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sábado, 18 de agosto de 2007

viaje relámpago

A Buenos Aires hay que recorrerla por sus intestinos. Son prácticos y te ayudan a ir por ahí sin ver mas que algunos virus amuchados que se apiñan, subiendo y bajando de los vagones.
En una farmacia ví una pecera. Tanto esperé, que llegué a descubrir al líder de un grupo de 6 pececitos colorados. El capo era el mas colorinche, lo seguian donde fuera. Y me pregunté por qué, hasta en esa parodia de cardumen, se hacen necesarios los liderazgos.
Lo decubrí en los subtes. Para encontrar el camino, simplemente seguí a la majada, que aparentemente conocía los vericuetos de Diagonal Norte. Algún líder habría entre todos ellos, pero no lo llegué a ver.
Lo que hay que ver es lo que come esta gente. Hay un olor que sube por las escaleras que denuncia comidas abominables, es un aceite castigado por miles de papas y milanesas que se usa una y otra vez. Pero van y comen y parecen sobrevivir. Claro, es una suposición lo de la sobrevida. Porque en ese magma de extraños, cualquiera puede reemplazar a un caído sin que nadie note la diferencia. Hay solo grupos y tribus: señoras con cara de tránsito lento, peruanos, chicos creativos con el pelo para la mierda, sujetos peligrosos, sujetos en peligro, gays, portafolios, celulares, extranjeros en remera, atletas que se zambullen en las puertas que se cierran.
Fuí y volví en el día.

3 comentarios:

Roberto Sánchez dijo...

que tendrá buenos aires que en cinco minutos te contagia y empezas a caminar rapidito en el subte aunque estés paseando

salud y buenos alimentos

pd: gracias por la visita y por los elogios

sandra dijo...

es verdad lo que decis de buenos aires y como dijo roberto en seguida entras en el ritmo ese , pero a pesar de todo a mi me gusta!!!
espero que la hayas pasado lindo jeje!!

Anónimo dijo...

¿Como hiciste para aguantar tanto?
Osvaldo