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jueves, 13 de diciembre de 2007

Postango

Soy mi jefe en este pequeño espacio perdido en el océano de la red. Será por eso que me exijo al pedo una rutina, sentarme a escribir cada tantas horas, hacer un garabato, alguna cosa.
Será que adentro el periodista golpea una puerta con furia. Acaso estos posteos son astillas que se desprenden de ese batifondo interior.
En estos días habré cumplido 20 años de profesión. Hubiera querido que la fecha me encuentre al micrófono, o publicando, no sé, en plena faena. Me halla en cambio en una especie de exilio. Eso digo cuando soy pesimista. Si no, puedo creer que es más bien un necesario descanso. Seguramente mi profesión y yo necesitábamos un poco de aire, conocer otras personas, decidir si queremos envejecer juntos.
En 1987 empezaba con ésto. Franco Bagnato estaba en LU6 haciendo Noche Trasnoche y me invitó a recorrer la calle grabador en mano...
Habría mil cosas que contar. Pero a veces mi jefe me palmea la espalda y me dice que ya está bien.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Tal vez lo que te esté a punto de decir sea lo que el vulgo denomina como “consuelo de zonzos”. Quizá el vulgo esté en lo cierto. Yo igual no lo creo así. En concreto quiero expresarte que tu profesión es la que vos elegiste. Otros no pueden ( tal vez debería decir podemos) congratularse de tal logro. Y por si la oferta fuera poca, en la cartera de estas damas o los bolsillos de estos ignotos caballeros, se puede verificar un alienante exilio dentro de la propia ocupación. Que por supuesto no eligieron.
Y en lo que respecta a optar por envejecer junto a la ocupación que algún pérfido avatar lo propinó a uno, pues veamos.
El envejecimiento es una senda inexorable que comenzamos a transitar aún antes del primer berrido. Pero puede ser un sendero que a medida que lo vamos transitando, nos enriquece, nos engrandece, nos place, o nos angustia, nos exige esfuerzos y nos curte, pero siempre nos enseña. Y tras la larga jornada tan solo es el aspecto el que se desgastó, la mente y la obra están rozagantes.
O se puede haber tenido el infortunio de recalar en una actividad en la que el envejecimiento no se limita a la capa más externa del epitelio. No es tan solo huesos doloridos. Va más allá. Va más profundo, invade el ánimo y la creatividad. A veces amenaza la capacidad de amar o relacionarse con el prójimo. Y sobreviene la senilidad en el alma. Y esa senda tampoco se elige. Y lo que es peor no se puede abandonar. Ni siquiera se puede torcer un poquito. La única y revolucionaria acción que les queda es servir de ejemplo de lo que no se debe ser.
Ánimo amigo usted no está confinado a una estrecha senda. Usted puede ir a campo traviesa y buscar con la brújula que su profesión ( y no ocupación) el rumbo más propicio.
Por ahí solo se trate de un largo rodeo para no tener que arrodillarse en algún alambrado sucio y punzante. Usted puede dar ese rodeo. Otros, tal vez nos perderíamos por falta de brújula.
Siga tirando astillas. Algunos nos asiremos a ellas para no ahogarnos.
Un abrazo de Sergio

JORGE KÖSTINGER dijo...

Mi amigo Sergio tiene esa (obviamente no reconocida) cualidad de escribir con tal profundidad que uno no puede más que agradecer y quedarse meditando. Caso contrario, ocurre lo que pasa cuando Víctor Hugo dice cosas después de la columna de Barone.
A propósito, el día que volvamos, Sergio, andá pensando en cómo se llamará tu columna. Au contraire corto mano corto fierro.
saludos
& gratia plena

Oscar dijo...

Iba a hacer un comentario, pero me quedé sin palabras. Es muy perfecto lo de Sergio. Si sirve de modesto apoyo, todos alguna vez pasamos este desamor o estas dudas. Pero si la elección era buena, son pasajeros. Siempre...

Mascaron de Proa dijo...

20 años no es nada dice el tango. Vamos por más Jorge.

Anónimo dijo...

¡ Ay amigo mío ! ¡ Cuánto le agradezco que, en pos de hacerme sentir bien, se arriesgue usted a reprobar el exámen de ingreso al cielo, ya por embustero, ya por exagerado! Igual, de cualquier manera no creo que le plazca habitar una región anhelada, defendida y publicitada, por lo más insano de la especie humana. Un "resort" ofrecido como premio de ultratumba a aquellos que practicaran la autoflagelación, el autodesprecio, el odio a los disidentes, el autismo de sentimientos, durante su período de buena salud.
Realmente no lo veo a gusto en ese ghetto post mortem para conformistas. Corderos que le dicen.
Por consiguiente se puede asegurar que debe haber otro distrito suprahumano en el cual se habrán de alojar los espirititos cachondos, movedizos, inquietos, idealistas, protestones, exigidores.
Ahora que me doy cuenta ¿Hay otra área de almacenamiento para soplos vitales de negras actitudes?
Entonces ¿Son tres los estratos de alojamiento disponibles para las ánimas sin envase?
Caramba, haciendo una paciente lectura de lo que las diversas iglesias postulan y en combinación con este diletante fragmento, me animo a inferir que lo que denominan infierno es nada más ni nada menos que el ámbito de disposición final de los impresentables que cuestionan hasta a los mensajeros de lo divino.
Entonces me retracto en mis dichos, para ahora sí aseverar que tan solo son dos los ambientes a los que se puede aspirar tras la final estirada de pata. Por consiguiente, tras dar un breve rodeo, arribamos a la simple conclusión (que siempre estuvo a la vista) de que turros y obsecuentes, pusilánimes y taimados, cagones y cagadores, compartirán en eterno mutualismo el cielo doctrinario. Mientras que los siniestros criticones estarán condenados a eternas disquisiciones con sus pares, a permanente desencuentro y discusión con sus inmediatos vecinos. Serán sus eternos afanes, enunciar pensamientos cada vez más elaborados para confrontar. Y cuando sientan el extenuamiento minar sus fuerzas, sin la esperanza de un final ni una tregua mínima, marcharán en espectral tropel a organizar suculentas peñas donde no habrá más competencia que la de agradar y agasajar a las otras y los otros.
¿Entonces, a dónde llegamos? Y dele amigo mío, mientame que me gusta, exagere en sus conceptos y de paso hacemos méritos para asegurarnos las localidades en el páramo de los quejosos exigentes.
En lo que respecta a su pretensión de contarme como columnista del programa que marque sus esperados, y sin duda excelentes, regresos... ¿Qué quiere que le diga? Creo que me queda grande el sayo, pero no quiero desairarlo. Así que para demostrarle que no habré de contrariarlo de puro vicio, esteee... ¿no me adelantaría unos denarios a cuenta de mi cachet?
SERGIO (EL VERTEBRAL)
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