silueta reducida de mi padrino apareció en la lomada. Pensé que era muy pronto. Sin embargo, era él, lo sentía porque a pesar de la distancia no estaba lejos. Mi vista se ceñía enérgicamente sobre aquel pequeño movimiento en la pampa somnolienta. Ya iba a llegar a lo alto del camino y desaparecer. Se fue reduciendo como si lo cortaran de abajo en repetidos tajos. Sobre el punto negro del chambergo, mis ojos se aferraron con afán de hacer perdurar aquel rasgo."
Ignoro si realmente será una forma de enriquecerse. Se me ha dado por atesorar registros sensoriales. Un álbum que integran, por ejemplo, el olor a lavandina de las manos de mamá al intentar ayudarme con las tareas ("intentaba" no porque no pudiera ella con la tarea, no he podido yo con las ayudas), el primer correteo de Cami hacia mis brazos, la descomunal escultura que las nubes formaron en el cielo un verano, el sabor de los Superbazooka de naranja que mascábamos con Marcos. Las cosas inútiles de la memoria de Funes, el de Borges. Inútiles pero constituyentes de la vida, como los contratos, como las graduaciones. Quiero la sabiduría de ver el todo, pero el arte de ver también cada detalle.

Comentarios

el capitán beto ha dicho que…
el olor ese a arena mojada ( a lluvia en la playa), que despues cuando paraba te quedaba solo para vos y tus mates. El olor a pasto recién cortado que terminaba siempre con una propinna que tenian destino de fichines. Las ciruelas en el valde era un clásico en casa gracias al añejo ciruelo que presidía el patio... Pucha don jorge me hizo llenar la nariz de nostalgia.

un saludo
JorgeK ha dicho que…
Ja, estaba fríamente calculado! Vió qué bueno andar juntando esas cosas mínimas. Un abrazo don capitán
Silvia Loustau ha dicho que…
El olor de las mermeladas que hacia mi abuela, el de los eucalipto después de la lluvia..y seguría al infinito.Disfruté este texto, y comparto el gusto por las ciruelas amarillas a punto de parir.
Un saludo de


Silvia Loustau
JorgeK ha dicho que…
Si Silvia, confirmamos que la niñez es prolífica en aromas y sabores y que muchos frutales andan rondando a los chicos. También me acuerdo del olor a mermelada de higos de la casa del gordo Biasucci.
un beso

Entradas populares de este blog

CARTA ABIERTA A LA SEÑO DE JARDÍN

Querida Seño Eugenia: Te agradecimos personalmente. Pero decido escribirlo, acaso para poder expresar mejor la dimensión de este “gracias”. Todos hacemos lo nuestro. Cada quien con su ocupación, con su trabajo, hace lo mejor que puede. A veces ponemos más ganas, otras menos. Y por cierto los agradecimientos no abundan, no es más ni menos –entendemos- que la responsabilidad que nos toca. Pero a vos sí queremos decirte gracias. Porque de todos los trabajos que existen, el tuyo tiene que ver con nuestra mayor riqueza: nuestros hijos. Y cada día del año dijimos gracias. Hoy, ya en la despedida, juntamos esas gratitudes para que te las lleves, para que tengas constancia de vos misma, de lo que pudiste generar en cada una de nuestras familias. Son pequeños gestos, tal vez. Contarnos que “hoy le dolió la panza”, que “hoy no quiso hablar”, que “se siente triste”, que está contento. Pequeño reporte cotidiano de nuestros pequeños, desde alguien que pasa con ellos 4 horas de sus días. Podría minimiza…

10 razones por las que enloquecimos con La Casa de Papel

EL SIGUIENTE ARTÍCULO PUEDE "SPOILEAR" UN POCO, YA QUE LO ESCRIBÍ HABIENDO VISTO LA SERIE COMPLETA. OTRO DÍA HABLAMOS DE CÓMO ESTÁ DE MAGNIFICADO ESE ASUNTO DE SPOILEAR.



Enloquecimos con La Casa de Papel, esta serie española producida para Antena3, que hace poco subiera Netflix (sólo una primera parte, a la segunda la tuvimos que buscar en los salvajes portales tipo series pepito) y que el fin de semana extralarge nos permitió ver maratónicamente.


La Casa de Papel narra como un grupo de atracadores, dirigidos desde afuera por un Profesor genio que lo previó (casi) todo, se adueña de la casa de la moneda española dentro de la cual se pone a imprimir sus propios euros, ganando tiempo con una serie de ardides a cuál más ingenioso, destinados todos a que de afuera crean que se trata de un simple asalto con rehenes para llevarse la plata que ya estaba. Hay más, el Profesor se enamora de la policía mediadora, con lo que casi se pudre toda la operación, pero al final no, etc. Vayan …

Hippies del orto

Proliferan. Están por todos lados. De cada grupo adonde manifiesto mi preocupación, salta un nuevo miembro, uno que me dice "bueno, yo también".
Son los neo-hippies (así los denominé yo mismo en un post; en este mismo). Personas de clase media que trafican "data" acerca de los maquiavélicos planes del sistema, y se van convenciendo de que hay ciertas formas de escapar. Van del veganismo a Linux, de la permacultura a no vacunar a sus hijos.

Pongamos algo en claro: a excepción del necio rechazo a la ciencia médica, muchos de sus planteos me parecen, en cierta medida, casi razonables.
Es cierto que el sistema-mundo-capitalista-opresor nos hace cosas malas. También es cierto que parte de esas maldades se corresponden al avance natural de nuestras formas de organización y de producción.

Porque que el hombre avance es natural. Antinatural sería que un cocodrilo haya diseñado facebook.

Elevan a la naturaleza a un grado mítico.

Ah, la madre naturaleza. Bien dijo en Los Si…