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domingo, 8 de junio de 2008

A la muerte del canalla



No fue un periodista polémico, fué un vendepatria.

No fue un periodista veleta, toda su infame vida militó la concentración del poder, con sangre y torturas o con votos y fraudes.

La muerte de Bernie desnuda hasta la vergüenza al supuesto periodismo progresista de los canales y las radios de gran alcance. Los obituarios han sido tan ecuánimes, tan despojados de denuncias hacia este asqueroso adalid del capitalismo, que fuerzan a una sóla conclusión: la cepa del capitalismo 2008 no necesita enrostrarnos tan brutalmente como lo hacía en los '90 la necesidad de más cambios, alcanza con sostener y profundizar los conseguidos. Por eso se permite cultivar protestones de poca monta, animadores y graciosos que lancen pequeños grititos de rebeldía por una coima o un gestito de soberbia. Cuando uno de aquellos viejos guerreros cae, bastará con tapar sus defecciones con diarios viejos e ignorancia y seguir hundiendo la cabeza de la gente en anécdotas y pelotudeces.

Neustadt fue un tremendo hijo de puta que cumplió su tarea, se jubiló y murió. Los dictadores políticos y los dictadores económicos le quedan debiendo una montaña de tesoros arrebatados a los pobres con la asistencia de sus editoriales.

Desearía que haya reencarnación para soretes como Bernie.

Y que vuelva en un bebé negrito que nazca en 1990 (si todo en el más allá fuese posible, reencarnar para atrás no debería tener mayor obstáculo), que se eduque con la educación menemista, que su padre ponga un polirrubro con los fondos de un retiro voluntario y que la peor y más berreta de las drogas le inunde la cabeza; que una patota policial lo golpee por portación de cara y que luego de fajarlo le den cabida en una acogedora cárcel de gente pobre.

O que el desempleo lo lleve al piquete.

Pero el que ha muerto es Bernardo Neustadt.

Lo único que lamento es que los villanos más evidentes se mueran sin castigo, dejando de reemplazo canallas enmascarados que ni siquiera transpiran.

3 comentarios:

susana dijo...

Excelente tu homenaje, Jorge. En el "día después" no quiero saludar a todos los periodistas; sólo a mis preferidos. Un abrazo grande para vos y Vanesa. Cuando regresen, encenderé mi radio nuevamente.

Anónimo dijo...

Querido Jorge
Te mando la mejor de mis puteadas. Acabo de leer esto que decís y me encuentro con un cuentito que se me ocurrió con la muerte de este engendro. Si bién hay diferencias, los dos pensamos en el mismo castigo, la reencarnación como su propia victima. La joda es que no puedo subirlo al blog porque, con razón ya que sería posterior al tuyo, todos van a pensar que es un plagio.
Y bueno, eso me pasa por llegar tarde. Como este saludo para vos y para Vanesa en el dia del periodista.
Un gran abrazo
Osvaldo

Jorge dijo...

Gracias Susana y gracias Osvaldo, de todo corazòn.