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martes, 25 de marzo de 2008

Nao tem fin






Debería postear también cuando tenga un día fantástico, pero no lo hago.


Hoy tuve una jornada tremenda. A los cinco días de holganza le continuó éste, apabullante. Empezó habiéndonos quedado dormidos hasta las ocho menos cuarto. En medio de la confusión le tiré un cacho de pan al perro para que salga al parque y puse el candado. Esquilmado por algún Harry Potter invisible, me quedé -después de cerrar- mirándome las manos, manos carentes de toda llave. Signos de interrogación me engalanaban la cabeza. En vano me autocacheaba para ver si en un reflejo las llaves estaban en mi bolsillo. No, estaban a tres metros, al ladito justo del cacho de pan (y al lado del perro, que me miraba entre azorado por la situación y molesto por su desayuno frugal). De modo que a las 8 de la mañana, cuando debería estar ya en mi laburo, estaba pescando las llaves con una caña a través de una hendija.
Después el auto no arrancó. Debía hacerlo pero no lo hizo. Hasta ayer en el taller andaba, lo llevé después de dos empacadas y sendas llamadas al remolque. Con un cambio de cableado y cuarenta mangos parecía haberse compuesto. No esta mañana en que nos quedamos dormidos. En vano intentaron empujarlo mi señora y Cami, no llegamos ni a la puerta del garage; y si empujaba yo, el auto se hubiera ido a parar al terreno de enfrente o se habría estrellado contra el portón. Llamamos a un remis mejor.


En fin, la cosa siguió con una serie de microdesgracias* que fueron desde perder colectivos por un pelo hasta tener que comprar una batería a esta altura del mes, cosa que -obviamente- no pude concretar.


Quiero llegar a que hoy caminé mucho de una punta a la otra de la ciudad. Lo antepenúltimo fué ir a buscar a Lari a un cumple que se hizo en un salón de Constitución. Había bajado del bondi, había ido a Toledo a comprar dos giladas y cargar la tarjeta, había ido hasta un locutorio de una estación de servicio para llamar a casa. Fue ahí, sobre la hora de salida del cumpleaños, cuando ya se había instalado la noche, ahí los ví. Yo caminaba por la vereda de enfrente con mi bolsa del super, me caían gotas por la frente, ahí casi me detuve a mirarlos. Eran unos diez los que daban a los ventanales del primer piso. Seguramente para ellos se habían acabado las obligaciones y se daban un tiempo para despejarse. Seguramente yo debería hacerlo. Pero hoy fué demasiado fuerte verlos caminar por caminar, vestidos con las mejores pilchas deportivas, trasnpirando como yo, cada uno en si cinta sin fin.

Microdesgracias: Término que acuñé hace ya tiempo. Refiere a pequeños padeceres cotidianos que no alcanzan la categoría de verdaderas tragedias, tipo huracán Katrina o la matanza de los armenios en manos de los turcos. Son esas cosillas que nos hacen maldecir, nos dan palpitaciones, nos hacen perder las esperanzas y nos confieren colores faciales y puteadas con tono gutural que motivan que nuestros seres más cercanos se resguarden en la lejanía por las dudas.
Ejemplos:
  • te quedás sin cartucho de impresora a una hoja de terminar de imprimir. Un primero de mayo a las 11 de la noche.
  • cerrás el coche o la casa con las llaves adentro.
  • te diste el lujo de comprar milanesas y descubrís que no hay pan rallado ni harina cuando ya tenés toda la nalga metida en un bol y son las 11 de la noche de un primero de mayo.

etc

1 comentario:

Gabriel Garcia dijo...

Hoy estoy comentero.
Si no me equivoco, ese fatídico día era un martes.
Para mí es el peor día de la semana. Lo odio desde que iba al anexo (Mariano Moreno , turno tarde)
Es el día en que se me hace tarde, pierdo las llaves del auto o los anteojos un minuto antes de salir, tiemblo ante el sonido del teléfono ante una posible mala noticia...
Ese día en particular,venia zafando hasta las 4 pm; salgo con mi señora, mi hija más chica y el novio. Al llegar Champagnat y Luro siento un ruidito en el motor del falcon, y se enciende una lucecita alarmante en el tablero.
Al llegar a San Martín y Jujuy, empieza a salir vapor por el capot.
Para esto eran las 4:30 y yo a las 6:30 tenia que abrir el salon. Es decir que tenia que volver a mi casa en caisamar y volver a salir.
Bueno. El auxlio luego que la operadora me dijera que habia una demora maxima de dos horas- apareció a la hora.
Conclusión. Llegué, dejé el auto en el taller -corte de correa-y recien sali de mi casa a las 6:30 pm en el 555-bendito sea-
Mal día el martes y peor cuando es el primer dia habil.
Ah el auto zafó y los parientes a los que les iba a mangar en caso contrario también aunque no lo saben
chau