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viernes, 4 de enero de 2008

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Y en estos días compruebo que la dignidad tiene su precio. Para algunos habita en el insomnio o en las pesadillas, esas variantes del sueño.
No obstante todos tenemos una porción de cada cosa: libertad, salud, dignidad. El problema es cuando terminamos el plato y quedamos con hambre. Allí es donde descubro que la diferencia se paga, como ciertos estudios se pagan aparte en la obra social.
De todos modos, me adelanto a las posibles respuestas: es obvio que ni con todo el dinero del mundo puede pagarse la plenitud de éstas ni otras cosas. De hecho, sabemos que se ofrecen gratis la valentía, el amor, la felicidad.
Salvo que aquí el problema es de stock.
Todo por preguntarme por qué sólo en las películas, por qué no puede salir de mi boca la frase:
"Puedes guardarte tu dinero".

1 comentario:

La ciudadana dijo...

Deberíamos analizar cuántas necesidades cubre el "maldito dinero". Si provienen de seres queridos bajo nuestra responsabilidad, ya estaremos parados en otro planteo.
De lo contrario lo podremos rechazar sin ningún problema.