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lunes, 21 de abril de 2008

Superyo, hablemos sobre Ello



Sus acciones son como siempre han sido: salvar un ómnibus en llamas por la mañana, convertirse en rieles para un tren en peligro por la tarde, aniquilar uno que otro archivillano antes de dormir.


No han variado ni su capa ni sus brazaletes, lava seca y vuelve a usar el mismo calzón colorado.


Por eso se pregunta si hay kriptonita en el agua (ahora que han descubierto arsénico, bien podría ser) o si será la gente la que ha dejado de apreciar sus valientes acciones.

Le resulta ajena la carencia de hurras y vítores. Detiene un avión con sus manos y apenas oye algún "gracias", como si sólo se tratara de ceder el paso frente a una puerta giratoria.
La superautoestima le tiraba de la capa. Se devanaba los sesos con el culo en una gélida cornisa, cuando de la noche saltó una posible respuesta.
No eran las masas aburridas de sus gestiones superheroicas. Las masas estaban aburridas, pero no era eso.
Ni los presupuestos agotados de la metrópoli, que una vez y otra debían emparchar paredes derretidas y puentes hechos polvo.
No.
Al supermuchacho le había crecido una de sus hijas. Sin que él se diera cuenta, la niña iba pidiendo permiso para salir de la infancia. Y en ese tránsito, el padre debía perder poderes para ganar esa personita el vuelo necesario.
Eso era todo. O acaso el agua también trae un poco de kriptonita.

3 comentarios:

ADN dijo...

ah complicado...nos guste o no, el que manda es el yo.
Y los chicos suelen crecer más rápido que lo que uno quisiera.

Anónimo dijo...

Se pierden poderes momentaneamente, por el asombro,pero se recuperan.
Hay veces que cada uno esta enfrascado en su pequeño universo y no aprecia las acciones del superheroe,pero si faltara todos lo extrañarian muchísimo.
Nélida

Oscar dijo...

Es que los poderes van cambiando... y uno va evolucionando para el lado de Flash. Y entonces le toca salir rajando a las cuatro de la mañana. Y le pasa como a Batman: en vez de una señal luminosa en las nubes, lo llaman por el celular.
Y más de una vez termina a los gritos como Tarzán...
C'est la vie...